La ausencia de una perspectiva estratégica de Estados Unidos dificulta su salida de la guerra, mientras que Irán aprovecha las posibilidades que brinda una guerra asimétrica bloqueando una vía central del comercio global, internacionalizando el conflicto mediante el ataque con drones y misiles de corto alcance a las monarquías del Golfo, saturando las defensas antiaéreas de Israel y movilizando a distintas fuerzas no estatales en toda la región. La negativa de Europa a embarcarse en la aventura bélica de Trump refuerza el dominio iraní en el estrecho de Ormuz, con negociaciones abiertas por distintos países para asegurar el paso de sus buques. China y Rusia son grandes beneficiados en estas condiciones, mientras que las monarquías del Golfo son las perdedoras tanto desde el punto de vista comercial como de seguridad. Irán impone los 10 puntos de las negociaciones y disputa la narrativa acerca de quién es responsable ante la posibilidad de un fracaso del alto al fuego. El otro gran perdedor es Israel, que debe abstenerse de continuar sus ataques en Irán y Líbano. Aún existe el peligro de una deriva del alto al fuego debido a la imprevisibilidad de los actores, los intentos de Israel por frustrar los acuerdos y explotar las diferencias sectarias en Líbano. Mientras tanto, continúa el genocidio en Palestina, por eso es clave la movilización internacional y el apoyo a la Flotilla Sumud que partirá próximamente hacia Gaza.
En la quinta semana de esta guerra iniciada por el ataque de Estados Unidos e Israel se rompió la tendencia de las últimas semanas, de un empantanamiento estratégico donde Estados Unidos intercalaba amenazas de ultimatums y prórrogas con negociaciones de 24 y 48 horas, hasta una semana, para luego volver a una amenaza genocida mientras continuaban las hostilidades. Ahora, por mediación de Pakistán, Trump anunció un alto al fuego por dos semanas con 10 puntos que fueron propuestos por Irán. ¿Podrá mantenerse y prosperar el alto al fuego? Veamos las claves de por qué un país mucho más débil pudo resistir y fortalecer su posición de cara a las próximas negociaciones.
Impotencia imperial, estrangulamiento energético y amenaza genocida
Trump había dicho que esta vez era en serio y señaló que a partir del 8 de abril se desataría el infierno en la tierra mandando a Irán a la edad de piedra, esto es: atacando la infraestructura energética civil. La frase que resonó en los portales “toda la civilización morirá esta noche y nunca volverá a ser resucitada” no recibió todo el repudio que merecía por las cancillerías de todo el mundo, como estamos acostumbrades. Estados Unidos e Israel ya vienen realizando bombardeos masivos en las ciudades, atacando universidades, escuelas, trenes, puentes, etc. Incluso Israel atacó ese mismo día una sinagoga, los mismos que dicen defender a les judíes de todo el mundo. Trump, al no tener una perspectiva estratégica, objetivos ni manera de salir de este atolladero, eligió la escalada para desescalar, amenazó con acabar con toda la infraestructura energética, con todos los puentes, masacrar a miles de civiles realizando un genocidio, tal como vienen realizando en Palestina junto con Netanyahu, para poder retirarse y proclamar una victoria. El problema para esta táctica es que Irán tiene la capacidad para devolver los golpes, mantener el control del estrecho de Ormuz y disputar las narrativas de la guerra, lo que es muy importante para la mesa de negociaciones, puesto que nada asegura el no retorno de las hostilidades en esta frágil tregua.
En una nota anterior señalamos que la estrategia iraní fue prolongar la guerra para desgastar las fortalezas en la coalición de Israel y Estados Unidos, explotando la diferencia entre sus objetivos estratégicos. La clave fue la rápida internacionalización del conflicto, lo que incluyó ataques a lo largo de las distintas bases militares y embajadas estadounidenses de la región, la infraestructura energética del golfo y de Israel, así como la movilización de un conjunto de actores no estatales como Hezbollah en Líbano, las Fuerzas de movilización popular en Irak y en Bahrein, principalmente donde la población chiíta es mayoritaria. También incluyó mantener bajo reserva la posibilidad de estrangular aún más el comercio global por los hutíes en el Mar Rojo, inhibiendo la respuesta de las monarquías aliadas de EEUU.
La joya histórica de todas las coronas del Golfo Pérsico es el petróleo y el gas que deben pasar casi inevitablemente por el Estrecho de Ormuz, destacando el control que ejerció Irán para cerrarlo frente a los enemigos y abrirlo gradualmente a los países que negociaron diplomáticamente. Si bien el estrangulamiento energético puede neutralizar la voluntad de combate del enemigo imperialista y llevarlo a la mesa de negociaciones con garantías internacionales, hay que destacar que no es solo la energía lo que circula por el Golfo Pérsico, sino también derivados como la urea necesaria para los fertilizantes utilizados en la producción agrícola mundial, el aluminio necesario para la infraestructura y el helio para refrigerar los semiconductores. Entonces se cae la mentira de Trump acerca de que no es vital para los intereses estadounidenses (¡y del capitalismo!) la apertura de Ormuz.
Otro de los puntos claves es la imposición de un costo económico asimétrico para los Estados agresores. Sólo en la primera semana Estados Unidos gastó 11 mil millones de dólares para movilizar los recursos y armamentos. También se debe monetizar la caída de un 60% en los 20 millones de barriles diarios que pasan por Ormuz (1.200 millones diarios a un precio de 100 USD). Por otra parte, como hemos dicho, la interrupción de suministro no es solo de energía y sus derivados (por ejemplo, la industria petroquímica y de fertilizantes para la agricultura, el aluminio, el helio, etc) sino que también afecta a todos los sectores económicos vitales donde las monarquías buscan diversificar su economía, por ejemplo con los bombardeos a los centros tecnológicos de Amazon, como también en las finanzas (bombardeos en el Citibank). El régimen iraní ha declarado como objetivos a todas las empresas que apoyan la agresión militar de Estados Unidos. En ese sentido, este conflicto tiene grandes consecuencias a largo plazo, donde la confianza es clave para la estabilidad de los negocios. Los actores internacionales empiezan a comprender que el Estrecho de Ormuz no volverá a ser el mismo que antes de la guerra y habrán de asumir el costo.
Europa y Asia frente a la guerra: la fallida coalición para abrir el Estrecho de Ormuz
La historia demuestra que la intención de Estados Unidos en sostener una escolta en soledad a cada buque petrolero durante meses y años es sencillamente imposible. En 1987 Estados Unidos intentó escoltar buques petroleros kuwaitíes durante la guerra de Irán e Irak en la llamada Operación Earnest Will. Los costos asimétricos en la guerra provocaron que Estados Unidos deba enfrentar múltiples problemas, desde bombardeos “por error” de la fuerza aérea iraquí, hasta el dificil dragado de minas muy económicas que regaron los iraníes por todo el estrecho. La solución que encontró Ronald Reagan a aquel problema de salida fue el ataque a un avión civil iraní donde resultaron asesinados los 290 pasajerxs.
Enfrentando una vez más un escenario similar, a mediados de marzo Donald Trump convocó a todos los países interesados en la apertura del Estrecho de Ormuz, tanto a sus aliados de la OTAN, como también Corea del Sur, Japón, Australia y hasta China. Incluso amenazó a Beijing con retrasar la cumbre con Xi Jinping si China no enviaba buques de guerra, cumbre que de todos modos debió aplazarse hasta mediados de mayo. La respuesta mayoritaria, tanto de rivales como aliados, fue un llamado a cesar las operaciones militares antes de formar una coalición para desbloquear Ormuz. Gran Bretaña, Alemania e Italia consideran que la solución debe ser diplomática y buscan una opción viable para estabilizar el mercado energético, una operación similar a la que se realiza en el Mar Rojo, una vez que finalice la guerra. Macrón, quien había propuesto realizar una coalición internacional para abrir el estrecho también lo condiciona al final de la guerra. «No somos parte del conflicto y, por lo tanto, Francia nunca participará en operaciones para abrir o liberar el estrecho de Ormuz en el contexto actual».
Ante la negativa de todos estos países, Trump afirmó que Estados Unidos no necesita a la OTAN, que no necesita el Estrecho de Ormuz y que nunca olvidará lo ocurrido. “Vayan al estrecho y conquístenlo, protéjanlo, úsenlo para su propio beneficio. Irán ha sido prácticamente diezmado. Lo más difícil ya pasó, así que debería ser fácil.» Otro punto importante que demuestra la fortaleza y control iraní en el Estrecho de Ormuz es que mantuvo abierto el grifo para las naciones que pretende mantener o acercar a su lado, exportando su propio petróleo tanto a China como a India, Turquía y Pakistán. En las últimas semanas también han sumado un paso seguro Japón, Francia, Italia y España. Mientras, EEUU debió consentir el paso de estos buques para que siga fluyendo algo de petróleo por el golfo y disminuir las presiones inflacionarias globales.
Por su parte, en el último año China había incrementado sus reservas estratégicas a 1.200 millones de barriles – lo que equivale a 115 días de sus importaciones de crudo – por lo cual redujo su vulnerabilidad, además de priorizar políticas en torno a la diversificación y transición energética. Por el contrario, India tiene una mayor exposición económica y geopolítica: es el segundo mayor importador mundial de gas, con un consumo importado de alrededor del 60% y unas reservas que están limitadas a menos de 30 días. Además, una posición compleja frente a Irán por el vínculo de Narendra Modi con Trump y Netanyahu. La crisis energética por el cierre del Estrecho de Ormuz desató otra medida diplomática que es una derrota para Europa, como es el alivio a las sanciones económicas a Rusia durante unos treinta días por unos 130 millones de barriles de petróleo que están destinados principalmente para India.
Para resumir, la Unión Europea y Gran Bretaña habían decidido no involucrarse en el conflicto de una forma directa, por lo cual han priorizado relaciones diplomáticas que aseguren un paso seguro acordado directamente con Irán por Ormuz en vez de formar una coalición para dar una salida militar. Esto es importantísimo porque refuerza el control que tiene Irán al permitir el paso de los buques de países no agresores y disuade que distintos países opten por una salida más costosa y difícil, con resultados impredecibles. China y Rusia vetaron una resolución impulsada por Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Bahrein, Qatar y Jordania en el Consejo de Seguridad de la ONU que pretendía abrir el estrecho por la fuerza, a la vez que Rusia mantiene un apoyo más ambigüo en el ámbito militar como es el aporte de imágenes satelitales para dirigir con mayor eficacia los misiles hacia las estructuras energéticas israelíes y el sistema de radares en el Golfo. Mientras tanto, China se encarga de las tareas diplomáticas de intermediación y es el contrapeso que Estados Unidos debe considerar antes de embarcarse en soledad en una costosa operación genocida que puede significar la decadencia total de la hegemonía. Desde la visión de Trump, tal como declaró a la agencia de noticias Agence France-Presse, es China quién logró que Irán aceptará un alto al fuego.
Destrucción Mutua Asegurada
La amenaza de Trump, en caso de haberse realmente cumplido, sería un crimen de guerra que inducirá una profundización de la escalada. Aquí es importante destacar que Irán podría poner en acción una medida aún más fuerte que el bloqueo del Estrecho de Ormuz: la destrucción de las plantas de desalinización del agua, clave para la supervivencia tanto en el Golfo como en Israel. Ya en 1983, en archivos desclasificados de la CIA, se destaca que el principal peligro para los países de esta región es la destrucción del suministro de agua, el bien más escaso y necesario para la vida. Los países del Golfo tienen más de 400 plantas desalinizadoras en sus costas para uso residencial, agrícola y productivo. Según el informe 2025 de la Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO) el 70% del agua potable en Arabia Saudita depende de la desalinización. Por otra parte, el régimen iraní ha elevado la apuesta afirmando el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) que los enemigos carecen de la capacidad de calcular los importantes activos que se encuentran al alcance de los combatientes iraníes, reiterando que “si el ejército terrorista estadounidense traspasa las líneas rojas, la respuesta de Irán se extenderá más allá de la región”. El ataque a la isla Diego García en el océano Índico a unos 4 mil kilómetros fue una demostración de las capacidades balísticas iraníes, que podrían alcanzar a las capitales europeas.
Es importante destacar que en los últimos años el derecho internacional se ha mostrado completamente inútil ante la prepotencia de Estados Unidos e Israel. Por lo cual es muy importante para Irán establecer nuevamente una disuasión basada en la destrucción mutua asegurada, teoría en boga entre los estudiosos de la escuela neorrealista de las relaciones internacionales, donde los Estados procuran maximizar sus posibilidades con una bomba atómica para disuadir el ataque de sus enemigos. Irán, si bien no tiene las capacidades nucleares desarrolladas que si tienen Estados Unidos e Israel, puede disuadir un ataque a su infraestructura porque tiene la capacidad para destruir instalaciones críticas de los principales aliados de EEUU. Si aún así Trump decidiera atacar, serían impredecibles las consecuencias para toda la región. La victoría pírrica que conseguiría anularía inmediatamente el 20% del comercio mundial total de crudo, el 26% del comercio marítimo mundial de gas natural licuado (GNL), con lo cual el precio se iría hasta las nubes, además de destruir la confianza en que los Estados Unidos protegen los intereses más vitales de la burguesía transnacional. Por otra parte, los incentivos para que Irán busque desarrollar la bomba son ahora mucho más fuertes.
Esta semana ha quedado demostrado que Estados Unidos no puede cumplir sus objetivos solo con bombardeos y cada vez que Trump proclama la victoria los hechos niegan su relato. El jueves 2 realizó el primer discurso desde la Casa Blanca a la nación en horario central, en el cual destacó que la fuerza militar iraní estaba destruida, afirmó que la guerra estaba a punto de concluir y dijo que se retirarían del Estrecho de Ormuz, que los países que necesitaban su apertura se encargaran ellos mismos. Al día siguiente, luego de la caída de un avión y la eyección de sus pilotos que desató un operativo especial para rescatar a uno de ellos, Irán destruyó varios aviones y helicópteros. Mientras que para Trump el rescate del piloto resultó un gran relato de las capacidades militares de las tropas de élite de Estados Unidos, la realidad es que tal despliegue condujo a la destrucción de un importante equipo militar. Otras versiones especulan que todo pudo haber sido una puesta en escena para intentar una captura del uranio enriquecido que se encuentra en las profundidades de las montañas, dado que no resulta claro cómo un piloto eyectado cerca del estrecho de Ormuz, en el sur de Irán, llegaría hasta la montañas del centro del país, en Isfahan.
Irán tiene una ventaja porque ha demostrado resistir los ataques y tener capacidad de retaliación devolviendo todos los golpes, con una persistente campaña de bombardeos tanto a Israel como a los países del Golfo Pérsico, manteniendo el control del Estrecho de Ormuz y con sus aliados en la región demostrando una fortaleza mayor a la esperada. Desde el inicio del conflicto, Teherán ha lanzado más de 5.000 misiles y drones en dirección a los países del Golfo. Es bueno recordar que ya desde las primeras semanas Estados Unidos tiene dificultades para interceptar los misiles y drones que son dirigidos hacia Israel, por lo cual han tenido que priorizar las estructuras críticas y ha desprotegido a sus aliados del Golfo. Además, el eje de la resistencia guardó la posibilidad de bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb, donde se une el Mar Rojo con el Golfo de Adén, la salida que tiene Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos para una parte de su producción.
Los 10 puntos que son la base de las negociaciones
Los 10 puntos que han trascendido como la base de las negociaciones por un alto al fuego de dos semanas demuestran claramente la fortaleza de la posición iraní:
1- Estados Unidos debería comprometerse, en principio, a garantizar la no agresión.
2- El control continuo de Irán sobre el estrecho de Ormuz
3- Debe aceptarse el derecho de Irán al enriquecimiento de uranio.
4- Levantamiento de todas las sanciones primarias
5- Levantamiento de todas las sanciones secundarias
6- Terminación de todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU
7- Terminación de todas las resoluciones de la Junta de Gobernadores del OIEA
8- Pago de indemnización por los daños causados a Irán
9- Retirada de las fuerzas de combate estadounidenses de la región.
10. Cese de la guerra en todos los frentes, incluyendo la lucha contra la heroica resistencia islámica en el Líbano.
Hay que recordar que hasta el día anterior a la agresión estadounidense, en Omán se estaban desarrollando negociaciones que según declaraciones de Badr al-Bussaidi, ministro de Asuntos Exteriores de Omán, habían logrado avances significativos. Según dejaron trascender los observadores británicos, había un acuerdo al alcance de la mano porque Teherán había hecho una importante concesión para reducir el alcance de su programa nuclear: ofreció reducir el contenido de uranio altamente enriquecido (400 kg) bajo la supervisión del OIEA dentro de su territorio. Asimismo, se comprometía a no almacenar más uranio altamente enriquecido en el futuro. El desconocimiento técnico de los representantes de Washington, Jared Kushner, yerno de Donald Trump, y Steve Witkoff, dedicados al rubro inmobiliario y reconocidos por su alineamiento con Israel, demuestran que la decisión de utilizar las negociaciones para ganar tiempo estaba tomada. Para muestra, Washington ni siquiera había enviado un equipo técnico para asesorar en cuestiones nucleares a los representantes de Trump.
Ayer, por el contrario, Trump publicó en su red social que la propuesta de 10 puntos de Irán constituye una base viable para la negociación, por lo cual debería consentir el derecho de Irán a enriquecer todo el uranio que considere necesario para su programa nuclear. Esto sería una derrota vergonzosa para Trump que había salido del acuerdo nuclear de 2015 por considerarlo proiraní y ahora debería permitir el enriquecimiento, así como terminar con las sanciones internacionales, además de pagar las reparaciones de guerra y retirar sus bases militares. Esto es además un importante retroceso respecto a las negociaciones de febrero.
Todo esto ha sido puesto en cuestión por la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien afirmó que la propuesta de Irán es poco seria y que es una línea roja para Trump la entrega del Uranio enriquecido, la apertura inmediata de Ormuz y que Líbano no forma parte del alto al fuego, respaldando a Netanyahu. El frágil armisticio podría romperse apenas haber comenzado por las violaciones de Israel a los compromisos asumidos por EEUU. En respuesta, Irán ha decidido no abrir el estrecho de Ormuz, información que desde la Casa Blanca trataron de negar como una fake news afirmando que se observa un aumento en el tráfico marítimo, aunque los hechos posteriormente desmintieron a Estados Unidos: de 9 buques que transitaban a diarios se ha reducido el tráfico a solo 5 buques el día de ayer. En respuesta Irán condiciona su participación en Islamabad a que el alto al fuego incluya al Líbano, citando como prueba de su versión del acuerdo el tweet del primer ministro paquistaní.
La resistencia a la ocupación en Líbano
Como ya señalamos en la nota anterior, Israel tiene objetivos diferentes a Estados Unidos. Mientras que Washington prefería una operación militar contundente y limitada en el tiempo, el ente colonial tenía por objetivo debilitar las capacidades iraníes hasta el límite para forzar un cambio de régimen, rediseñando la arquitectura de medio oriente con una posible balcanización. Si Irán sale de la ecuación, negociando su propia paz por separado, los incentivos para continuar atacando en Líbano son irresistibles para el ente colonial genocida. Por si quedaban dudas, Israel haciendo gala de un amplio historial de violar y utilizar hasta los últimos resquicios de interpretación frente a un armisticio, en la mañana siguiente al anuncio realizó el mayor bombardeo en la historia de Líbano atacando más de 100 objetivos en simultáneo, tanto en el sur del país como en Beirut y para horror del gobierno líbanes los bombardeos fueron indiscriminados entre civiles de las distintas etnias y religiones que habitan el país, con un resultado de cientos de muertos (más de 300 al momento de publicar la nota) y miles de heridos.
Ante la posibilidad de un alto al fuego Netanyahu declaró que apoyaba la negociación de EEUU frente a Irán pero que Líbano no estaba incluido en el mismo. Por ello, después de acusar al gobierno libanés por su incapacidad para desarmar a Hezbolá, planteó que quiere iniciar conversaciones con Líbano lo antes posible y que estarán centradas en el desarme de la milicia chií. Esto es una promoción directa del conflicto en las entrañas de Beirut, cuyo gobierno encomendó a sus fuerzas armadas liberar la ciudad capital de la presencia de Hezbolá, garantizar el monopolio de las armas y que nadie negociará en nombre de Líbano.
Por todo esto es de vital importancia para Hezbolá y Hamás que Irán haga valer en el marco de las negociaciones una estrategia de defensa mutua, que fuerce a Trump a detener el avance israelí en todos los frentes y su proyecto de ocupar nuevos territorios para tener una “zona de amortiguamiento”. Teherán podrá demostrar que no estaba desesperado por un acuerdo, tal como declaró el ministro de guerra estadounidense Pete Hegseth en su primera conferencia tras el acuerdo de negociación, ejerciendo el derecho a retirarse de las negociaciones por las continuas violaciones de Israel y en respaldo de Líbano.
La coordinación del eje de resistencia y los bombardeos constantes han sido un duro golpe a la imagen de fortaleza inexpugnable que busca proyectar Israel, con el agotamiento de las reservas de armamento de los sistemas de defensa aérea y la destrucción de rádares clave, las imágenes de bombas de racimo cayendo en Tel Aviv, Haifa y Dimona no condicen con el número de muertes que declara Israel. Según un informe publicado por la agencia Tasnim, “basándose en las estadísticas de entierros de los principales cementerios de Israel y las actividades de los equipos ZAKA, así como en datos de las organizaciones Chevra Kadisha, el número de bajas del régimen israelí hasta el día 21 de la guerra era de al menos 1.281”. Irán y el eje de la resistencia han demostrado tener capacidades militares más que suficientes para disuadir el ataque israelí en Líbano.
Ya desde mediados de marzo Israel lanzó una ofensiva que consiste en la ocupación de 30 km al sur del Río Litani, donde la presencia de las comunidades musulmanes chiítas es predominante. Con más de un millón de habitantes desplazados, uno de los objetivos es explotar las divisiones sectarias en Líbano puesto que a las comunidades cristianas se les permite quedarse en sus hogares con la advertencia de no alojar a chiítas. El nefasto ministro de Defensa, Israel Katz, ha declarado que es un objetivo no permitir el regreso de los habitantes del sur y que el método utilizado sería similar al de Gaza, con la destrucción de infraestructura civil, esto es todos los puentes que conectan el sur de Líbano con el resto del territorio, así como arrasar con las residencias en ciudades enteras. Entonces, de esta manera cualquier árabe que se encuentre en el sur de Líbano sería considerado un terrorista de Hezbolá. Tras las directivas de Katz, el Comando Norte de las FDI declaró estar elaborando planes para un “tratamiento de raíz”, con un esfuerzo sistemático para desmantelar toda la infraestructura terrorista.
No obstante, hay diferencias entre el liderazgo militar y el político de las FDI, así como en la inteligencia israelí respecto a la estrategia a utilizar, ante la sorpresa de haber encontrado una resistencia mucho más fuerte a la esperada y estar librando una guerra en múltiples frentes durante más de dos años. Por ejemplo, un escándalo se produjo cuando el jefe del Estado Mayor advirtió de un inminente colapso del Ejército ante una grave escasez de personal militar. Israel busca movilizar 450 mil reservistas para el frente líbanes, mientras la necesidad de nuevos soldados continúa aumentando el gobierno no implementa medidas para el reclutamiento de los judíos ultraortodoxos.
Mientras que la inteligencia señala en un informe que existe una discrepancia sobre la evaluación previa de las FDI respecto a la supuesta debilidad de Hezbolá luego de los enfrentamientos entre 2023 y 2024. El argumento era que trás la explosión de los beepers y el descabezamiento de la organización, con el asesinato de Hasán Nasralá y la cupula militar en setiembre de 2024, la estructura de mando y la falta de comunicación haría que Hezbolá se comportará en el terreno como grupos descentralizados y heterogéneos de guerrilleros, sin un mando y control definidos. Por el contrario, las FDI se encontraron en graves dificultades al enfrentarse con una fuerza eficaz, que mantiene continuidad operativa y que despliega una fuerza militar estable capaz de coordinar los ataques, combinando armas antitanque, cohetes, drones y artefactos explosivos para atacar a las tropas israelíes.
Un análisis de Líbano debe empezar con las divisiones sectarias del Estado, cuyas raíces se remontan al sistema de representación confesional heredado del imperio otomano y consagrado al final de la ocupación francesa en 1943 para fortalecer la representación de las comunidades drusas y cristianas. Los chiíes quedarían relegados cuando nació el Estado independiente en 1946 porque su población se concentraba en los campos del sur, alejada de los centros urbanos donde se tomaban las decisiones. Líbano es el país más plural y diverso de medio oriente, aunque a lo largo de las tres décadas posteriores a su fundación el equilibrio de poder basado en el porcentaje de población quedó anticuado ante el ingreso masivo de la población árabe palestina al sur del país. Hezbolá surge en el contexto de la guerra civil a principios de la década del 80’ para enfrentar la ocupación israelí y con el apoyo de la revolución islámica de Irán para la protección de la comunidad chií más importante por fuera de Irán e Irak. En su primer documento en 1985 (la carta a los oprimidos) consagra como su fundamento central el antagonismo con el ente sionista, que eran apoyados por los falangistas cristianos que co-gobernaban el país junto a los ocupantes y que realizaron masacres de refugiados palestinos en Sabra y Shatila en 1982.
Las consecuencias de estas divisiones sectarias se observan hoy en día en las posibilidades de actuación que dispone Hezbolá, único grupo armado paraestatal que mantuvo las armas luego de los acuerdos de paz en 1991 y que en gran parte de Líbano realiza las funciones propias de un Estado porque es el único que tiene capacidades económicas y operativas en el territorio del sur del país y en los barrios más poblados de Beirut. Por su parte, el gobierno líbanes hoy es encabezado por el presidente católico maronita Joseph Aoun, ex jefe de las Fuerzas Armadas Libanesas y Nawaf Salam, un primer ministro musulmán suní que fue presidente de la Corte Internacional de Justicia. Esta administración tomó la decisión de prohibir el brazo militar de Hezbolá, exigió la salida del embajador de Irán y pidió iniciar conversaciones de paz con Israel. Sin embargo, este gobierno ha sido incapaz de desarmar a Hezbolá durante el último año del armisticio y no puede asegurar su territorio ni la protección de su población, no puede obtener ningún compromiso por parte de Israel y no tiene posibilidad de enfrentar a Hezbolá sin iniciar una guerra civil que podría dividir las propias filas de las Fuerzas Armadas Libanesas.
La única posibilidad de enfrentar a Israel y expulsarlos como en el año 2000 y el 2006 es con el fortalecimiento de la resistencia armada que disuade el avance israelí mediante la fuerza y no con el llamado a la actuación de la comunidad internacional, como habitualmente hace el gobierno líbanes con sus gobiernos aliados en Francia y Arabia Saudita. Este camino se ha demostrado inconducente una y otra vez.
Movilización internacional antisionista
El alto al fuego también debería incluir un acuerdo serio respecto a detener la agresión sionista en la Franja de Gaza y Cisjordania. En Gaza la entidad colonial estableció una denominada línea amarilla con infraestructura militar, una barrera infranqueable que limita el 54% del territorio gazatí. Mientras tanto, en el territorio que efectivamente habitan los palestinos se consolida la presencia de Hamás como fuerza política y militar predominante, ante la falta de avances en el “plan de 20 puntos” de Trump, que forzaba el desarme de Hamás y la constitución de una nueva fuerza de seguridad multinacional. Según los datos disponibles, desde la entrada en vigor del alto al fuego las violaciones perpetradas por Israel dieron como resultado la muerte de 723 palestinos. Por otro lado, en la última semana la Knesset israelí aprobó la pena de muerte por ahorcamiento para los prisioneros palestinos detenidos en Israel, acusados de terrorismo por los tribunales militares y con una tasa de condena del 99%. Esta ley incluso podría aplicarse a los niños detenidos y dada la arbitrariedad en las detenciones, los malos tratos sistemáticos y el infanticidio en Gaza no se puede excluir esta intención cuando se sancionó la ley.
Esto es un apoyo a las operaciones de los colonos en Cisjordania que cometen actos de terrorismo contra una población civil que ni siquiera puede defender sus tierras, sus hogares y sus familias, puesto que toda medida de autodefensa es considerada terrorismo allí. Nunca está demás señalar que todo esto ocurre con la complicidad de una Autoridad Nacional Palestina que cumple el rol colaboracionista del ente colonial.
Este momento es clave para el futuro de medio oriente. Se abrió una ventana de oportunidad para imponer a Israel una nueva relación de fuerzas internacional para que cesen su agresión colonial y genocida. Es importantísimo que en todos los rincones del planeta se desarrollen amplias movilizaciones antisionistas contra la guerra imperialista. En estos días una nueva flotilla Sumud se está organizando para llevar ayuda humanitaria y romper el bloqueo israelí en Gaza. Muchos compañeros y compañeras viajaron desde Argentina y serán parte de esta gesta histórica para torcer el brazo genocida que hambrea a las infancias. Este 11 de abril en Buenos Aires movilizamos contra el genocidio del pueblo palestino, rechazando la guerra imperialista contra Irán y Líbano, para rechazar el apoyo que Milei brinda al sionismo. ¡No en nuestro nombre!
¡Abajo la guerra imperialista, viva la resistencia del pueblo iraní y libanés!
¡Palestina libre desde el río hasta el mar!
¡Por el derecho a la autodefensa de los pueblos, basta de injerencia colonial!
PRC, 10/04/26.




