El proceso de los obreros del neumático tiene una historia larga que es necesario reconstruir para poder entender qué es lo que está pasando en la actual coyuntura de elecciones sindicales.
En los años 2007 y 2008 el gremio estuvo profundamente movilizado, sobre todo en FATE, en una verdadera rebelión obrera antiburocrática, que tuvo, entre otras consecuencias, la recuperación de la seccional San Fernando de manos de la burocracia Bordó por parte de la vieja Lista Marrón que agrupaba a luchadores y activistas clasistas.
Esa experiencia de lista única como espacio de frente único, llegó a su fin en 2011, quedando varias listas con sus respectivos colores como espacios delimitados. Durante este segundo período la Lista Negra hegemonizó la seccional San Fernando, pero no el cuerpo de delegados.
En 2016 un frente de tres listas, la Negra, la Roja y la Granate, recuperaron el sindicato a nivel nacional, la seccional de Merlo y San Fernando. En este marco la Lista Marrón no participó del frente de recuperación, ni tampoco la Lista Gris.
El proceso de aquel primer mandato mostró los primeros límites para la construcción frentista de la Lista Negra, que hegemonizó la totalidad de los recursos del sindicato, negando incluso que compañeros de las listas Roja y Granate, que conformaban el frente, pudieran ir a las fábricas de Pirelli y de Bridgestone, o que tuvieran participación como miembros de la directiva en plenarios de delegados del gremio. Las reuniones de comisión directiva siempre fueron una formalidad, donde solo se discutía el temario impulsado por Crespo y no había lugar para iniciativas de las demás listas. De hecho una gran cantidad de trabajos y estudios con respecto a seguridad e higiene laboral (secretaría dirigida por la Lista Roja) fueron cajoneados, en parte por no ser iniciativas impulsadas por la Lista Negra y también por la poca predisposición de la Lista Negra para dar una pelea seria con respecto a salud laboral. El modo verticalista de conducir, donde sólo vale la voz de un número reducido de miembros de directiva, elegido a dedo por el secretario general, también queda de manifiesto cuando en estos 9 años sólo convocaron una vez sola a congreso de delegados, negándole, de esta manera, la voz a los delegados de base de cada sector.
La construcción de la Lista Negra siguió su viraje hegemonista llegando a las elecciones de 2021, en la cual condicionó cualquier tipo de acuerdo de frente único a la subordinación completa a su Lista, buscando imponer incluso el abandono de los colores propios. ‘Si quieren ser parte, pasense a la Negra’, fue la extorsión que impusieron y por la que ambas listas, la Roja y la Granate, quedaron afuera del frente con el que se recuperó el sindicato. Parece una obviedad tener que aclararlo: que existan diferentes agrupaciones no es un capricho, sino que expresa diferencias político sindicales que son sanas luego de casi dos décadas de experiencias y debates en un proceso de avance del clasismo. Impedir la conformación de frentes políticos clasistas no sólo es negar la propia experiencia del SUTNA, que se recuperó de ese modo, sino que también representa la negación de la mayor parte de las experiencias de lucha sindical antiburocrática en nuestro país.
En este marco es que en San Fernando se formó en 2021 el frente Roja-Granate-Marrón para enfrentar desde una perspectiva clasista los métodos cada vez más cerrados y poco democráticos de la Lista Negra, que con el pasar del tiempo se fueron profundizando: no convocar a plenarios de delegados a quienes eran delegados de otras listas clasistas, hacer “asambleas cortas” negando la palabra, etc. En este contexto, la Lista Gris se incorporó a la Negra siendo parte de la conducción nacional del SUTNA.
El clasismo no se negocia
Este año los manejos burocráticos de la Lista Negra cruzaron un límite para quienes somos clasistas: negociaron con la patronal, a espaldas de los trabajadores en FATE, un cambio de sistema de trabajo que se terminó aceptando luego de dejar pasar muchos despidos, aún cuando dos asambleas de laburantes votaron el rechazo. “Si hay despidos es porque los compañeros no aceptaron el cambio de trabajo que planteó la patronal”, llegaron a decir compañeros de la Negra utilizando un lenguaje que conocemos muy bien porque es el que manejan las burocracias sindicales. Para que se entienda claramente: en marzo de 2024 en FATE había 1450 obreros en cuatro turnos de trabajo. Tras despedir a 97 compañeros la patronal presentó un preventivo de crisis, que entre otras cosas planteaba la idea de pasar a 3 turnos de trabajo, es decir eliminar 500 puestos de trabajo. La patronal continuó con la política de apretar para que los compañeros arreglen, en una primera etapa diciéndoles que si no arreglaban, se los despediría con el 50% de la indemnización. La política de la Negra fue no solo hacer la vista gorda a ese accionar patronal, sino negociar, sin que los trabajadores supieran, el pasaje al sistema de trabajo de 4 a 3 turnos, hecho que implicaba la pérdida de esos 500 puestos de trabajo (con despidos directos o despidos indirectos como es el apriete para que los compañeros arreglen). Hoy en FATE quedan unos 900 trabajadores, y siguen los “arreglos”. En este accionar la lista Negra perdió la brújula definitivamente y por eso hoy es necesario refundar la experiencia de lucha, combativa y clasista que empezó en el gremio mucho antes de que la Negra fuera la dirección.
Este hecho, sumado a la derrota en Bridgestone con más de 500 despidos -fábrica en la que quedan sólo algo más de 200 afiliados al sindicato- y las disputas internas de la Negra, llevaron a la aparición de dos rupturas de esa misma lista: primero la Independiente -hoy Lista Naranja- y luego la Lista Azul, encabezada por Maxi Brunzuoli quien se ha mostrado con el ministro Correa de provincia de Buenos Aires.
Pero estas rupturas que aparecieron ahora no levantaron la voz ante los manejos burocráticos y hegemonistas de la actual Lista Negra todos estos años. De hecho fueron parte activa de esos manejos aún cuando hoy se quieran presentar como algo distinto. Los compañeros de la Azul directamente firmaron el balance de tesorería del gremio y al día siguiente salieron a decir que era “poco transparente”, lavándose las manos por lo que ellos mismos habían convalidado y firmado. Algunos dirigentes de la Naranja, por otra parte, son los mismos que hace dos años caían a la fábrica a apretar a compañeros que habían osado criticar o discutirle a Crespo.
Como venimos diciendo desde hace varios años, el proceso de lista única en donde una o dos caras deciden por todos sin dejar participar a nadie está agotado hace tiempo, aún cuando el Partido Obrero sostuvo esa política con la Lista Negra y con quienes hoy salen a denunciar como “traidores”. Muchos de los dirigentes de la Azul como la Naranja y la Gris, aceptaron los condicionamientos de la Negra y se subordinaron bajo la consigna de “Crespo Conducción”. Pero además, acompañaron parte de la política de deserción del gremio en FATE que dejó correr los aprietes constantes de la patronal para los despidos encubiertos bajo los “arreglos”, condición indispensable para cambiar el sistema de trabajo, básicamente limpiar un turno completo, para hacer la misma producción con un cuarto menos de los obreros.
Las elecciones actuales
En este marco, y con un gremio disminuido por la ferocidad del ataque de las tres patronales del neumático, que disminuyó un tercio de los afiliados del sindicato, llegamos a las elecciones de este año.
A nivel nacional se presentan varias listas. La Lista Negra, como expresión de la continuidad de la actual conducción del gremio. Por otro lado se presenta la Naranja-Marrón, es decir, un sector de la negra con la lista del N-Más. Y por otro lado la Azul-Gris, es decir un sector de la negra con el MST. Obviamente también se presenta lo que queda de la vieja burocracia Violeta de Wasiejko. La Naranja sumó algunos compañeros muy valiosos, que incluso están peleando la reincorporación, pero lamentablemente ese espacio es dirigido por quienes en su momento fueron fundamentales para consolidar “el método” de la Lista Negra. Los compañeros que honestamente se fueron con la Naranja, por querer “ sacar a la Negra”, deberán hacer su experiencia. Pero para que las cosas cambien en favor de los intereses de los trabajadores, no se puede hacer un recambio de la mano de quienes fueron cómplices de este enorme retroceso. Incluso la Marrón, de forma oportunista, terminó a último momento haciendo alianza con la Naranja por unos cargos, rompiendo de esta manera el frente Roja/Granate/Marron que tenía ya 4 años de existencia. En vez de querer asentar un polo clasista, se definieron por ir a la cola de dirigentes que fueron parte del proceso de descomposición que critican.
Como resultado de la descomposición de la Lista Negra es que aparecen entonces tres listas, todas con cargos en la actual directiva, porque todos rompen pero nadie renuncia: mantienen sus cargos y rentas. Entendemos que ninguna de estas listas representa la posibilidad de refundar como es necesario el SUTNA, partiendo de una modificación general de las prácticas de construcción sindical, involucrando al conjunto del activismo obrero y empoderando a los propios trabajadores, peleando por salario, por reincorporaciones y por la modificación del estatuto.
En la Seccional San Fernando tenemos compañeros que son parte de la Lista Roja, que, junto con la Granate, conformaron el Frente Roja-Granate. Estas dos listas fueron claves en el proceso de recuperación de la seccional San Fernando en 2008 y del SUTNA en 2016, pero sobre todo las únicas listas que fueron consecuentes denunciando los vicios cada vez más profundos de la Negra pero sosteniendo la pelea con un solo puño cada vez que hubo que enfrentar a la patronal. Los integrantes de la Lista Roja-Granate son compañeros que han sido delegados, miembros de directiva del SUTNA, pero que también han vuelto a la máquina cuando terminó su mandato, y que aún sin tener fueros gremiales, desde ese lugar estuvieron en la primera línea en las luchas del 2022 o reclamando para que se pelee decididamente contra los despidos. Está lista de unidad también es integrada por el compañero Rubén Alegre (Manotas), agrupado en la Granate, que no solo pelea por su reincorporación hace 1 año y medio, sino que también se organiza para ser una alternativa clasista en el gremio.
Hoy es tiempo de volver a poner en pie un gremio clasista y combativo, que no se asuste frente a la patronal o la lluvia y que no esté liderado por oportunistas, para refundar el sindicato sobre la base de la organización obrera en planta, con presencia real en la línea de producción activando por los problemas cotidianos de los trabajadores y enfrentando los aprietes patronales constantes que se viven en la fábrica.
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