Negociaciones y un nuevo equilibrio de poder en medio oriente

Desde el sábado 11 se desarrollan dos negociaciones por la paz en medio oriente: una entre Irán y Estados Unidos con sede en Pakistán y otra entre Israel y Líbano con sede en Washington. Concluída la primera ronda de negociaciones entre EEUU e Irán cada delegación mantuvo sus exigencias y tras la falta de acuerdo regresaron a sus países. Si bien el frágil alto al fuego continúa, la novedad es que el bloqueo de EEUU al control iraní en el estrecho de Ormuz encontró dificultades diplomáticas para establecerse y fue el propio Irán quien decidió abrir el paso por el estrecho, con una baja en el precio internacional del petróleo. Las negociaciones se reanudarán en los próximos días, según adelantaron distintos medios.

La incertidumbre se prolonga, aunque Irán ha demostrado firmeza para defender sus intereses y flexibilidad para negociar, por ejemplo, con una propuesta de “congelar” su programa nuclear durante cinco años, así como la reducción de los niveles de enriquecimiento de uranio y abriendo el Estrecho de Ormuz. Para Irán es prioritaria la preservación del programa nuclear, el levantamiento de las sanciones, el pago de reparaciones, junto con la vinculación de la retirada de las bases estadounidenses y los acuerdos en Líbano.

Mientras que en la “negociación” entre los Estados de Israel y Líbano, que excluye la presencia de Hezbolá, es previsible que imponga condiciones Israel. A cambio de dar un alto al fuego obtendría el reconocimiento como Estado soberano, así como el compromiso de perseguir el desarme de Hezbolá, aún cuando el Estado libanes no tenga las condiciones para alcanzar tal objetivo sin desatar una guerra civil. 

Negociaciones cruzadas en Islamabad y Washington

Tras un día de intensas negociaciones en la capital pakistaní, encabezadas por el vicepresidente JD Vance en el lado estadounidense y por el ministro de relaciones exteriores Abbas Araghchi y el presidente del parlamento Mohamad Baqer Qalibaf en el lado iraní, ambas delegaciones se retiraron de Islamabad proclamando tener una ventaja en caso de una reanudación de los ataques. Las negociaciones concluyeron sin un acuerdo porque ambos sostienen sus exigencias, lo cual era previsible en una primera ronda.

Cómo sostuvimos en otras notas (aquí y aquí) el control del Estrecho de Ormuz, el costo asimétrico de la guerra, el estrangulamiento en la producción de misiles para la defensa antiaérea en contraposición a las facilidades en la producción de drones Shahed e incluso la victoria en la narrativa en las redes sociales – comparando las viejas formas de comunicación en Truth social, incluída su foto mesiánica, con las historias de LEGO iraníes –  brindan suficiente margen de maniobra a la delegación iraní para asumir el riesgo de un nuevo intercambio de golpes con Washington y mantener la firmeza en las negociaciones. El tiempo favorece a Teherán, quien asume menos costos por la prolongación del conflicto. Trump ya no dispone objetivos tácticos de mayor importancia, pues junto con Israel ha bombardeado puertos, escuelas, universidades, estructuras energéticas civiles como refinerías y de importancia militar, como plantas nucleares, asesinado a los miembros más destacados del gobierno, de las fuerzas militares, policiales y de inteligencia, etc. No obstante, la descentralización del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) en las operaciones que desarrolla Irán permite mantener el pulso del combate en relación a un plan previamente establecido. 

La amenaza de “borrar a toda una civilización” no resulta creíble, por lo cual Trump ha decidido una importante maniobra para tender un cerco al control iraní sobre el estrecho. Desde el lunes EE UU impone un bloqueo naval en el Golfo de Omán, en teoría esto es impedir el paso de los pocos petroleros que la IRGC permitía circular, buques que se dirigían principalmente a China, India y Pakistán. Trump quiere demostrar que en última instancia el control de los mares es de Estados Unidos y si no pueden circular todos no circulará ninguno, dejando el libre comercio a un lado. En realidad, esta maniobra en la periferia del campo de batalla es una puesta en escena para dar un mensaje directo a China: que presionen a sus socios iraníes y acepten dar concesiones que hagan menos deshonrosa la retirada de Estados Unidos de la región. No obstante, distintos medios informan que hay buques petroleros que continúan transitando en Ormuz con la autorización de Irán mientras el Comando Central de Estados Unidos informa que el bloqueo a los puertos iraníes es completo

Mientras el petróleo con destino a China fluye, el que podría detenerse es el de Arabia Saudita. Según The Wall Street Journal, el reino está presionando para que EEUU levante el bloqueo y vuelva a la mesa de negociaciones debido a las represalias que podría tomar Irán cerrando el estrecho de Bab al-Mandeb, vía que ya han bloqueado los hutíes entre 2024 y 2025 en solidaridad con Gaza. Este sería un importante cambio, puesto que los saudíes habían recuperado los niveles de exportación previos al bloqueo en Ormuz transportando su crudo por oleoductos hasta el Mar Rojo y ejercían presión para que Trump continuará la guerra hasta lograr un cambio de régimen en Irán. 

En el caso de la negociación entre el Estado de Israel y el de Líbano, excluyendo a Hezbolá que es el objetivo a desarmar por ambas entidades, el protagonismo de estas conversaciones lo asumen Estados Unidos y Francia, aunque claramente lo que ocurra en Washington depende de la suerte de la negociación en Islamabad. De hecho, Macrón realizó una propuesta hace semanas para poner fin a la guerra en Líbano que incluía el reconocimiento de Israel. Por su parte, el presidente cristiano maronita libanes, Joseph Aoun, pidió en reiteradas oportunidades un acuerdo a Netanyahu, quien ni siquiera tuvo la diplomacia en responder el mensaje.

No se puede disociar que la propuesta de “negociaciones de paz” sin un alto al fuego real, puesto que Netanyahu siempre invoca la posibilidad de realizar medidas necesarias en “legítima defensa”, sólo se consiguió por la resistencia del pueblo líbanes, en conjunto con la lucha del frente común que Hezbolá e Irán forjaron en los campos de batalla. Por ello el esfuerzo tanto de los gobiernos de Israel como Líbano es separar tanto en la narrativa como en los hechos las negociaciones. Que lo que se decida en Islamabad no incida en Washington significaría que Irán ha abandonado a su suerte a Hezbolá y es la carta que juegan Israel y Líbano. A su vez, el secretario general de Hezbolá rechazó cualquier acuerdo que surja en Washington y calificó al gobierno libanes como un instrumento para implementar los deseos de Israel, que solo pretende devorar el país y aniquilar su resistencia. El diálogo y las concesiones gratuitas “representan la capitulación”. Por lo pronto, la población civil está regresando a sus hogares en el sur mientras el Ejército Líbanes denuncia violaciones en el alto al fuego acordado de parte de Israel. Esto no es novedad. En los 15 meses que duró el alto al fuego desde noviembre de 2024 al menos 397 libaneses fueron asesinados por Israel. 

Cuando el 02 de marzo Hezbolá decidió responder al asesinato del ayatolá Khamenei abriendo un frente de batalla más amplio para Israel en Líbano, también fue una respuesta a los ataques en el propio territorio. Sin embargo, no despertó entusiasmo en una población civil que no se recupera de la crisis económica que azota el país, agravada especialmente desde octubre de 2019 en el contexto de una “intifada libanesa” contra el pago de la deuda externa y que tuvo repercusión mediática internacional por la creación de un impuesto a Whatsapp, acompañada de una devaluación en un 90% de la moneda. Ahora el gobierno se encuentra en conversaciones para obtener asistencia financiera del FMI por unos 800 a 1000 millones de USD. Cuando en agosto de 2020 explotó el puerto de Beirut, el problema para Hezbolá es que formaba parte del gobierno y en la administración del puerto, generando desconfianza y críticas por corrupción. Mientras que su papel como resistencia armada y en la reconstrucción del país suele reportarle prestigio y legitimidad, tal como sucedió en el 2000 y en 2006,  la última ronda de combates de 2024 no tuvo el mismo efecto. Muchos se preguntaban si tenía sentido brindar apoyo a Irán y Palestina, cuando la invasión obligaba una vez más a abandonar los hogares a más de un millón de civiles y más de 2.000 personas serían asesinadas en ataques israelíes contra el Líbano. Más de 300 de esas víctimas civiles fallecieron en el bombardeo del 8 de abril. 

Según trascendidos a la prensa, fue la presión de Estados Unidos a Israel (luego de la firmeza iraní) la que finalmente forzó una concesión por parte de Netanyahu, el llamado a iniciar conversaciones de paz “inmediatamente” a pesar de ningunear al gobierno libanes por semanas. EEUU se encuentra ahora en una situación similar a cuando negociaba su retirada en la guerra de Vietnam: imponer condiciones tanto al enemigo como al amigo que pretende boicotear las conversaciones y ya sabemos el resultado de la “vietnamización” de la guerra. Por su parte, Israel estimula el conflicto en las entrañas de Beirut, impulsando las divisiones sectarias con la persecución de los refugiados chiíes que huyen desde el sur, demostrando que está dispuesto a bombardear otras regiones de la ciudad a las que suele habitar esta comunidad (Al Danniyeh) para que no sean alojados por cristianos, drusos y suníes.

Netanyahu anunció que Israel permanecerá en los territorios al sur del Río Litani por la vía de los hechos consumados, en una franja de seguridad de 10 km que está arrasada. Israel podría bajar la intensidad de sus ataques, con violaciones sistemáticas que nadie penaliza y delegar la actividad principal una vez más al Estado líbanes y la UNIFIL (Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano) para enfocar sus fuerzas en otros escenarios. Aunque esta perspectiva no convence a la dirigencia israelí, porque han comprobado en el terreno durante los últimos 15 meses de “alto al fuego” que el gobierno de Líbano evadió sus compromisos respecto al mandato de la resolución 1701 de la ONU para evitar el conflicto con Hezbolá y preferían encargarse de esta vez sí eliminar a Hezbolá.

Un funcionario libanes en condición de anonimato confesó “las conversaciones que tendrán lugar entre Líbano e Israel son francamente inútiles, porque quienes las llevan a cabo en nombre de Líbano no tienen ninguna capacidad de negociación”. Claro está que las únicas negociaciones que puedan llevar a la paz en Líbano son las de Islamabad. Por su parte, Naim Qassem aseguró que “la Resistencia continuará su lucha hasta el último aliento” y exhortó al gobierno libanes a no dar concesiones innecesarias en las negociaciones.

El  gobierno líbanes, lejos de enfrentar la agresión armada en la capital y contra su población civil, encomendó a sus fuerzas armadas liberar la ciudad capital de la presencia de Hezbolá. Mientras que sectores del propio gobierno y las fuerzas armadas libanesas se oponen a un desarme, que abre la perspectiva de una guerra civil donde Hezbolá defenderá su derecho a mantener las armas como único recurso disuasorio al avance israelí, el objetivo inmediato es debilitar a la milicia e ir preparando a la opinión pública para el posible enfrentamiento entre el Estado y Hezbolá. Ya en 2008 hubo un momento similar luego de la salida de Siria e Israel del país, cuando el vacío de poder en Beirut llevó al recrudecimiento de las tensiones interconfesionales. En aquel momento la participación de la clase obrera libanesa con una huelga general y los enfrentamientos armados en las calles de Beirut llevó a que el jefe de las fuerzas armadas libanesas asumiera el poder. En esa coyuntura fue Hezbolá quien cedió para no dejar al Líbano a merced del proyecto sionista tensando aún más la cuerda, en la previa de lo que serían las primaveras árabes. 

La salida frente a la agresión imperialista y sionista para los pueblos oprimidos y explotados de la región es la unidad en la resistencia movilizada en todos los niveles de combabte. Confiar en Hezbolá o el régimen iraní como las principales cabezas de la resistencia obtura la perspectiva socialista, única salida real frente a la barbarie capitalista que encarna el eje Estados Unidos e Israel.

¡Toda la solidaridad con la clase obrera y el pueblo del oriente medio en lucha!

¡Fuera el imperialismo yanki sionista!

PRC, 19/04/26.

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