Reconfiguración de alianzas en medio oriente

La guerra ha acelerado procesos y una reconfiguración de alianzas, donde distintos actores asumieron la mediación en las negociaciones y establecieron un eje de poder. Nos referimos especialmente a los gobiernos suníes de Pakistán, Turquía y Arabia Saudita que presionan tanto a Irán como a Estados Unidos para volver a la mesa de negociaciones, aún luego que ocurra el vencimiento del alto al fuego.

Por otra parte, se profundizan las acusaciones diplomáticas entre Israel y Turquía que llegaron al punto de un intercambio entre Erdogan y Netanyahu acerca de quién apoya al terrorismo y tiene las manos manchadas de sangre. En esta nota exploramos la reconfiguración de las relaciones entre las potencias y estos países.

Los ministros de Asuntos Exteriores de Pakistán, Arabia Saudita, Egipto y Turquía se reunieron en Islamabad © – / Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán/AFP

Protagonismo del eje suni

En el caso de la negociación de los Estados Unidos e Irán, los países implicados como mediadores directos son Pakistán, Turquía y Egipto, con el reconocimiento de Donald Trump que probablemente China esté detrás presionando a Irán a aceptar un alto al fuego. Las expectativas fueron bajas en la primera conversación, con diversas violaciones a la tregua mencionadas, con la distancia entre los 10 puntos de Irán y el supuesto acuerdo que Washington no difundió, todos los contendientes afirmando tener la mano en el gatillo, la tarea realizada por Pakistán destaca con las visitas del ministro de relaciones exteriores en Teherán, al príncipe heredero saudí en Riad y al presidente Erdogan en Ankara, manteniendo las conversaciones con las distintas delegaciones diplomáticas y con EEUU. La novedad de la fecha es que Irán ha rechazado sumarse a una nueva ronda de negociación mientras Estados Unidos continúe el bloqueo en el Golfo y la agresión a las embarcaciones que transportan petróleo iraní, mientras que, por su parte, Donald Trump prorrogará las negociaciones, según anunció en su red Truth Social

Si bien las perspectivas del alto al fuego son frágiles, es interesante detenerse brevemente en caracterizar las capacidades de los mediadores, teniendo en cuenta que tanto Pakistán como Turquía firmaron un acuerdo de seguridad con Arabía Saudita. ¿Por qué esto es importante? Pakistán es un país con capacidades nucleares desde 1998 por lo cual se considera que esta alianza puede disuadir un ataque a los saudíes, estableciendo una cláusula de mutua defensa, similar a la OTAN. Mientras que Turquía es miembro de la OTAN y cuenta con el segundo ejército más grande en aquella alianza. Si bien esta alianza tiene una cercanía histórica con Estados Unidos, todos ellos son países musulmanes que tienen interés por la estabilidad en la región y que diversifican su política de defensa. 

Pakistán

Pakistán, sin dudas, es quien ha tomado el mayor protagonismo en las últimas jornadas de negociaciones e Islamabad fue el punto de encuentro entre iraníes y estadounidenses el sábado 11. Este país ha tenido una fuerte presencia en la agenda internacional en los últimos meses: unos días antes de la agresión estadounidense-israelí a Irán, en la frontera oriental de los persas se inició un conflicto de corta duración entre los talibanes afganos y el gobierno de Pakistán porque los primeros brindaban apoyo al terrorismo en la zona limitrofe. China es mediador en la disputa entre Kabul e Islamabad para el armisticio y también es un fuerte respaldo para la capacidad de mediación pakistaní entre Washington y Teherán. Mientras que Irán también se ha visto implicado en otras escaramuzas con Pakistán hacia principios de 2024, atacando a grupos separatistas baluchis en el otro lado de la frontera, por lo cual tanto Irán como Pakistán tienen una historia reciente bastante compleja hacia sus vecinos. Por otro lado, ambos tienen una alianza estratégica con China por el interés que despierta la Iniciativa de la Franja y la Ruta que atraviesa sus territorios. 

Hablar de Pakistán es también hablar de India, su histórico rival desde la independencia de ambos países en 1947. En ese año la partición del Raj británico llevó a una crisis política y de violencia sectaria, con el desplazamiento de 15 millones de personas y un millón de muertos. El conflicto por la región fronteriza de Cachemira se mantiene casi 80 años después y también incluye una pequeña parte de la región China, donde se sucedieron las guerras de 1947, 1962, 1965 y 1999, incidentes fronterizos y grupos paramilitares por ambos bandos. La última operación militar con bombardeos estratégicos se produjeron en mayo de 2025, luego que el grupo “Frente de Resistencia” realizará un atentado terrorista en la parte de Cachemira bajo dominio de India. En respuesta la fuerza aérea de este último actuó contra la infraestructura militar de Pakistán. Al firmar el alto al fuego, el primer ministro Shehbaz Sharif agradeció tanto a Donald Trump, a China y Arabia Saudita, entre otros. 

Turquía

Respecto a Turquía, aunque tiene experiencia en el ámbito de las negociaciones internacionales que albergó entre Rusia y Ucrania, mantiene relaciones complejas tanto con Israel e Irán porque es un contendiente frente a ambos proyectos de hegemonía regional: Turquía intervinó en la guerra civil de Siria apoyando a las milicias yihadistas que enfrentaron al gobierno de Bashar al Assad [apoyado por Rusia, Irán y Hezbolá] las comunidades autónomas kurdas del norte [apoyadas por EEUU] y a las comunidades drusas que habitan el sur [apoyadas por Israel]. Tras una rápida ofensiva de dos semanas, el grupo HTS de Ahmed al-Sharaa llegó al poder en noviembre de 2024 y avanzó a lo largo de 2025 en la recuperación para Damasco de los territorios que gobernaba la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria, cuyo grupo más importante (Unidades de Protección Popular, YPG) derrotó a ISIS en la ciudad estratégica de Kobane. Ya volveremos a hablar en una próxima nota de la guerra civil Siria y de la lucha de Erdogan contra el pueblo kurdo, causa fundamental para el gobierno de Ankara es que considera terrorista a su partido más importante (el PKK) y mantiene en prisión al líder Abdullah Ocalan desde 1999, quien fue en arrestado en operativo conjunto de los servicios de inteligencia de Turquía, Israel y de EEUU. 

En el actual conflicto Turquía percibe como algo contrario a sus intereses el debilitamiento de Irán, especialmente por la cuestión kurda. Las declaraciones de Trump acerca de brindar apoyo a una ofensiva de combatientes kurdos iraníes que se encuentran en las fronteras de Irak, Irán y Turquía encendió las alarmas en la diplomacia turca y el ministro de relaciones exteriores se expresó contrario a la guerra. Por aquellos días iniciales algunos misiles cruzaron el límite de la frontera turca, asegurando Aragchi que Irán no los había lanzado y que eran un ataque de falsa bandera para forzar el ingreso de la OTAN a la guerra. 

Las relaciones de Ankara y Tel Aviv están en un punto bajo desde que Erdogan criticará a Israel por el genocidio en Gaza. Ya en 2010 hubo fuertes tensiones por el asesinato de 10 activistas (todos ellos turcos) de una flotilla humanitaria que partió desde Estambul para llevar toneladas de alimentos y medicina a Gaza. En las últimas semanas las tensiones se reavivaron cuando el ex primer ministro israelí, Naftali Bennet, señaló en más de una oportunidad que Turquía es el próximo objetivo de Israel pues conforma una amenaza a la seguridad nacional, siendo el único miembro de la OTAN que no considera a Hamás un grupo terrorista, mientras que el jefe de los fiscales turco acusó a Benjamin Netanyahu y otros funcionarios israelíes por la operación militar contra civiles de la última flotilla Sumud en aguas internacionales, pidiendo una pena de miles de años para cada uno por los crímenes cometidos. Netanyahu, además, ya tiene una orden de detención en Turquía por el genocidio emitida en noviembre de 2025. En respuesta, fue el propio criminal de guerra quien acusó a Erdogan por complicidad con Teherán y por la persecución del pueblo kurdo, iniciando un intercambio de tweets y mensajes de cancillería. 

Si quisiera escalar el conflicto, Erdogan dispone una opción mucho más sencilla y que fue señalada por el movimiento internacional por el Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel (BDS) puesto el 40 % del petróleo que se consume en Israel proviene de Azerbaiyán, a través de un oleoducto que atraviesa y se exporta desde el puerto de Ceyhan, Turquía. Nada más sencillo que cerrar el grifo en el contexto de ataques y denuncias, aunque seguramente esté preparando el terreno para cuando surja la oportunidad o frente a un ataque en Siria mucho más fuerte por parte de Israel. 

Mapa que muestra las líneas de energía actuales y posibles desde Turquía (MEE).

Por otra parte, Siria se encuentra abriendo luego de una década una frontera clave con Irak (Al-Yaaroubiya). Esto permitirá que el gobierno central de mayoría chií (Bagdad) pueda exportar el petróleo iraquí de la región kurda de Erbil, cuyo clan dirigente – Barzani – se encuentra enemistado con los kurdos del norte de Siria, por lo cual se podría evitar esa intermediación y también superar el cierre del estrecho de Ormuz, a través del puerto de Ceyhan en el mediterraneo turco. Punto a favor de Ankara abriendo esta ruta comercial.

Tres proyectos en competencia

La clave de todo esto es que chocan tres proyectos hegemónicos y expansivos en la región, el “gran Israel” de Netanyahu, el neo otomanismo de Erdogan y el eje de la resistencia chíita. Según el ex director del Centro Nacional de Contraterrorismo de los Estados Unidos, Joe Kent, la crisis en la OTAN provocada por las amenazas de Donald Trump de abandonar la alianza podrían tener la motivación de apoyar a Israel en su próxima aventura bélica contra Turquía. Si bien parece improbable que esto ocurra en el corto plazo, hubo varios ataques preventivos de Israel contra Siria para destruir capacidades militares apenas tomó el poder Ahmed al-Sharaa en noviembre de 2024. Ahora Netanyahu afirma que su ocupación del sur líbanes se extenderá hasta el límite sirio, continuando con la ocupación de un mayor territorio en los Altos del Golán y con ataques en Al Sueida, con el argumento de proteger a la comunidad drusa y garantizar la desmilitarización de la frontera con Siria. Por su parte, esta semana Turquía e Italia, además de criticar al gobierno israelí, firmaron un acuerdo de venta de drones navales, expandiendo el mercado de exportación europeo en medio de la incertidumbre de la relación entre miembros de la OTAN. 

La posibilidad de una ampliación del conflicto se encuentra siempre latente, de ahí la importancia que Turquía, Pakistán y Arabia Saudita fortalezcan una alianza disuasoria. No obstante, tanto Erdogan como distintos gobiernos de Europa y el golfo continúan diversificando sus políticas de defensa. Para los revolucionarios de Argentina y de todo el mundo es clave observar la dinámica de reconfiguración de alianzas estatales entre las potencias y en medio oriente, para predecir cómo podría continuar la guerra actual y qué países podrían sumarse, así como evaluar las oportunidades estratégicas que podría abrir el empantanamiento de la guerra imperialista.

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