Vienen por más flexibilización laboral

La crisis económica continúa y la burguesía mundial no logra salir aún de ella. El empresariado necesita ajustar y viene montando una campaña por reformar las leyes laborales para golpear sobre las condiciones de trabajo y de vida de la clase trabajadora, reducir sus costos y relanzar su ganancia. No podemos permitirlo.

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Vienen por más flexibilización laboral

Desde la burguesía local se viene insistiendo con una reforma laboral anti obrera.  Macri declaró: “Necesitamos una justicia laboral más equitativa, no tan volcada a encontrarle siempre la razón a una parte”.

Una de las ideas, según dicen para incentivar y facilitar la demanda de trabajo, es flexibilizar y facilitar la contratación. El modelo es el acuerdo negrero del “Primer empleo”[1] firmado entre el gobierno y McDonald’s.

La doble indemnización, dijo Macri, “va contra el progreso de los argentinos”. En relación a esto, las patronales pretenden que se cree un fondo con aportes del trabajador y del empleador, es decir, que sea el propio trabajador quien costee su indemnización.

También se busca reemplazar las negociaciones con los sindicatos por acuerdos de empresa. Primero, decir que, en la mayoría de los establecimientos, no hay representación sindical. Y segundo, que eso dificultará aún más nuestras peleas, ya que la huelga tiene más fuerza si la negociación es centralizada por gremio y no por empresa[2].

Aceptando el reclamo de las cámaras empresarias y las empresas aseguradoras, el ministro de Trabajo Triaca ya confirmó la decisión de realizar cambios en el sistema de riesgos de trabajo. Se busca trasladar las controversias judiciales del fuero Laboral al de la Seguridad Social, terminar con los juicios, restaurar la obligatoriedad de que, previo al reclamo judicial, los trabajadores recurran a las Comisiones Médicas (que fueron declaradas inconstitucionales) y, así, bajar los montos a pagar por las ARTs.

Este es el modelo de flexibilización de los TTP[3] a los cuales la burguesía local y Macri quieren adherir. Un modelo que habla de la “promoción del empleo”, pero que plantea para la clase trabajadora la “multifuncionalidad”, la “jornada variable o flexible”, el “período de prueba” y otros modos de contratación basura.

¿Qué ocurre en otras partes del mundo?

A fines de junio, en Francia, fue firmada por decreto una reforma laboral flexibilizadora, aprovechando las vacaciones de un movimiento obrero que la enfrentó heroicamente durante meses con grandes huelgas, movilizaciones y piquetes, pero sin una dirección obrera dispuesta a llevar la lucha a fondo, tal como hacen aquí las CGTs y las CTAs.

En España, también, se puede ver la avanzada que está tejiendo Rajoy, con la ley que llaman “el programa secreto”, que incluye despidos libre, salarios más bajos, jornadas laborales más flexibles y reducción de las cargas sociales que pagan las patronales.

O bien ver Brasil y la ley que el gobierno de Temer enviará al Congreso, y que plantea, por ejemplo, aumento de la edad jubilatoria, reducción de salarios a cambio de no despedir en casos de “crisis”, y negociaciones por empresa.

En fin, es importante ver qué pasa en otras partes del mundo para entender mejor que se trata de una movida general de la burguesía y de sus gobiernos, entre los cuales está el de Macri.

Hay que plantarse sí o sí

Para salir de la crisis y relanzar sus ganancias, la burguesía quiere que nosotros seamos la variable de ajuste, destruyendo condiciones de trabajo, flexibilizando y exprimiendo más a nuestra clase.

Por eso, en el mundo y aquí, vienen avanzando por reformas laborales que los beneficien aún más. Y los distintos gobiernos se ponen al servicio del capital que, en el marco de una crisis, sólo encuentra atractivos aquellos mercados con una clase trabajadora híper flexibilizada.

Nosotros somos los únicos capaces de enfrentar a estas burguesías que, en su ambición, se quieren llevar puestos los derechos conquistados. Hay que plantarse sí o sí. Es eso, o resignarnos a ser siempre una moneda de cambio.

 

[1]                      Este plan dice ser “puente entre las poblaciones vulnerables laboralmente y la empresa, mediante un proceso de prueba de 30 horas semanales con prácticas formativas y laborales reales en un ambiente de trabajo efectivo”, por el cual se asignará un sueldo de $4.500 mensuales, subsidiado por el Estado, que apoya a aquellas empresas que lo lleven a la práctica. En fin, trabajo basura y sueldos miserables.

[2]                      A lo cual debemos sumar que la Corte Suprema falló hace poco contra el derecho de huelga por empresas.

[3]                      TTP: Acuerdo Trans Pacífico de Cooperación Económica.


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