En un escenario nacional fuertemente polarizado, con una crisis política irresuelta tanto del gobierno como de la oposición, que no generan mayores expectativas más que evitar la victoria del rival, con una crisis de deuda y devaluación en el horizonte que solo es aplazada por un tiempo con la intervención del Tesoro estadounidense, es importante analizar el resultado electoral del FIT-U, la opción de izquierda ampliamente reconocida por lxs trabajadorxs.
La izquierda en la resistencia
Desde la asunción del gobierno neofascista de Javier Milei en 2023, fuimos las organizaciones de izquierda quienes tempranamente empujamos la salida a las calles. Ya cuando el 20 de diciembre de ese año el gobierno amenazaba con el “protocolo antipiquetes” de Bullrich movilizamos pese a las tempranas patoteadas mediáticas y callejeras de las fuerzas de seguridad. Luego, formamos parte de los cacerolazos esa misma noche, cuando el presidente anunció el mega decreto que buscaba desregular y modificar 70 leyes de un tirón. A partir de allí, no hubo conflicto, lucha o movilización en la que las organizaciones que componen el FITU, y muchas otras (que lo llamamos a votar y las que no lo hacen también), quienes, en unidad de acción con sectores del peronismo, siendo parte de iniciativas de corte más “independiente” o con iniciativas propias, impulsamos y formamos parte de la dinámica social y de la lucha de clases en el país. No porque dependa exclusivamente de ella, pero no puede comprenderse la resistencia a la avanzada patronal sin la actividad militante y sostenida de las organizaciones de izquierda.
Es importante partir de este reconocimiento a la hora de analizar los resultados electorales para seguir pensando y ajustando la práctica política (de quienes estamos organizadxs y quienes no lo están pero simpatizan o se reconocen de izquierda). Porque el otro cuadrante que enmarca lo ocurrido el pasado 26 de octubre, es la baja participación, que fue del 67% del padrón total. Por su parte, el ausentismo, el voto nulo y en blanco suman el mayor porcentaje con 13.003.487 de personas, el 36.13% del padrón total (LLA 9.341.798 de votos 26%, peronismo 22% con 8.028.098). Sin embargo, a diferencia del voto bronca del 2001 (con miles de votos emitidos con una feta de salame dentro del sobre o imágenes del personaje de historieta Clemente, cuya ausencia de manos le impedirían robar), este número se hace menos inteligible como expresión de descontento. Evidentemente expresan desafección política, posiblemente hartazgo con la casta, las condiciones de vida y la falta de propuestas. No hay mayores elementos para afirmar que hay allí una contundente impugnación al actual orden de cosas en un sentido progresivo, es decir, a favor de los intereses de las mayorías trabajadoras.
De la misma forma analizamos que en la actual coyuntura de polarización y de crisis del régimen, los votos conseguidos por el FITU son un apoyo explícito a esta orientación de lucha y resistencia. Por eso no es menor el 3er lugar obtenido en dos de los principales distritos electorales del país (provincia de Buenos Aires y CABA). Sin embargo, los resultados del FITU que vimos se han estancado entre 2017 y 2023, en este 2025 ha retrocedido casi 400 mil votos respecto a 2021. La cosecha de tres diputados implica que se ha perdido uno. Esto, desde luego, habla de una elección que no fue buena en términos de cantidad de votos.
Además de la explicación sobre la desafección política y la sostenida baja en la participación -indicador de la crisis de régimen- insistimos, habría que sumar que los hechos demuestran que la polarización refuerza los polos que se presentan como mayoritarios y opuestos entre sí. La emergencia de la Libertad Avanza dividió en tercios el electorado para luego absorber por completo al PRO y en estas últimas elecciones representar al grueso del antiperonismo. Por eso la mayoría de los votos se dividieron entre peronismo y “antiperonismo”, como reactualización de la grieta que antes protagonizaba el macrismo.
El debate sobre la táctica electoral
A este balance, hasta aquí digno respecto de la elección realizada por la izquierda, le planteamos matices.
La derecha, con Milei a la cabeza, ha demostrado que hay espacio para romper la polarización clásica con un discurso radicalizado de destrucción del Estado y el ajuste sobre la casta política. Aunque en el fondo no tienen mucho de nuevo, sí lo tiene la forma desembozada y brutal con la que plantean y defienden sus ideas. Hacen, en términos generales, lo que decían que iban a hacer a viva voz en la campaña. Esto plantearía la posibilidad de que desde la izquierda también se expongan, con más contundencia y claridad, las propuestas políticas que apuntan a quitarle el poder a la clase patronal.
Por su parte, está claro que el peronismo sufrió una nueva derrota, una tras otra desde la experiencia de gobierno de Alberto Fernandez, por fallar como gobierno y como oposición. Su falta de programa, la traición al mandato de las urnas cuya única consigna era frenar a Milei, la ausencia completa de la CGT, la moderación de los movimientos sociales que dirigen, la política vacilante en el movimiento estudiantil. La pasividad del peronismo es un dato a tener en cuenta a la hora de comprender este momento. Entonces, bien vale la pregunta ¿Qué podemos hacer desde la izquierda revolucionaria para abrir una brecha desde la cual emerja como alternativa?
Desde su conformación en 2015 nuestro partido siempre ha llamado a votar al FITU. En nuestro primer folleto sobre la táctica electoral, señalamos que el marco electoral es una “oportunidad para llevar adelante campañas programáticas sobre la necesidad obrera y la revolución social”. Destacando a su vez que es un deber de las organizaciones revolucionarias intervenir en la disputa democrática, no para crear más ilusiones en la vía electoral-parlamentaria, sino para demostrar el rol de dominación que desempeñan las elecciones, el parlamento y las instituciones democráticas burguesas. Las elecciones deberían propiciar un momento para hacer abiertamente campaña por las ideas socialistas, planteando la necesidad de atacar las bases capitalistas y causantes de la miseria generalizada, es decir, atacar la organización social basada en la propiedad privada de los medios de producción contraponiendo la necesidad de un gobierno obrero y popular. No decimos que esto sea simple de hacer, pero debería ser la búsqueda incesante en tiempos de crisis capitalista profunda como los actuales. En este momento podemos capitalizar la crisis del peronismo y el creciente desgaste del oficialismo, que sacó 5 millones de votos menos que en 2023, sólo si somos capaces de ser una alternativa para los millones de arrepentidos de Milei, descontentos del peronismo y para eso tenemos que ser claros en las propuestas que pretendemos, junto con la tarea de radicalizar y unir las luchas en las calles.
Es importante resaltar que en la tradición leninista la participación o no en las elecciones no se define por una cuestión de principios sino que es necesario “tener en cuenta con estricta objetividad las fuerzas de clase y sus relaciones mutuas antes de emprender cualquier acción política”. Lenin destacó especialmente en “la enfermedad infantil” que el partido bolchevique se templó en la firme lucha contra las desviaciones izquierdistas que impugnaban la táctica electoral en parlamentos ultra reaccionarios, la intervención en los sindicatos, las sociedades obreras legales, que en definitiva se negaban a realizar cualquier trabajo legal. Lenin, a la vez, reprendió duramente esta actitud y llamaba a distinguir los casos concretos de compromisos que son una manifestación de oportunismo y de traición.
Consideramos que una de las dificultades es que las organizaciones toman la táctica electoral como una cuestión de principios o como si se tratara de una cuestión estratégica. Muchas organizaciones trotoskistas o que reivindican al guevarismo y al PRT no consideran siquiera la posibilidad de desarrollar una campaña electoral propositiva llamando a votar a la única opción socialista en forma “crítica”, sabiendo las diferencias que muchas organizaciones tenemos con los partidos del FITU. Algunas de estas organizaciones caracterizan a estos partidos como “izquierda del régimen” o la “izquierda del sistema”, como si se tratara de la socialdemocracia durante la Primera Gran Guerra. Recordemos: en aquel momento el debate que rompe a la Segunda Internacional es la claudicación de esos partidos socialistas a las burguesías locales toda vez que llamaban a levantar las armas contra los ejércitos enemigos, sin dar cuenta del conflicto interimperialista en el que los trabajadores de todos los países en pugna dejarían su vida por millares. No creemos que estás organizaciones, al menos las más importantes (PO y PTS), hayan roto este límite de clase.
El PRC ha expresado en distintos debates (ver aquí) que es necesaria la intervención electoral con el fin de realizar una propaganda abiertamente socialista, señalando cual es la verdadera grieta en una sociedad de clases antagónicas, poniendo en cuestión todo el régimen de la propiedad privada de los medios de producción y con eje en las grandes transformaciones sociales que se llevarán a cabo a partir de la conformación de un gobierno obrero y popular. Empezando por el no pago a la deuda, el control obrero de la producción, la expropiación de las empresas y la propiedad a los grandes monopolios que controlan el país, siendo el Estado obrero quien controle realmente que entra y sale del país a partir de la nacionalización de la banca, para evitar la fuga de capitales y dirigiendo el comercio exterior a partir de un plan económico que priorice, en primer lugar, satisfacer las necesidades de las mayorías populares.
Más allá de las diferencias, que se deben exponer y es muy necesario dar un amplio debate sobre las perspectivas de la izquierda, no sólo en el terreno electoral.
Desde nuestro punto de vista es importante construir un frente único revolucionario que pueda constituirse como una referencia para todos los sectores que salen a luchar y que supere la limitación de un frente que su principal funcionamiento es electoral. No podemos esperar hasta 2027. Claro está que la resistencia contra las reformas que se vienen está en las calles y depende del poder de movilización del conjunto de la clase trabajadora y el pueblo, para ello es clave tener una herramienta política que nos permita reagrupar fuerzas para los combates que se avecinan.
PRC, 23/11/25.

