Santiago Maldonado: la desaparición forzada que desnuda al Estado represor

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A dos semanas y media de la desaparición de Santiago Maldonado, quien acudiera a solidarizarse con el Lof Cushamen en Esquel; Patricia Bullrich, ministra de seguridad, salió cínicamente a deslindar toda responsabilidad de su gestión respecto a los hechos. Sin embargo Nocetti, jefe de gabinete estuvo a cargo del operativo de Gendarmería en el que testigos vieron cómo se lo llevaban. Ni uno, ni el otro van a admitir la responsabilidad de Gendarmería, ya que si la admiten deben renunciar o señalar al responsable de su propio nombramiento, que es Mauricio Macri.
La desaparición forzada de personas es una metodología criminal que el personal represivo del Estado aprendió en la Escuela de las Américas. Allí se formaron los cuadros militares que dirigieron el genocidio de nuestros 30.000 compañeros detenidos desaparecidos en la dictadura del ´76,  y el amedrentamiento de las decenas de miles de ex detenidos y presos políticos del período. Las “desinteligencias” y los “huecos” de las investigaciones gubernamentales, del sistema judicial, de  morgues y hospitales que permiten casos como el de Luciano Arruga (5 años como NN a unas cuadras de donde fuera visto por última vez) son la continuidad de ese sistema perverso. Los genocidas formaron a la maldita policía, y ésta forma hoy a los pitufos. El mismo personal se mueve entre fuerzas y entre mafias, son exonerados si la corrupción es muy evidente yendo a empresas privadas de seguridad, amparados o encubiertos por el andamiaje jurídico que escriben los patrones. Seamos claros: la función del Estado burgués es mantener el capitalismo, esto incluye  un costado represivo y un costado ideológico. Palo y discurso que nos hace mirar para otro lado.
Se reprime a los que luchan, a los que se solidarizan con la lucha, y se lo justifica: piqueteros, “caos de tránsito”, terroristas. Pero no sólo a ellos los reprimen, también deben mantener a raya a los pobres, a los que no tienen nada que perder y todo por ganar cuando salen a luchar por sus derechos. También los criminalizan , los esclavizan con  la droga de descarte, y los utilizan para las tareas pequeñas de sus mafias. Los de guante blanco necesitan a los pequeños delincuentes para justificar la lucha por la inseguridad y sus abultados presupuestos. No nos olvidemos de las redes de trata, que mueven trabajadores migrantes en condiciones de hiperexplotación para talleres como  los de Awada,  y roban niñas y mujeres para proveer a los prostituyentes y proxenetas.

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La burguesía cuenta con que el trabajo llamado “esclavo” (como si no fuera capitalista), no se pueda casi organizar, para que los salarios caigan a valores de limosna. Por otra parte, en épocas de auge del feminismo necesitan castigar a las “malas” mujeres, las que no están encerradas en sus casas trabajando gratis horas extras para que el obrero llegue entero a la fábrica pese el bajo salario. No basta con la propaganda en revistas y novelas, necesitan la amenaza latente de la desaparición, la violación y el femicidio. Aquí también lo estatal y lo paraestatal se entrecruza, cuidando ganancias a la vez que generando discursos de legitimación.
No es esto disquisición innecesaria, no es irse por las ramas, es un repaso sumamente necesario. Lo que molesta al gobierno del caso de Santiago, lo que le impide pintarse de derechos humanos no es sólo una cuestión de su derechismo ideológico, sino que es esto, lo que queda al desnudo y en carne viva, la desnudez de todas estas redes de poder que los sostienen.

Los sostienen y los vienen sosteniendo desde mucho antes de la dictadura. No olvidemos que los Bullrich se enriquecieron rematando en el  hoy shopping Patio Bullrich, las tierras expropiadas a los pueblos originarios durante la Campaña del Desierto. Las reivindicaciones de Esteban Bullrich no son  azarosas, como tampoco lo es la virulencia de Patricia Bullrich contra los mapuches. Los tataranietos de la generación del ´80 desempolvaron los manuales racistas que los llevaron a exhibir por décadas los huesos de los mapuches que asesinaron en el museo de ciencias naturales de La Plata, para afirmar que “son chilenos” (en lugar de decir que hasta Chile los persiguieron), o que son “terroristas”.
A la operación de prensa se subieron todos los ideólogos del régimen. Bah, todos, no. Los ideólogos del kirchnerismo esta vez que pueden achacarle una al gobierno en tiempos electorales, se pusieron del lado de la aparición con vida de Santiago. Terriblemente, cuando desapareció Jorge Julio Lopez negaron y lentificaron la investigación, tal como hacen los Bullrich. Pero incluso, el caso de Lopez, que desnudaba la existencia del aparato represivo de la dictadura, podía mostrarse como algo ajeno al aparato estatal, como un hecho delictivo. Así lo mostró en su momento el kirchnerismo. Sin embargo Lopez estaba al cuidado de las fuerzas de seguridad, señalando con el dedo a uno de sus máximos exponentes, Etchecolatz. El Estado como entramado, privilegió entonces  su propia preservación desapareciendo a Lopez, tal como la burguesía elige todos los días no darse por enterada del crimen del sistema social que nos impone. El personal político K tuvo la tarea de relegitimar la democracia burguesa con un juicio y castigo a los genocidas que se hizo parcialmente y a cuentagotas, no sin dejar pasar la desaparición de Lopez y que un represor como Milani llegue al frente del ejército.
Muchos dirán que el apoyo K se debe a que este caso representa un salto cualitativo.  Sí, y no. Tuvimos más de 200 desaparecidos en democracia, incluso luchadores desaparecidos como Daniel Solano, cientos de fusilados por gatillo fácil, unas cuantas decenas de ellos en procesos de lucha. Fuentealba, Miguel Brú, Petete Almirón, la lista sigue. Sobre la avanzada represiva, ésta fue preparada cuidadosamente por el PJ que reforzó con Gendarmería la represión a lo largo y ancho del país, espió y criminalizó la protesta social, ideó operativos específicos para semimilitarizar las villas y reclutó y equipó a las nuevas y viejas fuerzas represivas. Si es por el andamiaje legal, una década antes que el protocolo antipiquete se sancionó la ley antierrorista, ambos textos hoy sin, o casi sin aplicación, pero al acecho de que se logre hacer pasar el discurso sobre su necesidad entre el rebaño de votantes de la burguesía. El salto cualitativo está en el cruce de todo esto: el avance represivo en los barrios, el aumento permanente del presupuesto de seguridad, el discurso derechista, y sobre todo la elocuencia de los hechos que desnudan al macrismo como exponente ejemplar del Estado burgués.
Mientras el kirchnerismo siga poniendo su campaña electoral a la par de la lucha por la aparición con vida de Maldonado, tenemos que debatir con tanta trabajadora y trabajador honesto que piensa que los logros en DDHH fueron un regalo de Nestor y Cristina. Explicar que si Santiago no aparece pronto muchos se van a bajar y los medios van a enfocar en algún otro escándalo que no produzca tantos cuestionamientos a sus propios intereses. Que si no salimos a las calles por todo lo que hay que salir  pero todo el tiempo también por Santiago, nuestros enemigos de clase se van a envalentonar.

Escribamos el nombre de Santiago en todas las paredes, veredas, pizarrones, baños, volantes y banderas, hasta que toda la sociedad nos acompañe, hasta que Bullrich renuncie, hasta que Santiago aparezca, hasta que se esclarezcan los hechos. Y que no se envalentone tanto el macrismo, que somos miles los que pacientemente damos estos debates con otros cientos de miles, que aunque hoy muchos no vean alternativa a este sistema de explotación, aunque no disfruten aun de soñar con el comunismo, eventualmente los vamos a convencer, los vamos a organizar y vamos a triunfar.

¡Aparición con vida de Santiago Maldonado!
¡Juicio y castigo a los culpables!
¡Renuncia ya de Patricia Bullrich!
¡El Estado es responsable!

Partido por la Revolución y el Comunismo


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