A medio siglo del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, tras una lucha enorme que nuestro pueblo ha librado —para abrir los archivos, recuperar 140 nietxs, condenar a 1.231 milicos, identificar unos 800 ex centros clandestinos de detención a lo largo y ancho del país, comprobar la existencia de vuelos en los que se arrojaban personas al río y al mar, lograr impedir favores a los genocidas como el “2×1” del macrismo, la identificación de fosas comunes como la de La Perla en Córdoba recientemente y sostener masivas movilizaciones cada 24- la lucha contra violentas ofensivas patronales está más vigente que nunca. La lucha de lxs 30.000 sigue siendo faro y bandera. Porque no se trata únicamente de una conmemoración. La evocación de la última dictadura abre una discusión inevitable sobre el presente: el programa económico que José Alfredo Martinez de Oz —jefe civil de la política económica que impulsó desde el primer momento el gobierno de Videla— es en lo fundamental el mismo que lleva adelante el actual gobierno. El continuismo que promueve Javier Milei y su pandilla es evidente: apertura total de las importaciones, destrucción de la industria local, reducción del salario real, aumento de tarifas, endeudamiento externo, alineamiento con los intereses del imperialismo yanki. Las consecuencias de estas políticas se traducen necesariamente en un aumento de la conflictividad social y, por lo tanto, en represión y persecución de lxs que luchan como respuesta estatal. Así como aquellos planes no podían pasar sin la implementación de la represión sistemática sobre la clase obrera y el pueblo, hoy tampoco. No son casuales los mega operativos policiales actuales para reprimir jubiladxs, obrerxs y movimientos sociales, para blindar el congreso cuando se tratan las leyes reaccionarias como la Reforma Laboral o el presupuesto para personas con discapacidad.

Este no es un 24 de marzo más
Pese a la distancia temporal, la lucha de aquellxs compañerxs obrerxs, estudiantes, activistas barriales, militantes políticos que dejaron su vida por construir una sociedad más justa, más igualitaria, es decir, por el socialismo, debe ser retomada por las nuevas generaciones.
Lejos de una lectura meramente institucional o humanitaria, cada vez más sectores insistimos en recuperar el carácter político y social de aquella generación. No fueron víctimas abstractas, sino militantes atravesados por un horizonte de transformación profunda. En muchos casos, vinculados a tradiciones revolucionarias, sindicales y populares que planteaban —con distintos matices— una crítica estructural al capitalismo argentino y a su inserción dependiente en el sistema internacional.
El terrorismo de Estado no fue, en ese sentido, un exceso ni una desviación. Fue un instrumento. Un dispositivo de disciplinamiento social orientado a desarticular la organización obrera, destruir experiencias de poder popular y garantizar la implementación de un programa económico regresivo y reaccionario. La figura de Jorge Rafael Videla sintetiza ese engranaje, pero el proyecto excedía a los uniformados: articulaba intereses de las clases dominantes locales con estrategias geopolíticas más amplias en el marco de la Guerra Fría. Hoy, como ayer, la pata del imperialismo explica en gran medida la orientación política de los gobiernos locales, así como de las consecuencias de su implementación.
Por todo esto, la discusión vuelve a cobrar actualidad. No porque la historia se repita de forma lineal, sino porque ciertos núcleos estructurales persisten. La ofensiva sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora, la búsqueda de disciplinamiento social y la subordinación económica aparecen, bajo nuevas formas, en el escenario contemporáneo.
En ese marco, el gobierno de Javier Milei impulsa un programa de ajuste que reconfigura de manera acelerada las relaciones entre Estado, mercado y sociedad. La desregulación económica, la apertura comercial y la reducción del gasto público son presentadas como condiciones necesarias para estabilizar la economía. Sin embargo, sus efectos concretos recaen, una vez más, sobre los sectores populares: pérdida de empleo, deterioro salarial y debilitamiento de las redes de contención social. Ayer, mediante el terror explícito; hoy, a través de mecanismos económicos y dispositivos institucionales. En ambos casos, el resultado tiende a ser similar: la transferencia de recursos desde el trabajo hacia el capital.
Frente a este escenario, la pregunta por la vigencia de aquellas banderas adquiere un sentido concreto. ¿Qué significa hoy retomar las luchas de lxs desaparecidxs? Para amplios sectores del movimiento obrero y popular, la respuesta no se limita a la memoria simbólica. Implica reactivar un programa de transformación social que confronte con las formas actuales de explotación y dependencia. Implica decir con todas las letras que la necesidad de desarrollar proyectos de transformación social que tengan al socialismo y al comunismo como horizonte se torna indispensable.
50 años más tarde, la crisis actual indica con mucha claridad que el capitalismo no tiene nada que ofrecer a la humanidad. Al borde de una nueva guerra de escala planetaria, con miles de infancias que mueren bajo las bombas del imperialismo, con una calidad de vida de las masas que empeora al calor de la precarización y la sobrecarga laboral, con una degradación del medio ambiente sin precedentes, todas las propuestas del régimen implican o bien la profundización de este panorama para eliminar a enormes contingentes sobrantes de población o bien que nos resignemos a lo posible y vivir con migajas. Aquellos proyectos de liberación social que estaban en juego en los años ‘70 y se presentaban como alternativa a esta barbarie, siguen teniendo total vigencia.
En distintos puntos del país comienzan a emerger conflictos laborales, resistencias territoriales y experiencias de organización que, aunque fragmentarias, expresan un malestar creciente. Desde fábricas en conflicto hasta movilizaciones contra el ajuste, el mapa social muestra señales de reactivación. Sin embargo, esa energía aún no logra traducirse en una estrategia unificada.
Allí aparece uno de los nudos centrales del presente: el rol de la burocracia sindical. La CGT y las CTAs son interpeladas por sectores que reclaman una respuesta más contundente frente al ajuste. La exigencia de un paro general y de un plan de lucha sostenido no es nueva, pero adquiere mayor urgencia en este contexto. Se escudan en decir que “no da la correlación de fuerzas” queriendo borrar la resistencia que los propios sindicatos y corrientes políticas le plantaron antes y durante la dictadura, es decir, en condiciones muchísimo más adversas. El planchazo al que someten a buena parte del movimiento obrero la burocracia sindical y la dirigencia peronista no hace más que hacerle el juego a los planes de Milei y las patronales.
La historia de nuestro movimiento obrero muestra que los momentos de ofensiva del capital encuentran el límite cuando se articulan respuestas colectivas de mayor escala. La unidad en la acción, más allá de diferencias políticas o sectoriales, ha sido una condición clave para torcer relaciones de fuerza desfavorables. En el mismo sentido, sostenemos la necesidad de desarrollar la táctica del frente único obrero para disputar en la lucha concreta un programa en defensa del salario, de los puestos de trabajo, de solidaridad con lxs presxs por luchar, por salud, educación, contra la violencia patriarcal, en defensa del ambiente y los bienes comunes.
Las banderas por las que lucharon los 30.000 siguen abiertas. No como consignas congeladas en el tiempo, sino como problemas políticos no resueltos, como luchas actuales. En definitiva, la conmemoración de los 50 años no se agota en el pasado. Son un recordatorio de que las derrotas nunca son definitivas.
Contra la represión de ayer y de hoy, contra el ajuste del gobierno nacional y los gobernadores, fuera el imperialismo de América Latina y medio oriente.
Por la apertura de todos los archivos.
No olvidamos, no nos reconciliamos, no perdonamos.
¡Seguimos luchando por el socialismo!
¡30.000 compañerxs detenidxs desaparecidxs presentes!
¡Venceremos!
PRC 23/3/26