En los últimos días se dio un preocupante avance de la injerencia imperialista y EEUU continúa profundizando el bloqueo a Venezuela.
El cinismo de los representantes de Estados Unidos, alegando causas contra el narcotráfico, por los derechos humanos y la democracia es evidente. Han apoyado (y continúan haciéndolo) a gobiernos que cometen genocidios, a quienes violan todos los derechos humanos, así como también a golpes de Estado y narcotraficantes. Esto aparece como un problema (es decir, una excusa) solo cuando quieren intervenir abiertamente en la política local de otros países para lograr gobiernos alineados.
Nada bueno se puede esperar del avance imperialista en la región. No obstante, no debemos confundir la defensa de la soberanía y la autodeterminación del pueblo de Venezuela con la defensa del gobierno de Nicolás Maduro, al cual caracterizamos como un gobierno bonapartista débil que se sostuvo entregando el control de la estructura productiva a las fuerzas armadas y reprimiendo salvajemente las protestas. A diferencia de algunos analistas que consideran al venezolano como un gobierno independiente e incluso “anticapitalista”, consideramos al gobierno de Maduro un proyecto de regulación estatal nacionalista del capitalismo (un bonapartismo sui generis al decir de Trotsky) que en vez de apoyarse en la movilización de masas para enfrentar al imperialismo ha venido entregando los bienes naturales y es responsable de la miseria que sufre el pueblo.
Es fundamental mantener la independencia política frente al ajuste y la represión de Nicolás Maduro, la demagogia antiimperialista y la supuesta independencia frente a EEUU, que no es otra cosa que una impostura de socialismo del siglo XXI para ocultar la entrega total a los capitalistas. Para derrotar la agresión imperialista hay que defender la soberanía del pueblo venezolano sin conceder el menor apoyo y expectativa al gobierno de Maduro.
La experiencia nos demuestra que los gobiernos bonapartistas confían más en las tropas cuando éstas están a punto de traicionar que en el armamento del proletariado, inclusive prefiriendo la derrota política antes que abrir la caja de Pandora de la guerra civil. Por lo que trascendió de la llamada telefónica con Trump, lo que estaba en negociación es si solo Maduro y sus familiares tendrán inmunidad diplomática para abandonar Venezuela o también sus ministros y allegadxs. A su vez, Trump también hace alarde de fortaleza en un momento de debilidad, cuando se multiplica el rechazo a su gestión en las más diversas cuestiones, con movilizaciones de millones de personas en todo el país en los últimos meses. De hecho, una encuesta específica de CBS señala que el 70% de la población estadounidense rechaza una invasión a Venezuela, inclusive en el sector del partido republicano.
Los últimos hechos
Al fuerte despliegue militar, que incluye el portaaviones más grande del mundo, buques de guerra, cazas F-35 y unos 15 mil marines, el sábado 29 de noviembre se sumó una orden de Trump para considerar cerrado el espacio aéreo venezolano a través de su cuenta de X y dejó trascender que tuvo una llamada telefónica con Nicolás Maduro en la cual le exigió que abandone Venezuela.
El martes 3 de diciembre, Trump amenazó con golpear la supuesta infraestructura del narcotráfico en el territorio venezolano. Aunque esto no significa aún una invasión masiva con desembarco de tropas, es un paso importante en esa dirección. Las amenazas de Trump de bombardear Venezuela se extienden también explícitamente a Colombia.
La semana pasada hubo una advertencia de la Federal Aviation Administration (FAA) sobre el riesgo potencial por el “empeoramiento de la situación de seguridad y el aumento de la actividad militar en y alrededor de Venezuela”. Varias aerolíneas ya habían suspendido antes el tráfico aéreo. El 21 de noviembre el barco petrolero ruso Seahorse se dirigía a Venezuela y fue interceptado por el destructor USS Stockdale, por lo cual debió cambiar de rumbo hacia Cuba. Además, en estos meses ya han sido asesinadas más de 80 personas en diversos bombardeos a supuestas lanchas de narcotraficantes. Es decir, esto es un proceso que crece. Pero está claro que la máxima potencia mundial no moviliza a sus principales buques de guerra y aviones F-35 para hundir unas pequeñas lanchas. Mientras continúan desgastando la economía venezolana, el objetivo de estas acciones es la dimisión de Maduro, ya sea impulsando a algún sector de las fuerzas armadas o mediante una operación rápida y precisa, para lograr un gobierno alineado con EEUU. Por eso hablamos de injerencia imperialista, aún sin tener ninguna afinidad ideológica o política con el gobierno de Maduro.
Ya en enero de 2019, bajo la primera gestión Trump, hubo un coqueteo de intervención militar conjunta de Brasil bajo la presidencia de Bolsonaro, la Argentina de Macri y la Colombia de Duque, impulsados por Trump. Nos referimos a la autoproclamación presidencial de Juan Guaido, así como un pseudo levantamiento militar en mayo de 2019. Ni aquella vez Trump fue a fondo con la política golpista, ni Maduro ensayó un contragolpe defendiendo la soberanía y expropiando a las empresas capitalistas o impulsando la movilización, sino que continuó descargando la crisis sobre la espalda de los trabajadores. Por eso hay que pensar una salida distinta, una que sea propia de la clase obrera.
La injerencia imperialista en América Latina: Una historia de larga data
Toda persona que estudie la historia de nuestro continente podrá observar la constante intervención de Estados Unidos en defensa del interés capitalista en la región.
La política de intervención y bloqueo de Trump recuerda a la doctrina imperante en el siglo XIX cuando las fuerzas armadas de distintas potencias europeas bloquearon el acceso a los puertos y asediaban para el cobro de las deudas o para abrir rutas comerciales. Podemos poner como ejemplos el bloqueo anglo francés en 1845 en nuestro país o el bloqueo naval a Venezuela en 1902-1903, realizado por el imperio británico, el imperio alemán y el Reino de Italia, apoyados por otras potencias europeas, lo que en política internacional se conoció como “la diplomacia de cañonero”.
En aquel momento Luis María Drago, el ministro de relaciones exteriores de Argentina bajo el gobierno de Julio A. Roca, desarrolló una doctrina que estableció que ningún Estado extranjero puede utilizar la fuerza contra una nación americana para cobrarse una deuda. Mientras que hoy nuestro presidente, ferviente admirador de Trump y de Roca, se alinea a una intervención imperialista sin el menor atisbo de legitimidad y que de hecho se investiga ya por crímenes de guerra debido al bombardeo de lanchas en el Mar Caribe, hechos intimidatorios que el día de mañana podrían suceder en cualquier país de Latinoamérica que enfrente, aunque sea tímidamente, las exigencias de EEUU.
Desde principios del siglo XX con la política del garrote intervino en la separación de Colombia a partir de una “revolución” en 1903, en la cual Panamá cedió derechos a perpetuidad sobre el canal. También realizó una ocupación militar en República Dominicana entre 1916 y 1924, de Haití entre 1915 y 1934, así como la promoción de distintos golpes de Estado en Cuba, el bloqueo del puerto de Veracruz en México en el curso de la guerra civil en 1914, por mencionar solo algunos. Más cerca, encontramos la actualización de esta política en doctrina de seguridad nacional durante la guerra fría, con golpes de Estado orquestados entre los 60’ y 70’ en casi todos los países de sudamérica.
Entre las últimas invasiones en el caribe está la de 1983, cuando desembarcaron 7.500 marines en la pequeña isla de Granada. En aquel momento este país solo contaba con 1.500 soldados y aproximadamente 100.000 habitantes, para dimensionar la intervención. Mientras que en 1989 desembarcaron 26 mil marines en Panamá para deponer al dictador Manuel Noriega por sus vínculos con el narcotráfico, aunque a la vez era un antiguo colaborador de la CIA para sabotear los proyectos revolucionarios en Centroamérica, especialmente en Nicaragua y El Salvador.
Nuestra perspectiva
Como señalamos en una nota anterior, como marxistas creemos firmemente en la autodeterminación de los pueblos, en la lucha contra el capitalismo, contra todo imperialismo y en la unidad de la clase trabajadora internacional. También consideramos que hay fuerzas para hacer retroceder a TACO (Trump Always Chickens Out; Trump Siempre se Acobarda), pero para ello es necesario desarrollar los organismos propios de la clase trabajadora que impulsen la movilización y la lucha por el armamento del proletariado para enfrentar la invasión, con la perspectiva de una revolución socialista que expropie todos los medios de producción de la burguesía, realizando la nacionalización de todos los bienes comunes y las industrias bajo control obrero, destruyendo así el régimen estatal burgués que dirige la burocracia civil y militar chavista. Nuestro deber internacionalista consiste en realizar un rechazo explícito a la intervención militar estadounidense y levantar bien alto la bandera de la unidad de los pueblos en América Latina, haciendo un llamado a la clase obrera para actuar contra la agresión.
¡Basta de intervención imperialista en Venezuela y el Caribe!
PRC, 6/12/25