El día Sábado 6 de Diciembre se realizó en la EP 15 de Tigre un encuentro de coordinación de trabajadorxs convocado primero desde el cuerpo de delegadxs de Suteba Tigre y al que se sumaron como convocantes numerosas representaciones de la zona como los compañeros de Fate, Frigorífico Ríoplatense, delegados de la línea 60, Georgalos, Bedtime, Trabajadorxs del Garrahan, ILVA, Secco, Aceiteros de CABA, Trabajadorxs del INTI, Trabajadorxs informales encuadrados en la UTEP, movimientos sociales y muchos otros sectores convocantes y adherentes.

La centralidad de la convocatoria fue clara: rechazar la reforma laboral organizando a todos los sectores para salir a enfrentarla.
Más de 300 trabajadorxs – referentes de lucha en nuestros espacios de laburo – nos juntamos a pensar cómo vamos a enfrentar esta reforma laboral que, si pasa, viene a arrasar derechos conquistados hace décadas por la clase obrera: las 8 horas de trabajo, las indemnizaciones pagas para evitar que nos descarten como números, los convenios colectivos para negociar no sólo salarios sino las condiciones de trabajo del conjunto del sector con más fuerza, etc.
En este encuentro, se debatieron algunos puntos importantes. Por un lado, se mencionó que a la reforma laboral hay que enfrentarla en todas sus formas: no sólo cuando avanza en forma de leyes de la mano del gobierno neofascista de Milei, sino también cuando es aplicada por la vía de los hechos en cada lugar de trabajo por las patronales privadas y por los propios gobiernos provinciales. Aunque se planteen como “oposición” al Mileismo, tanto peronistas como radicales, están aplicando el ajuste en sus territorios y avanzan con reformas de hecho sobre las condiciones de trabajo.
El caso docente sirve como ejemplo nítido de esta situación: en la provincia de Buenos Aires, durante el gobierno de Kicillof, las docentes hoy trabajan en muchos casos 9 o 10 horas. Hay muchos “programas” por fuera del Estatuto donde si te enfermas o tenés un accidente laboral perdés el laburo, también se restringe cotidianamente el uso de las licencias estatutarias por la vía de los hechos y se han descontado paros como “injustificadas” desconociendo el derecho a huelga. ¿Por qué es importante decir esto? Porque lxs laburantes no podemos quedar en la posición de entrampados con la polarización cuando están en juego de nuestras propias condiciones de vida. No hay ataques a los derechos laborales malos o buenos los haga LLA o los haga peronismo. Nadie más que nuestra clase va a defender sus derechos y tenemos que hacerlo por encima de cualquier sensación de simpatía o pertenencia que nos pueda haber llevado a votar tal o cual armado político. Hoy es imprescindible empezar a pensarnos como clase trabajadora por encima de la agenda que nos instalan desde arriba.
Por otro lado, en cada una de las intervenciones también se mencionó la necesidad de empezar a coordinar nuestras fuerzas. Debemos pensar cómo enfrentar la reforma ante el escenario de que las cúpulas sindicales, la CGT y la CTA, van a transar con el gobierno: son cómplices de esta política y hace rato defienden más sus cajas que los intereses de los laburantes.
La necesidad de desbordar a las burocracias y de tomar la lucha en nuestras manos fue una constante en la voz de lxs oradores, que además, en la mayoría de los casos expresaron la palabra de compañerxs que ya han desarrollado procesos genuinos de organización y de lucha en sus sectores en los últimos años.
Como organización, nos parece necesario plantear algunos debates, imprescindibles para los tiempos que corren y las tareas que nos tocan. En primer lugar, queremos plantear una cuestión de perspectiva. Entendemos que el encuentro del 6 fue muy importante porque es un primer paso en la coordinación y unidad que necesitamos: juntarnos, escucharnos y compartir nuestras experiencias. Pero más allá de las declaraciones conjuntas, de los textos y los pliegos de consignas, el verdadero desafío es lograr que esa coordinación se pueda plasmar en acciones concretas.
La movilización es una herramienta que tenemos para visibilizarnos. En ese sentido, es acertado que este 19/20 de diciembre, en el aniversario del argentinazo, llenemos las calles para recordar que la clase trabajadora y el pueblo pueden cambiar el curso de la historia: lo hicimos en el 2001 y podemos volver a hacerlo. Pero más allá de las movilizaciones, los desafíos que tenemos son otros. Por un lado, involucrar gradualmente a lxs laburantes de cada sector para que vayan tomando poco a poco la lucha en sus manos. En estos momentos resulta difícil que lxs trabajadorxs participen masivamente en encuentros de coordinación porque la pauperización de las condiciones de vida nos empuja a laburar mil horas para sobrevivir y en ese marco, estos espacios de encuentro y debate aún se sienten lejanos. Tenemos que lograr que en cada lugar de trabajo llegue la trascendencia de esta reforma y de todas las demás que pretende hacer pasar el gobierno. Es imperioso lograr que cada laburante confíe en las fuerzas de la clase trabajadora. Si no lo logramos, la coordinación siempre va a tener un límite: con lxs dirigentes solos nunca alcanzó.
En segundo lugar, el otro desafío es trascender la movilización para empezar a coordinar medidas de fuerza. ¿Qué pasaría si en lugar de hacer paros o medidas de fuerza por separado, los sectores de la zona que estuvimos ayer como Suteba Tigre, ATE, CICOP Tigre, la Seccional San Fernando de FATE, el frigorífico rioplatense, Mondelez, Madygraf, la línea 60 y las demás representaciones, pudiésemos llamar a una acción el mismo día? ¿Qué pasaría si nos hacemos fuertes ahí donde lo somos, es decir, en la producción de mercancías, en su circulación y en la reproducción de la fuerza de laburo que todos los días ponemos a girar para la acumulación de ganancias de los patrones?
Por supuesto que esto no es fácil. Hay que construirlo desde cada sector, convencer, contagiar. La larga experiencia de lucha que tienen lxs trabajadores en Argentina se ve frenada por una burocracia sindical que desde hace años pone los sindicatos al servicio de intereses partidarios, o del lado de los empresarios, y que transa con todos los gobiernos sin poner sobre la mesa la vida de nuestra clase. Pero no es la primera vez que lxs trabajadores desarrollan organismos de coordinación. En esta misma zona, el ejemplo de las coordinadoras fabriles del 1975 fue muy importante para nuestra historia de lucha, ya que lxs laburantes coordinadxs desbordaron a las direcciones burocráticas y terminaron imponiendo un paro general a la CGT para enfrentar el Rodrigazo. Esta experiencia demuestra que si la CGT no sale a pelear, lxs trabajadores pueden pelear sin la CGT. Tomando esa herencia con humildad y sin dejar de reconocer las diferencias históricas, creemos que un primer paso es tomar dos o tres ejes de lucha comunes (como la necesidad de enfrentar la reforma laboral y el aumento de salario) y acordar acciones de lucha unificadas.
En este marco, queremos dejar planteado un debate con la nota que publicaron lxs compañerxs del Partido Obrero en su prensa, porque nos parece importante que como izquierda clasista abramos una discusión en torno a lo que demandan estos tiempos.
En primer lugar, en la nota se plantea un debate político que no es tal: la delimitación y la denuncia al rol de la CGT y las CTAs estuvo en la convocatoria del encuentro del 6/12 y, lo que es aún más importante, en cada una de las intervenciones que se hicieron en el plenario. Todxs partimos de ver cómo vamos a enfrentar esto sabiendo y denunciando con todas las letras que las cúpulas sindicales son cómplices y están negociando la reforma con el gobierno. Entonces: cuando hay acuerdo político de fondo, cuando eso se ve en todas las intervenciones, nos parece innecesario intentar diferenciarse porque las cosas no están saliendo escritas como se haría en la propia prensa, que para eso existe.
Toda coordinación requiere acuerdos: podemos intentar llegar a ellos, o sostener que la única formulación realmente clasista es la nuestra, limitando las posibilidades de empujar construcciones en unidad. Nosotrxs consideramos que la clave hoy es poder ponernos de acuerdo en ciertos principios, como la independencia de clase, y plantear ejes de lucha que puedan ser motor de acciones reales en los lugares de laburo. De otro modo, difícilmente podamos superar la fuerza que tenemos hoy y reunir lo necesario para parar esta reforma. No se trata de bajarnos de nuestros principios, o dejar de denunciar el rol de las cúpulas sindicales o la dirigencia peronista, pero sí de empezar a pensar espacios que le hablen a los sectores que, hoy por hoy, no se organizan en nuestras filas. Porque solo con las filas de lo que hoy conduce el clasismo y la izquierda no va a alcanzar.
En un texto de 1922, Trotsky plantea la táctica del Frente Único Obrero del siguiente modo: “Si pudiésemos simplemente unir al proletariado en torno a nuestra bandera o alrededor de nuestras consignas prácticas, y saltar por encima de las organizaciones reformistas, ya fuesen partidos o sindicatos, lógicamente, esto seria lo mejor del mundo. En este caso, el problema del Frente Único no existiría en su forma actual. La cuestión surge de que algunos sectores muy importantes del proletariado pertenecen a organizaciones reformistas o las apoyan”. Pensar tácticas de frente único es necesario porque hoy los sectores clasistas y revolucionarios no dirigimos al conjunto de la clase, ni a su mayoría. Por eso es fundamental que nos mostremos ante lxs laburantes como aquellos que hacemos todo lo posible para facilitar la organización y la unidad para luchar contra esta avanzada burguesa. Y si llegado el momento las direcciones reformistas juegan, como siempre, a evitar o traicionar la lucha, será en la práctica donde podamos intentar disputarle la dirección de ese movimiento y mostrarnos dispuestos a pelear consecuentemente, como ellxs no hacen. Pero para eso es necesario intentar la coordinación y el frente único, con independencia política pero sin ver en cada paso una conciliación.
Citando nuevamente a Trotsky: “En esta apariencia del temor revolucionario a la «reconciliación» acecha en esencia una pasividad política que busca perpetuar un orden de cosas en que los comunistas y los reformistas tienen cada uno sus esferas de influencia rígidamente demarcadas, su propio público en los mítines, su propia prensa, y que todo esto cree la ilusión de una seria lucha política.”
Sabemos que nadie quiere caer en la pasividad política, no estamos adjudicando esta cita a ninguna organización. El debate en todo caso es cómo evitamos ese riesgo. Nosotrxs consideramos que para eso es necesario empezar a participar de todas las instancias de coordinación que existan y no sólo reivindicar las propias. Las cuatro intervenciones del PO en el encuentro del sábado plantearon que esa reunión era prácticamente innecesaria porque ya existía el Plenario del sindicalismo combativo (PSC), que impulsa hace años el PO con otras corrientes como IS o el MST. El PSC tampoco ha avanzado en poder llevar adelante medidas de fuerzas como paros de los sectores que lo integran. Hasta aquí como espacio de coordinación el PSC ha organizado movilizaciones y actos.
El encuentro del sábado tiene como vocación hacerse fuerte en la zona: parte de una necesidad de generar más unidad en el territorio, de poder coordinar acciones y medidas de fuerza en una zona de alta concentración obrera. Esto no se contrapone con otras coordinaciones con otras características, como el PSC, pero tampoco se subordina a ellas. De hecho, en el encuentro del 6 participaron un montón de sectores que, por las razones que sean, no participan del PSC y con los cuales también es importante empezar a generar unidad. Entonces plantear que lo único progresivo del encuentro del sábado es que se va a participar de la reunión del PSC, es volver a una práctica que como izquierda ya hemos hecho demasiadas veces: contraponer encuentros y validar solo el que dirige la propia corriente. Esto frustró hace muchos años el encuentro de Racing en 2016 y viene siendo un obstáculo histórico para la coordinación. Planteamos genuinamente que es hora de aceptar que lo que impulsa cada corriente tiene límites y que el ataque de la burguesía demanda tomar como propias todas las instancia de coordinación que existan, sobre todo si surgen de representaciones reales de la clase, apostando a que se desarrollen con la mayor fuerza posible, aunque no las dirijamos.
Por último, creemos que hay comportamientos que debemos dejar de lado porque no nos ayudan a construir la unidad que necesitamos. Por ejemplo, bajarle el precio a un encuentro diciendo que hubo 200 personas donde claramente había más de 300, es algo que no sirve, porque es minimizar públicamente las fuerzas de un encuentro de laburantes solo porque se tienen debates como corriente. Lo mismo sucede con la acusación de “no dejaron hablar a x compañero”, cuando fue el propio escritor de la nota en Prensa Obrera quien anotó a sus cuatro oradores. Se pretende señalar una prohibición que no fue tal. Como la propia nota del PO reconoce, lo que sucedió fue que se estableció un acuerdo fraterno entre todas las corrientes que estaban en el encuentro, en el que todas cedieron algunos ordadores para que el plenario saliera bien. Hubo 38 intervenciones, eso ya lleva varias horas. Cualquiera que alguna vez organizó un plenario de coordinación sabe que es necesario tomar decisiones y acordar cosas: es decir, no priorizar que hablen “todos los de mi corriente”, aunque seguramente tengan la legitimidad para hacerlo, sino acordar cantidades y ceder algunas intervenciones para que todxs hablen y el debate tenga la mayor representación que se pueda. Eso fue lo que pasó y el PO tuvo garantizadas cuatro intervenciones a pesar de no ser convocante ni adherente al encuentro. Incluso las discusiones para generar acuerdos sobre la cantidad de oradores fueron fraternas y tranquilas. Por eso es importante que los balances reflejen que podemos ponernos de acuerdo para llevar un plenario de laburantes adelante, porque efectivamente podemos y debemos seguir haciéndolo.
En conclusión, desde el PRC entendemos que necesitamos empezar a generar instancias de coordinación en todo el país para poder enfrentar y frenar la reforma laboral. Esta reforma pretende arrebatarnos derechos elementales que la clase trabajadora conquistó con lucha y sangre, debemos luchar por nuestras condiciones de vida que tanto se han deteriorado en los últimos años. Solo de este modo podremos desbordar a la CGT y las CTAs y llevar adelante las acciones de lucha que hoy necesitamos y que nadie va a llamar desde arriba.
9/12/25, PRC