Por la construcción de un partido revolucionario de la clase trabajadora

“Es sabido que la sola lucha sindical o económica no genera espontáneamente en la clase trabajadora la ideología socialista.

De allí, el rol central del partido como el único que puede llevar a los trabajadores y trabajadoras un horizonte revolucionario que les permita darse un plan de largo aliento para sortear con entereza las condiciones grises, y muchas veces durísimas, de la cotidiana lucha de clases.

Asumir el compromiso con la causa obrera y no llevar a las masas las ideas de la revolución social y de la necesaria organización en partido es contribuir al desarme político y teórico de nuestra clase, y dejarla expuesta a las mil tentaciones que la burguesía tiende a cada paso. Así, la clase trabajadora marcha a ciegas y es presa fácil para la ideología dominante.”

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Por la construcción de un partido revolucionario de la clase trabajadora

La crisis general del capitalismo pone en evidencia la crisis de dirección revolucionaria de la clase obrera a nivel internacional, la ausencia de un partido revolucionario mundial.

La única solución real a la crisis capitalista es el triunfo de una revolución obrera y socialista, que tome el poder y reemplace la dictadura de clase de la burguesía por la dictadura de clase del proletariado.

Sólo así, podrán construirse los cimientos para edificar una nueva sociedad en la que sean socializados todos los medios de producción y la sociedad se encamine hacia el cese de toda forma de explotación y de opresión: el comunismo.

Pero sin partido revolucionario, no hay revolución.

Ni siquiera en épocas de crisis, caerá si no se lo hace caer

El capitalismo va de crisis en crisis, y sin embrago, se recompone y logra mantenerse de pie.

La historia ha demostrado con claridad que no basta una crisis general del capitalismo para que sobrevenga una revolución social.1

Para esto, es necesario, además, contar con el desarrollo del factor subjetivo de toda revolución. Nos referimos a la conciencia y a la actividad independiente de las masas trabajadoras, a la conciencia revolucionaria de su vanguardia y a la existencia de un partido que levante un programa comunista y sostenga niveles determinantes de arraigo e influencia en la sociedad, con una política que conduzca hacia la toma del poder.

En el marco de la actual crisis capitalista, se desarrollan grandes, prolongadas y estoicas luchas y rebeliones populares (en la zona del Magreb, España, Grecia, Medio Oriente…) que, sin embargo, no logran derribar el Estado capitalista y plantar una revolución triunfante.

La vuelta a regímenes capitalistas o a la emergencia de nuevos partidos progresistas, reformistas y populistas dan cuenta de la necesidad urgente del partido de la revolución socialista, que cuente con una amplia inserción e influencia en la clase trabajadora, que combata todo intento de conciliación entre capital y trabajo, y que promueva la acción independiente de nuestra clase en pos de una perspectiva liberadora.

Necesidad del partido revolucionario, y sus características

Es sabido que la sola lucha sindical y económica no genera espontáneamente en la clase trabajadora la ideología socialista.

De allí, el rol central del partido como el único que puede llevar a los trabajadores y trabajadoras un horizonte revolucionario que les permita darse un plan a largo plazo para sortear con entereza las condiciones grises, y muchas veces durísima, de la cotidiana lucha de clases.

Asumir el compromiso con la causa obrera y no llevar a las masas las ideas de la revolución social y de la necesaria organización en partido es contribuir al desarme político y teórico de nuestra clase, y dejarla expuesta a las mil tentaciones que la burguesía tiende a cada paso. La clase trabajadora marcha a ciegas y es presa fácil para la ideología dominante.

En tal sentido, el partido, a la vez que una escuela de formación y preparación, es una trinchera donde parapetarse y desde la cual combatir las ideas miserables de este sistema inhumano.

Porque la salida de fondo es la revolución, es necesario pues preparar, organizar y orientar, cuando el momento llegue y las circunstancias así lo exijan, la lucha revolucionaria de las masas trabajadoras. Para ello, el partido proletario debe planificar sus energías militantes para la inserción e influencia en la clase trabajadora. Por esto, la necesidad del partido2 y su construcción es siempre hoy.

El partido no es una mera suma de individualidades. Es un colectivo organizado bajo firmes principios para una voluntad única.

El partido revolucionario adopta el centralismo democrático. Estos dos conceptos, que parecieran opuestos, son momentos complementarios de la praxis política: de la toma de decisión y de la acción consecuente.

El partido revolucionario no inventa este método. El mismo surge y es tomado de la propia democracia proletaria. Están los momentos de deliberación, de expresión de posiciones, del procedimiento por medio de acuerdos o votaciones, de toma de resoluciones, de supeditación de la minoría a la mayoría, y, finalmente, de la acción partidaria centralizada y común contra el enemigo de clase, centralizado a través de su Estado.

Por eso, también, el partido debe ser de combate y desplegar una acción audaz que pueda ir minando el poder del enemigo burgués hasta derrotarlo, enemigo que, ya sabemos, se abroquelará apenas sienta cuestionada su hegemonía.

Por la construcción del partido revolucionario

La clase trabajadora de Argentina no es ajena a la crisis de dirección revolucionaria a escala internacional.

En Argentina, la clase trabajadora -fuerza dirigente de la revolución- carece de un partido dotado de un programa y una estrategia revolucionarios, y con la necesaria inserción y ascendencia sobre las masas trabajadoras, que lo haga capaz de orientar un proceso social que ponga en jaque a la burguesía y que tome el poder para la construcción de la sociedad socialista, en tanto medio hacia el comunismo.

En tal sentido, el programa de lucha del partido debe levantar bien firme y alto las banderas de la independencia política de clase frente a cualquier llamado a las alianzas, conciliación de clases o frentes populares; el internacionalismo obrero, ante los planteos nacionalistas y latinoamericanistas y a la teoría del socialismo en un solo país; el carácter obrero y socialista de la revolución, frente a quienes anteponen una revolución antiimperialista o democrática; y la lucha contra el patriarcado y toda forma de opresión.

Tales principios, siguiendo los lineamientos teóricos del marxismo revolucionario, son fundamentales para la construcción de un partido que luche por la revolución social en Argentina.

NOTAS:

1) Lenin, al desarrollar la idea de situación revolucionaria señala lo siguiente: “A un marxista no le cabe duda de que la revolución es imposible sin una situación revolucionaria; además, no toda situación revolucionaria desemboca en una revolución. ¿Cuáles son, en términos generales, los síntomas distintivos de una situación revolucionaria? Seguramente no incurrimos en error si señalamos estos tres síntomas principales: 1) La imposibilidad para las clases dominantes de mantener inmutable su dominación; tal o cual crisis de las ‘alturas’, una crisis en la política de la clase dominante que abre una grieta por la que irrumpen el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución no suele bastar con que ‘los de abajo no quieran’, sino que hace falta, además, que ‘los de arriba no puedan’ seguir viviendo como hasta entonces. 2) Una agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas. 3) Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de ‘paz’ se dejan expoliar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los mismos ‘de arriba’, a una acción histórica independiente.

(…) no toda situación revolucionaria origina una revolución, sino tan sólo la situación en que a los cambios objetivos arriba enumerados se agrega un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo suficientemente fuertes para romper (o quebrantar) el viejo gobierno, que nunca, ni siquiera en las épocas de crisis, ‘caerá’ si no se le ‘hace caer’. Lenin. “La bancarrota de la II internacional”, 1915.

2) Analizando la experiencia de la Comuna de Paris, Trotsky grafica con claridad la actuación y el rol del partido: “El partido no crea la revolución a su gusto, no escoge según le convenga el momento para tomar el poder, pero interviene activamente en todas las circunstancias, pulsa en todo momento el estado de ánimo de las masas y evalúa las fuerzas del enemigo, determinando así el momento propicio para la acción definitiva. Esta es la más difícil de sus tareas. El partido no cuenta con una solución que valga para todos los casos. Necesita una teoría justa, un estrecho contacto con las masas, una acertada comprensión de la situación, una visión revolucionaria y una gran decisión. Cuando más profundamente penetra un partido revolucionario en todas las esferas de la lucha revolucionarias y cuanto más cohesionado está en torno a un objetivo y por la disciplina, mejor y más rápidamente puede llevar a cabo su misión.

La dificultad consiste en ligar estrechamente esta organización de partido centralizado, soldado interiormente por una disciplina de hierro, con el movimiento de las masas, con sus flujos y reflujos. No se puede conquistar el poder sin una poderosa presión revolucionaria de las masas trabajadoras. Pero, en esta acción, el elemento preparatorio es inevitable. Y cuanto mejor comprenda el partido la coyuntura y el momento, mejor preparadas estarán las bases de apoyo, mejor repartidas estarán las fuerzas y sus objetivos, más seguro será el éxito y menos víctimas costarán. La correlación entre una acción cuidadosamente preparada y el movimiento de masas es la tarea político-estratégica de la toma del poder.” Trotsky, “Las lecciones de la Comuna”, 1921.


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