Suenan campanas de guerra

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Los grandes capitales saben que, en tiempos de crisis, el capital más grande destruye al más pequeño.

En la segunda guerra mundial, aplicando la industrialización a la guerra, desarrollaron la más perfecta máquina de disciplinamiento, terror y destrucción de fuerzas productivas: 40 millones de muertos, todo el territorio europeo devastado, parques industriales enteros destrozados, ciudades hechas escombros. Así, EEUU logró ser cabeza del imperialismo.

Sobre esta destrucción, se inició la “edad dorada” del capitalismo (como la llaman sus defensores), con políticas keynesianas de pleno empleo y el famoso “sueño americano”. Fue la única manera de competirle a las condiciones de vida de los Estados obreros ya burocratizados de la Unión Soviética durante la guerra fría.

Las migraciones, los atentados y la crisis

Hace rato ya que el conflicto de Medio Oriente llegó a Europa. Con la crisis migratoria de los millones que escapan de las zonas de conflicto, con los últimos atentados en Francia, Bélgica y Alemania, que golpean en el corazón mismo de Europa. En simultáneo, avanzan grupos fascistas, a falta de otra perspectiva política ante la crisis.

El complejo militar que agrandó EEUU, luego de los atentados a las torres gemelas, se afila los dientes cuando huele una escalada belicista. Aún más, la política exterior norteamericana es un factor de desestabilización permanente en Medio Oriente, y ha financiado a diversas organizaciones musulmanas como Al-Qaeda o el Estado Islámico.

En este contexto de competencia entre bloques imperialistas, de desarrollo de corrientes xenófobas o musulmanas, y de triunfos de la derecha en distintos países, la clase trabajadora del mundo debe estar en extrema alerta. Las grandes guerras han hecho que trabajadores y campesinos se maten entre sí, sólo para beneficiar a un bando imperialista.

Trabajadoras y trabajadores del mundo, unámonos

Marx y Engels, en el Manifiesto Comunista, llamaban a la clase trabajadora del mundo a unirse sin fronteras para pelear de conjunto contra el capitalismo.

Durante la primera guerra mundial, cuando cada burguesía llamaba a la clase trabajadora de su país a enfrentarse con la de otra nación, por el contrario, Lenin, el gran revolucionario ruso, llamaba a los obreros y obreras a no usar los fusiles contra sus hermanos de otros países, sino a transformar la guerra mundial en guerra contra la burguesía.

Hoy, ante la escalada belicista y la campaña de terror de los grandes medios de comunicación burgueses, debemos ser claros: la clase trabajadora no puede atar su destino ni a “los democráticos de occidente”, ni a los “musulmanes de oriente”, ni a los capitales de ningún país.

Debemos poner de pie organizaciones de nuestra clase capaces de disputarle el poder a la burguesía, para construir un mundo sin explotadores ni explotados, y conquistar la paz y el bienestar que necesitamos.


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