Es necesario tomar partido. El capitalismo es inhumano

cropped-enc4.pngEl capitalismo es inhumano. Su lógica es la valoración del mundo de las cosas, la individualidad, el afán de ganancia.

La riqueza social es producida y sostenida por la clase trabajadora. Pero, bajo el capitalismo, esa riqueza es apropiada en forma privada por la burguesía.

Con la riqueza que se produce (y las que se podrían producir bajo el socialismo), bastaría para cubrir y satisfacer las actuales necesidades de la sociedad y sus demandas.

Pero el capitalismo no tiene corazón. No entiende de humanidad. Y nos lleva a crisis permanentes, a guerras, a exilios, a ajustes, a la pobreza y la miseria, a la desaparición del futuro. Es capaz de llevarse puesto todo y a todos para que un puñado de capitalistas se hagan de nuevos mercados y colocar así sus mercancías y seguir enriqueciéndose y seguir compitiendo y preparar nuevas y peores crisis y vuelta a empezar.

En ese marco, cuando la clase trabajadora, harta de tanto atropello, sale a la lucha y se planta, el capital, para preservar su existencia, echa mano a todas sus maniobras políticas.

Cuando la clase obrera lleva un combate con perspectivas revolucionarias, el capital apela a las dictaduras o a las democracias militarizadas para liquidar físicamente el activismo, empleando los métodos más aberrantes. Es que no hay vuelta: el capitalismo es inhumano.

Cuando la clase obrera ofrece resistencias, pero la misma no logra articular una alternativa propia, aparecen los progresistas, los reformistas, los populistas.  Estos pretenden darle rostro humano a este sistema y un perfil más ocupado por lo social. Pero no hay vuelta: el capitalismo es inhumano.

Este sistema capitalista es histórico. No siempre existió, nació y puede -y debe- perecer, si es que aspiramos a que hombres y mujeres, por el simple hecho de nacer, tengan una vida libre.

Las crisis son inherentes a este sistema inhumano. Pero eso sólo no alcanza para ver caer al capitalismo. Se necesita, además, la acción directa y la participación consciente de las masas trabajadoras y de su vanguardia organizada en partido político revolucionario.

Esa intervención debe estar centralizada para que las energías de nuestra clase no se dispersen, para poder reunir todas las manifestaciones de descontento y golpear como un solo puño al enemigo burgués.

En tal sentido, el partido es una necesidad permanente. El partido centralizado, democrático y de combate, reúne en él a todos aquellos que hacen de la actividad revolucionaria su eje completo. Luchar por la causa de la clase obrera es una opción consciente de vida, no una postura.

Desde el PRC y con nuestra actividad militante nos proponemos aportar a la construcción de ese partido revolucionario de la clase trabajadora.

Porque hay dos proyectos políticos, sociales y humanos en pugna: el capitalismo, con su salvajismo y barbarie, y el comunismo, aquella sociedad igualitaria para beneficio de la humanidad y por la que luchamos.

Es necesario tomar partido. No hay medias tintas.


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