¡Solidaridad con el pueblo Hondureño! ¡Basta de represión y asesinatos!

El 26 de noviembre hubo elecciones en Honduras. No habían concluido las votaciones, y los dos principales candidatos, Salvador Nasralla, opositor, y el actual presidente Juan Orlando Hernández, que iba por su reelección, se declaraban ganadores.

 honduras

Fraude electoral

El 26 de noviembre hubo elecciones en Honduras, el país donde en 2009, a través de un golpe de Estado, se destituyó al entonces presidente Manuel Zelaya.

De manera sospechosa, el Tribunal Electoral retrasó los informes preliminares, argumentando que no habían llegado todas las actas.

Los observadores internacionales de los comicios guardaron silencio. Hubo declaraciones a favor y en contra de los datos preliminares, mientras las bases de la alianza opositora comenzaron a salir a las calles protestando contra el fraude electoral.

En un lentísimo escrutinio de tres días, las cifras fueron de 5% de ventaja para la oposición a 3% para el oficialismo.

A pesar que Nasralla llamó al pueblo a defender el voto por presiones de la Organización de Estados Americanos (OEA), terminó firmando un acuerdo con Hernández para “esperar en calma y en paz el escrutinio” y con el compromiso de ambos de “aceptar los resultados”.

Pero si Nasralla se comprometía a aceptar los resultados, aceptaba a la vez el fraude que él mismo había denunciado, y de ese modo estaba desmovilizando a las masas.

Una situación explosiva

Desde hace 7 años, con la llegada del Partido Nacional, luego del golpe de Estado al presidente Zelaya, los niveles de pobreza alcanzaron al 70% de la población, también se registran altos índices de inseguridad, aumento de los impuestos, más el saqueo del Seguro Social, configurando una delicada y tensa situación social, que ahora se potencia con el desconocimiento a la fecha de los resultados electorales definitivos.

El 30 de noviembre, en todo el país, el pueblo salió a las calles a formar barricadas, desde los sectores más marginadas hasta la clase media. Las fuerzas represivas del Estado, por orden del gobierno, no dudaron en reprimir a una población a la que le vienen quitando todo en los últimos años. La respuesta popular fueron más barricadas, cortando calles, rutas y puentes en más de 30 distritos y hasta sucedió incluso la quema del palacio municipal en Siguatepeque.

El 1 de diciembre continuaban las tomas, acompañadas de saqueos a supermercados. Ese día, a las 22hs., a través de cadena nacional, el gobierno anunció el inicio del “toque de queda” o “estado de sitio” por diez días, desde las 6:00pm a las 6:00am, en el cual se suspenden las garantías constitucionales de la población y se le da la potestad a las fuerzas armadas de “restablecer el orden”, o sea, rienda libre para reprimir y matar.

Esta medida represiva implementada por el gobierno golpista de Hernández calma a un sector de la población, que está en contra de este tipo de manifestaciones, mientras que la otra de la población empieza a preocuparse.

La historia se está repitiendo, como en el golpe de 2009 a Zelaya. Los grupos y las redes sociales publican un sin fin de denuncias sobre el uso excesivo de la fuerza y el abuso de poder de parte de la policía militar, al punto que ya se reportaron cinco muertos.

No hay salida dentro del régimen

Ningún político burgués dará salida a la represión, al hambre y las penurias que sufren los trabajadores y el pueblo hondureño.

Así como salieron a las calles a luchar ante una nueva violación de sus derechos, es fundamental que esos miles de trabajadores y trabajadoras y masas populares profundicen su auto-defensa y que, al calor de estas luchas, se organicen en un partido que defienda sus intereses como clase. De lo contrario, como ha ocurrido en otras partes del mundo, estas luchas espontáneas finalizan con la represión del movimiento y el restablecimiento de la burocracia burguesa, volviendo a lo mismo contra lo que se luchó.

Desde el Partido por la Revolución y el Comunismo – PRC, nos solidarizamos con el pueblo hondureño que lucha por sus derechos y denunciamos la sangrienta represión que lleva a cabo el gobierno golpista de Hernández, avalada por el silencio cómplice de los partidos opositores, la OEA y los medios masivos de (in) comunicación.

PRC, 04/12/2017.


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