La coyuntura argentina está atravesada por un nuevo escándalo de corrupción. En el gobierno nadie da explicaciones sobre la vida de lujo que en dos años y medio de gestión se da el ahora jefe de gabinete Manuel Adorni. Buena parte de la agenda mediática y política gira hoy alrededor de esto, un Adorni que pasó de ser una de las caras visibles del corazón del mileismo a convertirse en figura emblemática de las contradicciones del gobierno. A la par, se acentúa el deterioro social, marcado por caída del salario real, precarización laboral y aumento de la desigualdad. En una entrevista reciente, el presidente afirmó «Adorni no se va ni en pedo». ¿Será que el despilfarro del jefe de gabinete es apenas la punta del iceberg de los chanchullos que tiene la pandilla que gobierna? ¿Será que el escándalo de los departamentos, la casa en el country y los viajes de lujo sirven para llevarse la atención para no atender el enorme malestar creciente? ¿O serán ambas?
La “nueva casta”
Por un lado, el episodio expone algo más profundo que una polémica individual: muestra cómo la autodenominada “anti casta” terminó (re)produciendo su propia burocracia política, mediática y empresarial. Recordemos que el oficialismo llegó al poder presentándose como una ruptura radical con el viejo sistema político. Esta narrativa libertuda se apoyó en el rechazo a los políticos tradicionales, la denuncia del privilegio estatal y promesa de terminar con los privilegios del poder. Sin embargo, a dos años y medio de mandato, el gobierno construyó una nueva estructura de privilegios y enriquecimiento. Como angurrientos sueltos en tenedor libre, muchos funcionarios oficialistas están dados a la tarea de rapiñar todo lo que puedan mientras les dure la fiesta: viajes en aviones privados, préstamos millonarios financiados a tasas ridículas por el Banco Nación, ubicar a famialiares en cargos de importantes sueldos, vincularse con operadores mediáticos, beneficiar con desregulaciones y políticas económicas concretas a empresarios y especuladores financieros amigos.

Así y todo, el caso Adorni se volvió sintomático porque concentra varias dimensiones. Él mismo concentró la referencia de la palabra oficial en la comunicación política, la utilización intensiva del aparato estatal para construcción de imagen y la creciente distancia entre discurso antisistema y práctica gubernamental. Por esto mismo, la figura del vocero convertido en jefe de gabinete representa, para amplios sectores sociales, la cristalización de una paradoja: quienes prometían destruir la casta parecen estar construyendo una nueva.
Crisis social y deterioro de las condiciones de vida
Mientras la agenda pública se concentra en escándalos políticos, la situación material de millones de trabajadorxs ocupadxs y desocupadxs empeora aceleradamente.Los salarios continúan perdiendo frente a la inflación, persisten los cierres de fábricas, siguen las suspensiones y despidos tanto en privados como en estatales y crece el empleo informal. A la par, el pluriempleo y el aumento de horas trabajadas hace que cada vez podamos disponer menos de nuestras propias vidas para el esparcimiento y el descanso.En muchos sectores, incluso con empleo formal, el ingreso ya no garantiza condiciones mínimas de reproducción social. El fenómeno del “trabajador pobre”, que ya había comenzado con el gobierno de los Fernández, se sigue expandiendo.Esto explica en parte el nuevo fenómeno que golpea con fuerza a la clase trabajadora, como es el endeudamiento récord de las economías familiares.
Endeudamiento y mora en los pagos de compra de artículos básicos como comida o ropa. El momento recesivo de la economía se palpa en la calle con comercios vacíos, el cierre de locales, la promoción de descuentos hasta en las más pequeñas compras con tal de concretar una venta.
El humo de Adorni
Sectores industriales muestran retracción sostenida, mientras comercio y servicios absorben empleo cada vez más inestable. La idea oficial de que el mercado “acomodará” la economía se choca con las consecuencias reales del programa económico de gobierno: jugar todas las fichas a la producción de energía (gas y petróleo) y a la valorización financiera. Esto no puede tener otro resultado que una súper concentración de las ganancias, poca capacidad de generar empleo, con el lógico empeoramiento de las condiciones de vida para las mayorías.Desde una perspectiva estructural, el actual programa económico no apunta en absoluto al desarrollo industrial. Lo vemos no solo en la apertura total de importaciones, sino en el ahogamiento de la ciencia, el Inti, el Inta, en la falta de mantenimiento de rutas nacionales y de todo tipo de obra pública en infraestructura. Pero además el problema es advertido por distintas fracciones capitalistas que, con tal de obtener beneficios como la reforma laboral o una política de salarios planchados, soportan que el propio gobierno los insulte públicamente. Sin embargo, al no ver mayores resultados de recuperación, algunas de estas fracciones, comienzan a cuestionarse la continuidad del proyecto con la figura del «presiduende».
No se aguanta más
La transferencia de ingresos es visible: caída del salario y aumento de rentabilidad del gran capital. Lo que el discurso oficial presenta como “saneamiento económico”, socialmente implica una redistribución regresiva de riqueza. El empeoramiento de las condiciones de vida de las mayorías avanza de la mano del ajuste neofascista y patronal.Pero también, lo hace la bronca.
Esto se expresa en dos fenómenos: uno regresivo, que tiene que ver con el aumento de distintas formas de violencia en la vida cotidiana de nuestros barrios, en nuestras escuelas, en el transporte público, en la calle. Pequeños estallidos de enojo despolitizado que se conjugan e imbrincan con la violencia machista u otras formas que expresan la descomposición social. Desde luego no estamos lavando las responsabilidades individuales, sino que ponemos de relieve que cuando las condiciones de explotación se agudizan y la vida de las masas empeora, los vínculos sociales se resienten, se descomponen, se pudren.
Es importante no perder esto de vista, porque cualquier propuesta para enfrentar estas cuestiones deben ir de la mano de una crítica al sistema capitalista patriarcal en su conjunto.Pero, por otro lado, hay una tendencia progresiva que comienza a desarrollarse con más fuerza en algunas provincias como Catamarca, Chubut, Río Negro, Córdoba. Allí se expande el fenómeno de las movilizaciones masivas, sobre todo de estatales y docentes, por cuestiones salariales o en contra de la minería contaminante y en defensa del agua. Masivas marchas de antorchas, cortes de ruta, bloqueo de las casas de gobierno provinciales, escraches a políticos y enfrentamientos con la policía comienzan a ser escenas cotidianas que debemos apoyar como expresión colectiva de la rabia, que se traduce en lucha contra el ajuste. Incluso manifestaciones de fuerzas policiales van en el mismo sentido. La misma policía rastrera que pide más salario para luego reprimir a sus vecinos laburantes, no deja de ser un indicador de la crisis. El humo de la corrupción de Adorni es tan burdo como indignante, pero a la vez funcional para tapar esta otra realidad.
La oposición estéril
Al mismo tiempo la saturacion en los medios de comunicación sobre las internas oficiales y opositoras, refuerza una percepción desmovilizadora en la cual pareciera que la estabilidad del gobierno se dirime en las intrigas palaciegas del triángulo de hierro, carpetazos, traiciones y alianzas, en donde la movilización popular no juega ningún papel. Reforzando el paradigma del peronismo y kircherismo que apostaban a las negociaciones entre cupulas para satisfacer las demandas sociales, que al no apoyarse en la movilización social, siempre fueron en detrimento de la clase trabajadora, adjudicándose tibios logros mientras que las verdaderas conquistas de ampliación de derechos fueron conseguidas mediante la movilización y lucha en la calle. Hoy las conducciones peronistas y kircheristas son incapaces de llamar a una resistencia popular tanto por su propia tradición de rosca por arriba, como por la falta de referentes que unifiquen sus propias internas.Ya genera cansancio señalar una y otra vez «la plancha de la CGT»… Las conducciones peronistas al frente de las centrales son totalmente cómplices del ajuste por su inacción.
El escenario de la lucha de clases deja planteada la obvia necesidad de unir las luchas sectoriales, de desarrollar asambleas para discutir un plan de lucha escalonado y el paro general como herramienta para golpear el bolsillo de los patrones. Lejos de esto, la conducción peronista oscila entre la rosca para esperar las elecciones del ’27 y la vía judicial para frenar lo que no quieren hacer movilizando. Inyectan desmoralización en sus bases diciendo que «no da la correlación de fuerzas» y no hacen absolutamente nada por revertirla.
Unir las luchas
Con este escenario así planteado, queda en manos de la izquierda dar visibilidad a las luchas que se están dando con organización y movilización de la sociedad y recuperar el protagonismo del pueblo trabajador en la política, poner a los distintos actores sociales en el centro de la política y no como espectadores pasivos de la rosca del parlamento o los armados electorales.
Por eso desde el PRC promovimos la unidad del 1° de Mayo en una acción con los obreros de Fate en lucha. Un conflicto que expresa con mucha claridad todos los elementos de contradicción de clase en la situación política nacional: otra forma de enfrentar al gran capital, que sí se puede resistir, que la política económica de Milei solo trae más desocupación, precarización y empobrecimiento, que no podemos esperar mucho más que palabras de «buenas intenciones» de las conducciones peronistas. Creemos que lo correcto hubiese sido que todas las expresiones clasistas y de izquierda, con sus representaciones y dirigentes reconocidos, confluyésemos allí con un gran acto obrero que plantee una perspectiva combativa y de enfrentamiento frontal con los planes del gobierno. Una actitud así hubiese sido también una referencia para el conjunto de la clase obrera y el pueblo pobre que a más de dos meses de iniciado el conflicto, ve con gran simpatía la lucha de los trabajadores de Fate.

Aunque fue una oportunidad perdida, sostenemos que, mientras desarrollamos la lucha por recuperar nuestros sindicatos, esa debe ser la perspectiva: avanzar en la construcción de un Frente Único político que contenga a todas las organizaciones revolucionarias que defendemos la independencia de todas las facciones patronales y que estamos por una salida socialista de la crisis de la mano de un gobierno obrero y popular.
PRC 9/5/26.