El sábado 28 de febrero Estados Unidos e Israel decidieron escalar la agresión a la República islámica de Irán, lanzando cientos de bombardeos en un ataque directo contra la cúpula política y militar del regímen, incluyendo el asesinato del ayatolá y lider supremo Ali Khamenei. El objetivo declarado por Trump y Netanyahu fue evitar el próximo ataque iraní y la adquisición de armas nucleares por un Estado que financia el terrorismo. Otra vez la misma excusa que fue utilizada para la invasión de Irak en 2003, además de que debemos recordar que en junio del año pasado, tras los bombardeos en la “guerra de los 12 días” Trump celebraba haber destruido el programa nuclear iraní de enriquecimiento de uranio y haber asesinado a los ingenieros responsables del mismo, con lo cual se retrasaba en varios años la posibilidad de adquirir una bomba. También se jactaba de haber dañado gravemente la industria bélica, la capacidad de producir misiles balísticos, también de haber eliminado a comandantes de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), a políticos y clérigos de primera línea en el régimen.

La principal potencia imperialista y el estado colonial de Israel, que continúan perpetuando un genocidio en Palestina ante los ojos de todo el mundo, ahora dicen estar preocupados por las violaciones de los derechos humanos cometidos contra los manifestantes, que vienen por la liberación de la teocracia, mientras bombardean indiscriminadamente en Irán y Líbano la infraestructura militar y también civil, realizando crímenes de guerra como el asesinato de miles de civiles, con el caso emblemático de una escuela alcanzada por misiles donde murieron al menos 175 civiles, la mayoría de ellas niñas. Además, mediante provocaciones y atentados de falsa bandera en Chipre, Azerbaiyán y Arabia Saudita, aunque también en un lugar lejano del teatro de operaciones como el océano índico, buscan involucrar a países de la OTAN y a las monarquías del golfo, incrementando los riesgos de una escalada bélica global.
Frente a los falsos argumentos de intervención por los derechos humanos hay que señalar que acá se está luchando por el poder global, siendo Estados Unidos un hegemón en decadencia que se ve desafiado por el ascenso de China. Medio oriente es un escenario geoestratégico de disputas entre las grandes potencias, con un sistema de alianzas que se renueva en las grandes crisis y que suele incluir a Estados Unidos, Israel, Francia y el Reino Unido, donde países como Arabia Saudita y otros gobiernos árabes están virando hacia el este, estableciendo acuerdos e incrementando sus lazos comerciales con China, aunque sin abandonar la protección de las bases militares estadounidenses. Esta región alberga proyectos expansionistas y otros que los desafían con una dinámica de guerra popular y un gran descontento social que se observó en las primaveras árabes de 2011/2014 y 2018/2019, las intifadas en Palestina, el autonomismo confederal en Rojava y las distintas expresiones de resistencia como en Yemen. El mapa de medio oriente se está rediseñando en una arquitectura mundial por el control de los recursos estratégicos, como el proyecto de la Ruta de la Seda que necesita de estabilidad política y que avanzaba hacia una desdolarización de la economía global a partir de los acuerdos entre los BRICS+ o la estrategia anglo-sionista-estadounidense de “caos constructivo”: inestabilidad, caos y violencia para balcanizar la región y asegurar el actual predominio, poniendo fin al triangulo geoestrategico (China, Irán y Rusia) que lo desafía, en el eslabón más débil que es Irán.
Por otra parte, hay que enmarcar esta agresión imperialista, más allá de la irracionalidad de un gobernante de turno, en que la guerra es parte estructural del capitalismo como forma de salida a las crisis. Estados Unidos utiliza cada año casi un billón de dólares en gasto militar, esto es el 40% del gasto militar global. Le sigue China con 235 mil millones, Rusia con 146 mil millones y más atrás Alemania y el Reino Unido con 86 y 81 mil millones, respectivamente. Frente a la crisis de acumulación del capital, el estado moviliza recursos como una contratendencia a la baja de la tasa de ganancia, siendo el complejo tecnológico militar una inversión muy lucrativa. Además, frente a la transformación de la composición orgánica del capital las guerras cumplen una importante función que es generar nuevas inversiones, así como la destrucción de fuerzas productivas, las esferas no rentables u obsoletas del capital, miles de millones que son destinados a quedar sin uso frente al permanente avance tecnológico o a usarse en la destrucción de ciudades que después deben ser reconstruidas.

Los objetivos de Trump y Netanyahu
El consenso entre especialistas de seguridad internacional es que no existe una amenaza inminente de que Irán creará armas nucleares ni era probable que en el corto plazo tuviera misiles intercontinentales, ni tampoco que lanzará ataques contra Estados Unidos y sus socios en Oriente Medio en medio de las negociaciones diplomáticas. El motivo real para la agresión guerrerista es que, luego de la guerra de los 12 días, tanto Estados Unidos como Israel vieron una oportunidad para explotar la debilidad interna y externa de Irán, con la crisis económica provocada por las sanciones internacionales y la brutal represión a las manifestaciones de diciembre y enero, junto con sus principales fuerzas proxies apenas operativas, enfrentando las consecuencias de dos largos años de lucha. En una nota del New York Times titulada “Cómo Trump decidió ir a la guerra” revelan fuentes en condición de anonimato que ya en diciembre Netanyahu pidió a Trump que lo acompañara en un nuevo ataque contra Irán, por lo cuál se entiende que las negociaciones diplomáticas del último mes fueron una actuación para ganar tiempo y acumular fuerza militar en el Golfo Pérsico, luego de haber realizado una operación militar exitosa en Venezuela.
Si tomamos en cuenta las grandilocuentes declaraciones de Trump al iniciar el ataque, resultaba claro que el objetivo era provocar un cambio de régimen que trastoque el status quo de la región, aún cuando se desate “el infierno sobre la tierra” como le gusta decir. El problema es que esta posibilidad requiere que Estados Unidos ponga tropas en el terreno (se está barajando esta posibilidad con el objetivo de confiscar el uranio) lo que eleva los riesgos y costos por un posible empantanamiento. Otra opción que está sobre la mesa es apoyar la movilización de fuerzas separatistas kurdas que estarían en ambos lados de la frontera entre Irak e Irán, aunque esto tiene sus riesgos y es una línea roja para el gobierno de Turquía. No obstante, en las intervenciones públicas del secretario de Guerra Pete Hegseth negó que el objetivo fuera un cambio de régimen sino que se trata de degradar a las fuerzas militares de Irán. Estas idas y vueltas, si bien oscurece el debate en la opinión pública y deslegitima la guerra, le permiten al gobierno tener un margen de flexibilidad para dar por terminada la campaña aún cuando no haya un cambio de régimen o un gobernante de la preferencia de Trump.
Por otra parte, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha revelado hace unos días que la determinación de atacar por parte de Israel obligó la intervención de Estados Unidos para preservar sus intereses y preparar la defensa de sus bases en la región, contra el discurso de Trump que se presenta como el dueño de la decisión final. Esto generó un debate incluso entre la base republicana de MAGA que rechaza inmiscuirse en otra guerra eterna en medio oriente, sin objetivos claros y que beneficia principalmente a Israel. Incluso, como denunció el periodista cercano a MAGA Tucker Carlson, Israel estuvo detrás del atentado a la refinería Aramco en Arabia Saudita para involucrar a los países del golfo.
Esto nos lleva a preguntarnos cuáles son los objetivos de Israel: el estado colonial ha aprovechado más de una vez las disputas bélicas para expandir su territorio en el Líbano, Siria, Jordania, Egipto, sin olvidar la ocupación del territorio histórico de Palestina donde Israel fue expandiéndose a lo largo de 79 años a partir de la fuerza militar. En caso de que la guerra se extienda en medio oriente, Israel podría tener una agenda distinta a la de Estados Unidos. Como señala el politólogo Fareed Zakaria, así como el vacío de poder en Siria debilitó a los diversos actores regionales que brindan apoyo a las facciones en pugna, el colapso del régimen iraní llevaría inevitablemente a una guerra civil donde los grupos étnicos, tribales y confesionales se enfrenten y degraden las capacidades estatales hasta el mínimo, mejorando la seguridad de Israel. El problema sería para los aliados árabes y Estados Unidos, quienes verían comprometida la estabilidad económica de la región, así como la imprevisibilidad política, por lo cual Estados Unidos tiene un interés en acortar la campaña y poner fin a la guerra, mientras que Israel busca extender el conflicto y empujar a más actores a intervenir. De ahí las posibles acciones de atentados de falsa bandera.
Es importante recordar que en Estados Unidos está transcurriendo un año electoral donde el Partido Republicano viene siendo derrotado en siete elecciones consecutivas, inclusive en estados donde tradicionalmente se imponía. Sin embargo, Trump recibió el respaldo del senado, con una mayoría republicana, que frenó la propuesta demócrata para impugnar los poderes de guerra que se atribuyó el presidente sin consultar el parlamento. Esta resolución hubiera obligado a Trump a solicitar la autorización para continuar la guerra, siendo un golpe simbólico a su imagen de bravucón sin límites. Además con la crisis que desató la publicación de los archivos de Epstein, así como la política antimigratoria, los asesinatos del ICE en Minneapolis y la intervención en Venezuela, la imagen de Trump continúa en el punto más bajo de sus presidencias. Esto se refleja en una encuesta publicada por CNN en la cual el 59% de los estadounidenses rechaza una guerra con Irán. Mientras que en una encuesta publicada por Reuters solo el 27% afirma aprobar el ataque.
Este rechazo se debe a que, entre otros temas, no confían en el liderazgo responsable de Trump, además la decisión no fue debatida en el congreso ni se presentó con un objetivo claro, así como la previsión que considera que el conflicto se va a extender en el tiempo, con los consiguientes costos económicos y en vidas. Aquí también es importante señalar la existencia de un movimiento contra el genocidio palestino, que ya ha empezado a realizar movilizaciones contra esta escalada bélica, la experiencia previa de los fracasos en las guerras de Irak y Afganistán, así como la existencia de un rival mucho más poderoso como es China, respecto al cuál se estarían distrayendo importantes recursos en la competencia hegemonica. Por ello resulta tan crítico para Trump acallar los rumores de que Israel lo arrastró a una guerra en la cual no tiene mucho por ganar, con la gran dificultad de obtener realmente un cambio de régimen y con altísimos costos económicos y políticos.
La nueva doctrina estratégica de Irán
A partir de estas consideraciones se puede observar un cambio en la estrategia de Irán respecto a la guerra de los 12 días en junio del año pasado. Este régimen reconoce que no es un rival militar para enfrentar directamente a Estados Unidos, pero no necesita “ganar”. En vez de contraatacar directamente a Israel con lo mejor de su arsenal, las fuerzas iraníes están dispersando sus esfuerzos en una estrategia de desgaste para prolongar el conflicto, utilizando misiles de corto alcance y drones baratos para debilitar las excepcionalmente caras defensas de las ciudades israelíes, como los interceptores Thaad, Arrow y David’s Sling y la conocida cúpula de hierro. Previendo que el ataque estadounidense provocaría el asesinato de comandantes y el dislocamiento en la cadena de mandos, se ha autorizado y brindado una mayor autonomía a los mandos inferiores para realizar ataques contra objetivos preestablecidos. La estrategia iraní incluye también los ataques a lo largo de las distintas bases militares y embajadas estadounidenses de la región, así también la movilización en este esfuerzo conjunto a actores no estatales como Hezbollah en Líbano, las Fuerzas de movilización popular en Irak y en Bahrein, principalmente. Los ataques también alcanzan a los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Omán, Arabia Saudita, así como el cierre del estrecho de Ormuz. Por ahora se mantiene bajo reserva la posibilidad de intervenir con los hutíes en Yemen. Cabe destacar que Irán está enfrentando a la máxima potencia global sin la ayuda abierta de socios más cercanos como Rusia y China, aunque existen informes y notas que señalan una intervención en cuestiones de inteligencia e imágenes satelitales para señalar los puntos donde se encuentran objetivos militares.

La pregunta es: ¿cuál es la clave para la supervivencia? Irán debe resistir el tiempo suficiente hasta que el aumento en el precio internacional de la energía afecte en profundidad distintos intereses y que, por ejemplo, se fortalezcan las protestas civiles en los Estados Unidos y Europa o que las monarquías en los denominados estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) presionen para volver a las negociaciones por un alto al fuego o que distintos estados, como China e India, dependientes de las importaciones de energía en el estrecho de Ormuz, promuevan una solución pacífica al conflicto. Es importante considerar que a fines de marzo está en agenda una reunión entre Xi y Trump.
Para destacar algunos números: las monarquías del golfo Pérsico e Irán poseen alrededor del 40-45% de todas las reservas mundiales de petróleo y el 20% del gas mundial. Si consideramos a la región en general, por el Estrecho de Ormuz circula el 46% del crudo de petróleo que se exporta por vía marítima, mientras que supone el 20% del comercio mundial total de crudo. También el 26% del comercio marítimo mundial de gas natural licuado (GNL). La importancia estratégica de un punto de estrangulamiento del comercio marítimo y la importancia de su control también se observó claramente cuando en noviembre de 2023 los hutíes de Yemen utilizaron esta ventaja para atacar con drones muy económicos a las embarcaciones que pasaban por el Estrecho de Bab el-Mandeb, donde se une el Mar Rojo con el Golfo de Adén, en represalia por los bombardeos israelíes a la Franja de Gaza. Recordemos que este es el punto más estrecho del canal de Suez, por donde circula aproximadamente el 12% del tráfico internacional de mercancías. Numerosas empresas navieras se vieron obligados a realizar el camino mucho más largo por el Cabo de Buena Esperanza, que implica 6.500 kms extras y 8 días más de viaje.
Otro punto estratégico de estrangulamiento está relacionado con la industria bélica propiamente dicha. Estados Unidos e Israel deben afrontar la asimetría entre los costos de los misiles carísimos y los drones baratos pero más importante aún en medio de un conflicto, es la capacidad de reposición de los misiles, por qué aún cuando Trump proclama tener un stock ilimitado hay varias noticias que desmienten estos dichos. Con la perspectiva de un conflicto prolongado, altos funcionarios militares han informado a legisladores en el Capitolio que Estados Unidos no tiene capacidad para interceptar todos los bombardeos de drones baratos, aún gastando mil millones de dólares diarios, según se filtro en The Guardian. Además, trascendió que hay negociaciones entre Estados Unidos y Corea del Sur para el traslado de sistemas de defensa antimisiles Patriot y su utilización en Irán, según Reuters.
En resumen, la clave para Irán es resistir, prolongar e internacionalizar el conflicto para nivelar la relación de fuerzas. Esto puede con la incorporación de nuevos actores y también neutralizando la voluntad de combate por parte del enemigo más poderoso. Por eso a medida que el conflicto se prolongue es más probable que aumente la capacidad negociadora de Irán y se exponga la debilidad fundamental de esta guerra que es la gran dificultad que tiene Estados Unidos para imponer un cambio de régimen en el corto plazo, así como la menor tolerancia a las muertes de sus soldados y el costo de la aventura bélica, por lo cual Irán buscará el estrangulamiento energético y en la producción de misiles.
Otros actores
Como hemos dicho, tanto Estados Unidos, Israel como Irán tienen como perspectiva la incorporación de otros actores para fortalecer sus posibilidades de triunfo/resistencia en esta guerra. Los actores claves que vamos a analizar en esta nota son las potencias imperialistas de Europa, China y Rusia, por ser quienes tienen más recursos para influir directamente en el conflicto. Quedaría para próximos análisis la situación de los estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), los grupos proxy iraníes: Hezbollah en Líbano, hutíes en Yemen, las fuerzas de la resistencia islámica en Irak y las milicias palestinas. También resulta de especial interés para la posibilidad de un cambio de régimen, la movilización de los kurdos tanto en Irán como en Irak, contra el gobierno teocrático chiíta. Por último, también es de interés el conflicto entre Afganistán y Pakistán, así como el papel de India.
China
Desde una mirada pragmática de costo y beneficio económico muchos analistas se preguntan ¿Hasta dónde puede apoyar a Irán sin entrar en una guerra abierta contra Estados Unidos? ¿Debe esperar otro momento, aún con el riesgo de perder un aliado internacional? ¿Es vital para los intereses de China o la teocracia de los ayatolá puede sacrificarse? ¿Posee China otras herramientas de presión para evitar una escalada militar?
Un importante factor a tener en cuenta es que el 55% del petróleo de sus importaciones pasa por el estrecho de Ormuz, por lo cuál claramente es un actor muy interesado en la estabilidad regional. Si bien el 15% de las importaciones totales de China proviene de Irán, la relación es asimétrica pues el 90% de exportaciones iraníes de crudo se dirigen a China esquivando las sanciones occidentales. Además, la República Popular ha cultivado una buena relación con las distintas monarquías del golfo: por ejemplo desde Arabia Saudita importa también un 15% de su consumo petrolero total. Por otra parte, ha acumulado reservas por el 30% de las importaciones realizadas en 2025, por lo que tiene existencia para más de tres meses. Además podría incrementar el porcentaje de importaciones provenientes de Rusia, lo que neutraliza la posibilidad de que China se involucre en el conflicto para auxiliar a Irán por motivo de una necesidad energética urgente. En vista de estos motivos, Irán negoció con China que sus barcos tuvieran un paso seguro de petróleo y gas natural licuado qataríes por el Estrecho de Ormuz. El problema es que mientras el resto de los países tienen cerrado el paso en el principal suministro del mundo, aún cuando el suministro chino se encuentra asegurado, los altos precios de la energía van a presionar sobre los márgenes de ganancia en todas las cadenas globales de valor, con el consiguiente aumento global en los precios y la caída del consumo.
Algunos analistas señalan que China podría aportar desde apoyo diplomático, político e inteligencia, como ya lo ha hecho en la guerra de los 12 días y tal como hizo en la guerra de Rusia y Ucrania, invocando el respeto a la soberanía, la integridad territorial y el derecho internacional, pero no es probable que se involucre directamente. Según Yun Sun, directora y analista del Programa de China en el Centro Stimson, China no considera el cambio de régimen en Irán como el peor escenario posible puesto que China podría cooperar con el nuevo liderazgo que surja y en la reconstrucción del país. Sería más problemático para China, según esta
analista, si se presenta el escenario de Irán resistiendo, prolongando la guerra y asestando fuertes contraataques porque le resultaría cada vez más difícil a China permanecer al margen del conflicto, revelando su falta de compromiso.
Desde posturas del realismo político la lección que puede extraer China es que debe considerar seriamente el equilibrio de poder y ser lo suficientemente fuerte para disuadir a un Estados Unidos cada vez más descarado en el uso de la fuerza militar. Por ello China deberá ser cada vez más vigilante pues sus adversarios no siguen las reglas y pueden atacar sin previo aviso, cuando lo consideren necesario. Entonces China tiene que hablar en el mismo idioma que los invasores: el poder duro. China, además de ser una potencia nuclear y disponer de uno de los ejércitos más poderosos, tiene el control estratégico sobre la minería de tierras raras, el procesamiento de minerales críticos que son utilizados para las tecnologías modernas, como notebooks, celulares o misiles guiados de precisión. Esta carta fue utilizada como forma de retaliación y obligó a Trump a retroceder cuando intentó aplicar una guerra de aranceles frente a China el año pasado. Por otro lado, China ya ha sido capaz de sentarse en la mesa de negociación y lograr una cierta pacificación entre Irán y Arabia Saudita dado el peso que tiene como mayor importador mundial de petróleo, sin inmiscuirse en los asuntos internos ni enviando tropas en bases militares. A partir de la participación de estos dos importantes actores regionales en los BRICS, Arabia como observador e Irán como estado miembro, también se avanzó en la desdolarización de las transacciones energéticas, un aspecto importante en la confrontación con Estados Unidos.
Rusia y Ucrania
Ambos países están jugando sus propias cartas en este conflicto donde sus principales aliados podrían necesitar la “expertise bélica” como el uso de la inteligencia rusa o las tecnologías y técnicas más baratas que diseñaron en Ucrania para enfrentar los drones Shahed 136. Veamos:
Según funcionarios de inteligencia estadounidense, Rusia le habría estado informando a Irán la ubicación de los activos militares, incluidos buques de guerra y aviones. Debido a los bombardeos y la guerra cibernetica, Irán tendría sus capacidades afectadas y necesitaría la asistencia de Rusia para localizar a las fuerzas de Estados Unidos. Según expertos en la cooperación rusa-iraní, la prueba de esta cooperación serían los golpes muy precisos que está realizando Irán sobre los radares de alerta temprana, en la infraestructura de mando y control, dado que Irán no dispone de una constelación de satélites propia, estas capacidades espaciales avanzadas solo puede estar siendo suministrado por el Kremlin. Así Rusia está devolviendo los favores que Irán realizó por su parte en la guerra de Ucrania.
Mientras que el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenski, ha demostrado su disposición a no ser irrelevante en este conflicto y ha publicado en X que Estados Unidos solicitó apoyo específico de protección contra los drones Shahed 136, por lo cual ya dió instrucciones para que especialistas ucranianos contribuyan a “garantizar la seguridad requerida”. Estos drones baratos son una clave para explicar una de las principales fortalezas de Irán en este conflicto asimétrico. La saturación de los interceptores Thaad, Arrow y David’s Sling y la conocida cúpula de hierro se realiza con los enjambres de drones, haciendo que Estados Unidos gaste una verdadera fortuna cada día para deshacerse de las amenazas. Llega un punto en que no podrá hacerlo dada la diferencia en producción en escala entre drones y misiles, por lo cual Irán está reservando los misiles más poderosos para cuando surja la oportunidad. Aquí es donde la experiencia ucraniana desarrollando formas baratas para enfrentarse a los drones es tan importante.
Unión Europea, OTAN
De una manera u otra los principales líderes europeos han demostrado su escepticismo y distancia para participar activamente en una guerra contra Irán, en la cual no fueron consultados. Desde la primera guerra del Golfo en 1991 donde hubo una coalición de 31 países que participaron contra la invasión de Irak a Kuwait, el unilateralismo estadounidense se ha acentuado y esta vez encuentra problemas para convocar a sus más tradicionales aliados. «No estamos en guerra», declaró el presidente francés, Emmanuel Macron, en redes sociales el jueves. «No queremos entrar en guerra», declaró la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a la radio ese mismo día. «No nos uniremos a los ataques ofensivos de Estados Unidos e Israel», declaró el primer ministro británico, Keir Starmer, en el Parlamento el lunes (The New York Times). Sin embargo, todos ellos quieran o no se involucran poco a poco en el conflicto. Están desplegando refuerzos militares en el Mar Mediterraneo y el golfo Pérsico para defender sus bases militares y socios, especialmente en el gobierno británico en su base de Chipre, mientras que Macron ha movilizado aviones de combate Rafale a Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos, EAU) y ordenó que el portaaviones Charles de Gaulle se dirija al mediterraneo oriental para mantener abiertas las rutas marítimas estratégicas, esto es el Canal de Suez que está muy cercano a Gaza y Líbano. Además, si bien Macrón había declarado que no permitiría el uso de bases francesas para misiones de combate en Irán, el jefe del Estado mayor francés tuvo que explicar que sí habían autorizado el acceso de aviones estadounidenses con finalidades de abastecimiento. Por otra parte, también desde su presencia en EAU buscan formar una coalición para la protección de la “libertad de navegación” en el Estrecho de Ormuz.
El problema es que estas medidas no alcanzan para satisfacer a Trump que busca un mayor reconocimiento para legitimar su acción, pues estos líderes evitan mostrar un apoyo abierto por las consecuencias que puede tener para la opinión pública, contraria a un nuevo seguidismo bélico y que se ha movilizado contra el genocidio palestino. Inclusive entre las fuerzas de extrema derecha y soberanistas hay recelo por la experiencia de la guerra civil en Siria, cuando se produjo un colapso real y fragmentación del estado, el impacto fue una crisis de refugiados y eso tuvo un enorme impacto en Europa. Este alineamiento poco consistente le costó un reto al primer ministro británico, quien a pesar de su apoyo para “operaciones defensivas” fue insultado por Trump al comparar su gobierno con el de Churchill.
El único líder que fue a respaldar abiertamente a Trump en el despacho oval fue el canciller alemán, Friedrich Merz. Si bien Alemania no se ha unido al esfuerzo bélico abiertamente y ha declarado que no está en guerra con Irán, las fuerzas armadas de Alemania están estacionadas en bases estadounidenses de Jordania e Irak y aunque no son el objetivo directo de los ataques iraníes, tienen presencia territorial y en esta situación tan dinámica podrían unirse fácilmente a las operaciones declarándose agredidas. Por ahora, Merz también hace contorsiones para apoyar a Estados Unidos e Israel contra el terrorismo de Irán, pero señaló que es el pueblo iraní quien debe “decidir libremente su propio destino”. Por la contraria, el único que rechazó abiertamente el ataque a Irán diciendo “no a la guerra” fue el líder español, Pedro Sanchez. El altercado se dió cuando el gobierno español prohibió la utilización de las bases estadounidenses en España con el fin de brindar apoyo a los ataques en Irán. Si bien los lazos comerciales son profundos y España es miembro de la OTAN, ante las amenazas de Trump de romper relaciones, Sanchez decidió dar una conferencia para reafirmar su postura, que España “no será cómplice de algo que es malo para el mundo —y que también es contrario a nuestros valores e intereses— simplemente por miedo a represalias de alguien”. Al menos esperamos que mantenga la coherencia, ya que luego de haberse declarado contra el genocidio palestino en 2024 trascendió que continuaban las exportaciones de armamento al estado colonialista y recién el año pasado se detuvieron por completo. Por supuesto que hay que destacar que España es uno de los países que tuvieron mayor cantidad de movilizaciones y acciones directas contra el genocidio y que lograron expresarse en ciertas políticas del gobierno español.
Perspectivas para la lucha revolucionaria
Como socialistas revolucionarios rechazamos la agresión imperialista, llamamos a enfrentar la guerra de Estados Unidos e Israel y nos pronunciamos por la victoria de la resistencia popular contra todas las monarquías aliadas de Estados Unidos en medio oriente y por la destrucción del Estado colonialista de Israel. Estamos por la victoria de las nacionalidades oprimidas contra las potencias imperialistas y sus socios locales. Esto no significa un apoyo político al régimen teocrático de Irán, que ha demostrado su brutalidad con el asesinato de miles de manifestantes civiles en los últimos meses, que es reaccionario frente a los derechos de las mujeres, la clase obrera y las minorías étnicas. Pero la liberación no viene de la mano de una intervención militar de los genocidas sino de la legítima lucha por la revolución socialista que desarrolle el poder de los trabajadores en todo el mundo árabe.
Como marxistas, nos ponemos del lado de los pueblos oprimidos. Sin embargo, hay que señalar que en la defensa al pueblo kurdo enfrentando a las fuerzas genocidas de ISIS y de los estados árabes de Turquía, Siria, Irak y el persa iraní, el movimiento por la liberación de Kurdistán ha tenido una alianza estratégica con Estados Unidos que ha sido traicionada una y otra vez, la última en el reciente reconocimiento del gobierno sirio del yihadista Ahmed al-Sharaa por Donald Trump, quien legitimó y no intervinó frente al avance en la región autonoma del Kurdistán Sirio. Así como hay que mantener la independencia política frente a la burguesía iraní y de toda la región, también hay que rechazar los llamados del imperialismo que utiliza una causa justa para intervenir desde el territorio.
Este programa sólo puede llevarse a cabo con total independencia de las burguesías regionales, quienes históricamente han utilizado la lucha popular para ganar márgenes de maniobra frente a las potencias. La clave es la unidad en la lucha y la movilización desde abajo como en las primaveras árabes. No obstante, así como no nos hacemos ilusiones con ninguna fuerza burguesa “antiimperialista” ni con la “resistencia islámica”, hay que reconocer que hoy la lucha en medio oriente por la liberación palestina es dirigida por Hamás y la Yihad Islámica, no por comunistas, lo mismo que ocurre en Líbano con Hezbollah, en Yemen con los hutíes, etc. Estas fuerzas son las que están realmente luchando contra Israel y es deber de lxs comunistas participar en esta lucha. El eje del debate no debería ser cómo “sostener una independencia política y organizativa frente a los métodos clericales de Hamás” porque ni siquiera hay una organización comunista que sea realmente influyente en los acontecimientos de Palestina y medio oriente. En todo caso el debate es cómo brindar el más amplio apoyo y meterse realmente en la lucha.
Reproducimos a continuación lo esencial y más interesante de un texto corto de Trotsky sobre la dirección burguesa en la lucha de liberación nacional en China:
No tenemos que hacernos ilusiones con Chiang Kai-shek, su partido y toda la clase dominante china así como Marx y Engels no se las hicieron con las clases dominantes de Irlanda y Polonia. Chiang Kai-shek es el verdugo de los obreros y campesinos chinos. Pero hoy se ve obligado, contra su voluntad, a luchar contra Japón por lo que resta de la independencia china. Puede que mañana vuelva a traicionar. Es posible. Es probable. Hasta es inevitable. Pero hoy está luchando. Sólo los cobardes, imbéciles totales o canallas, pueden negarse a participar en esa lucha (…) ¿Pero puede Chiang Kai-shek garantizar la victoria? No lo creo. Sin embargo, él inició la guerra y él la dirige hoy. Para reemplazarlo es necesario ganar una influencia decisiva en el proletariado y el ejército, y para ello es menester no quedar suspendido en el aire, sino meterse en la lucha. Debemos ganar prestigio e influencia en la lucha militar contra la invasión extranjera y en la lucha política contra las debilidades, las deficiencias y la traición internas. En cierto momento, que no podemos fijar a priori, esta oposición política puede y debe transformarse en conflicto armado, puesto que la guerra civil, como cualquier otra guerra, no es más que la continuación de la lucha política. Es necesario, empero, saber cuándo y cómo transformar la oposición política en insurrección armada (…) Jamás negamos la necesidad de un bloque militar del partido comunista y el Kuomintang. Por el contrario, fuimos los primeros en proponerlo. Exigimos, sin embargo, que el partido comunista mantuviera su independencia política y organizativa, es decir, que tanto en la guerra civil contra los agentes locales del imperialismo como en la guerra nacional contra el imperialismo, la clase obrera, a la vez que permanecía en el frente de la lucha militar, preparara él derrocamiento político de la burguesía.(Trotsky, 1937: Sobre la guerra chino-japonesa)
La tarea actual en todo caso es meterse en la lucha. Por ello es urgente para quienes reivindicamos el internacionalismo proletario participar activamente de la guerra contra los opresores imperialistas, en donde sea que estén. Aquí no hay equidistancia posible: se debe tomar partido. Para ello, la primera tarea de una organización internacionalista revolucionaria es poner un pie en Medio Oriente. Pero el enemigo imperialista/sionista no solo se lo encuentra en Medio Oriente.
Hubo una guerra asumida por primera vez por Israel, el sionismo, el imperialismo mundial y la reacción, en segundo lugar, y en respuesta por el pueblo de Palestina, la nación árabe, y los progresistas del mundo. Del mismo modo que la agresión contra el pueblo de Palestina no se deriva de una ubicación geográfica específica, pero proviene de múltiples sitios globales, la confrontación llevada a cabo por el pueblo palestino no tiene que limitarse a un área geográfica específica. Estas son las partes en el conflicto y es la lógica de la confrontación revolucionaria (El Frente Popular y las operaciones externas, 1971).
La guerra se internacionaliza y en otras latitudes los comunistas podemos intervenir para debilitar al imperialismo, dispersando sus fuerzas. La consigna de Ernesto Guevara “crear dos, tres, muchos Vietnam” sigue a la orden del día. Los intereses de las grandes empresas que financian y apoyan el esfuerzo bélico del sionismo deben ser afectados, boicoteados.
Desde Argentina, uno de los países que ha aceptado ser parte de la “junta de la paz” de Trump y Netanyahu, debemos estar atentos a la posibilidad de que Milei brinde algún tipo de apoyo directo a la guerra: desde el PRC levantamos nuestro rechazo a esta guerra imperialista y proclamamos el derecho a la autodefensa y la autodeterminación de los pueblos. Es la clase obrera iraní, las mujeres y el pueblo trabajador en todo medio oriente quien ajustará las cuentas con sus opresores, clérigos y monarcas locales. Nuestro deber como revolucionarios internacionalistas es ejercer la máxima presión para obligar a finalizar la intervención yanqui sionista.
¡Abajo la guerra imperialista, viva la resistencia del pueblo árabe contra las monarquías!
¡Por la destrucción del Estado de Israel y la autodeterminación nacional de iraníes, palestinos y kurdos!
¡Por el derecho a la autodefensa de los pueblos, basta de injerencia colonial!