Un gobierno de las corporaciones capitalistas

Finalmente el rey está desnudo. La sanción del DNU muestra en toda su voracidad a las patronales que tienen de títere a Milei, mientras que la forma del decretazo pretende mostrar un Milei fuerte con tendencias bonapartistas. La reacción popular ha empezado en la forma de cacerolazos en diferentes puntos del país.

Ajuste, desregulación económica y represión

El contenido de las medidas del gobierno de Milei es bastante claro en estos primeros 10 días de gobierno.

  • Reforzar la represión al pueblo.
  • Desregular la economía en favor de las corporaciones capitalistas.
  • Aumentar la regulación restrictiva del derecho a huelga, asambleas obreras, manifestaciones.
  • Fomentar una transferencia fenomenal de recursos hacia las patronales mediante la licuación del salario.

Estamos hablando entonces de un plan conjunto de las patronales más concentradas, sean nacionales o extranjeras. Es el respeto irrestricto a la imposición de condiciones de vida por parte de las corporaciones. Es también el intento más profundo de legislar las formas de lucha de la clase trabajadora mediante las reformas del DNU y mediante el protocolo de Bullrich.

Si atendemos al discurso y las medidas que vienen tomando, vamos a encontrar rápidamente la aversión a la organización popular en sus múltiples formas. La clase trabajadora desde sus inicios ha construido organizaciones de diferentes tipos: sindicatos, clubes obreros, bibliotecas, asociaciones de inmigrantes, partidos, organizaciones de desocupades, de derechos humanos, ambientales, de mujeres, de disidencias. Esta enorme creatividad de la clase desplegada a lo largo de siglos tiene un correlato institucional mediado por la cooptación de la burguesía de diferentes procesos, muchas veces en la forma de burocracias. Pero la clase nunca ha dejado de darse a sí misma formas de reunión y organización.  

El entramado institucional burgués en el que vivimos no es más que el resultado del choque entre la clase trabajadora y la burguesía. La clase dominante intenta legislar limitando el poder de la clase trabajadora. A veces, ante determinadas relaciones de fuerza, opta por reconocer derechos e instituciones, para luego limitarlos mediante la ley. Por ejemplo, reconoce el derecho a huelga, pero lo intenta restringir mediante la ley de asociaciones profesionales y la estatización de los sindicatos. 

La relación de fuerzas sobre la que avanza el gobierno de Milei es la que la clase trabajadora y el pueblo sancionó en la calle en 2001 y 2002. El argentinazo estableció un límite a la voracidad patronal. Fue un basta, fue decir “hasta acá”. Fue el despliegue de la potencia negadora de la clase trabajadora que desarrolló métodos de lucha propios de la época combinados con los métodos históricos. La combinación de piquetes, asambleas populares, movilizaciones de masas, huelgas, recuperación de sindicatos son quizás los más salientes de este proceso, aunque no los únicos.

No es casual entonces que el decreto y el protocolo avancen directamente contra estos métodos de defensa que la clase ha construido. Semejante agresión al pueblo no puede dejar de lado que estos métodos existen, entonces intenta volver ilegal la resistencia en cualquiera de sus formas.

En 10 días el Gobierno de Milei pretende modificar esa relación de fuerzas desde la superestructura política con tendencias bonapartistas, es decir, mediante la fuerza de la policía.

La resistencia no espera

Rápidamente hizo su aparición la resistencia popular. Quizás en la forma más rápida que tengamos memoria ante un nuevo gobierno. Las calles se llenaron contra un presidente que asumió hace solo diez días hábiles. Pero no es de extrañar, porque lo que está en juego son nuestras propias condiciones de existencia. Un gobierno que abiertamente proclama la libertad de las patronales para regir la vida social y expoliarnos todo, no puede más que desatar la resistencia.

Las primeras formas de resistencia se dieron en la forma de cacerolazos por las noches. Las consignas bien claras son el rechazo al gobierno, al DNU, la carestía de la vida provocada por la estampida de precios y la exigencia del paro nacional.

Comienza a desplegarse entonces un “así no”. Es sumamente necesario que incentivemos el proceso de movilización, pero también de organización popular. Es fundamental que podamos avanzar en establecer puntos de apoyo organizativos para articular al conjunto de la fuerza moral y material de la clase trabajadora para enfrentar al gobierno.

Esta primera tarea es fundamental, pero no debe ser la única. El “así no”, la negación de este proyecto de empoderamiento de las corporaciones capitalistas, debe ser también enfrentado con un proyecto de empoderamiento de la clase trabajadora.

Ante la discusión sobre cómo enfrentar este gobierno, debemos siempre recordar que hemos llegado hasta aquí de la mano de una dirección peronista que no dejó de subordinar el país al ajuste permanente del FMI, que en los últimos años nos empobreció brutalmente y que fomentó la desmovilización de la clase, dejándonos sin fuerza ante los ataques del poder. Por eso, no se trata sólo de enfrentar el gobierno, aunque esto sea central en este momento, sino de plantear el enfrentamiento al capitalismo como forma de organización social.

La combinación de la crítica al gobierno y al sistema requiere de la mayor de las paciencias, no debe ser una política sectaria ni expulsiva de los sectores movilizados, pero sí debe ser un planteo firme y consciente, sin concesiones a quienes también han gobernado para que las patronales se la lleven en pala. 

La situación ha cambiado

Tal como veníamos expresando, en nuestros análisis estamos ante un cambio de situación a nivel mundial, que combina la competencia interimperialista y su correlato bélico, con el impulso de gobiernos hacia la fascistización como garantía de pauperización de las masas. La experiencia con estos gobiernos de despojo no es menor. Es un dato que, ante la agresión, la clase trabajadora va a defenderse. La articulación de esa defensa, la necesaria lucha por sostener lo poco que tenemos, debe combinarse con la lucha por cambiarlo todo.

El problema es y sigue siendo el capitalismo. Una organización social que concentra toda la riqueza producida por la cooperación social en manos de un puñado de familias burguesas. No es casual entonces el apoyo de las distintas cámaras patronales al DNU de Milei, los titiriteros salen a apoyar el decretazo del títere, porque son profundamente beneficiados. Insistimos en que la crítica al gobierno debe ir de la mano de la crítica a la obscenidad de la riqueza apropiada privadamente por unas miles de familias burguesas, que nadan en el lujo mientras el conjunto del pueblo vive en el oprobio y la pobreza.

La nueva situación está planteada: un gobierno directo de las patronales, sin mediaciones de contención, con un programa de guerra contra les trabajadores. El choque es inevitable. Todas las tácticas de Frente único obrero defensivo son válidas para la situación, la masificación de la resistencia es una necesidad imperiosa.

La disputa por los métodos de lucha también es central. La exigencia del paro general debe convertirse en una agitación permanente por la huelga hasta que caiga el DNU, por aumento general de salarios. La fuerza de la clase trabajadora expresada en la huelga es fundamental porque pone sobre el centro de la escena que esa riqueza que tienen los dueños del país no sale más que del trabajo proletario.

La unidad de les revolucionaries también es una tarea fundamental. Debemos ser excesivamente cuidadoses en los debates con camaradas. No es momento de sectarismos autoproclamatorios. Debemos tender puentes con todas aquellas organizaciones que entiendan que ante la situación debemos articular las políticas de frente único con la construcción de un programa revolucionario que busque hegemonía en el conjunto de la clase trabajadora. Para que esta vez nuestro poder de negación se convierta en afirmación de un poder proletario.

PRC, 26/12/23.

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