Ecuador investigó la deuda aunque no la desconoció

El debate de los candidatos sobre la deuda externa se centra en cómo vamos a hacer para pagarle al FMI. Nadie dice que existen otras opciones mejores para la clase trabajadora. Aquí el caso de Ecuador y la investigación sobre su deuda, y nuestro planteo.

¿Nos caemos del mundo si no pagamos?

La polémica sobre la deuda externa entre Cambiemos y el PJ nos plantea que habría sólo dos opciones: continuar las recetas del FMI al pie de la letra -Macri-, o seguir pagando pero con nuevas fórmulas para salir de la crisis, que igualmente implican ajustes para el pueblo -PJ-.

Pero hay un caso del que no se habla: el caso de Ecuador y su deuda externa. Pues ni Cambiemos que gobierna hoy ni el PJ K que gobernó antes cuestionan la legitimidad de la deuda externa.

Es que no tienen la decisión política de romper con el capital financiero, que día tras día se lleva una gran cantidad de la riqueza que producimos como clase.

Y para generarnos miedo, nos dicen que si no pagamos la deuda “nos vamos a caer del mundo” y entrar en una crisis más profunda. Pero el caso de Ecuador muestra que esto no es verdad.

El caso de Ecuador y su deuda externa

El gobierno de Rafael Correa de Ecuador mantuvo la economía dolarizada y continuó con la sujeción a los capitales extranjeros, sin cuestionar el sistema capitalista.

Sin embargo, en cuanto a la deuda externa, tomó una medida bastante diferente a lo que suelen proponer los “mercados”: cuestionó su legitimidad.

¿Cómo fue esto? En julio de 2007, el gobierno creó una Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público (CAIC) integrada por personas reconocidas del ámbito del derecho, que investigaron la legitimidad, legalidad y pertinencia de los préstamos que desde 1976 a 2006 habían generado una deuda externa inmensa.

Esta Comisión descubrió numerosas evidencias de ilegalidad e ilicitud en múltiples renegociaciones con la banca privada internacional.

Así, el gobierno de Ecuador desconoció la legitimidad de la mayor parte de la deuda externa y decidió no pagarla en su totalidad, y los acreedores aceptaron.

Esto no implicó ninguna catastrófica “caída del mundo”. Ecuador no tuvo problemas con la exportación de petróleo, de banana y de camarones, sus principales productos.

Hay otra opción

El caso de Ecuador muestra que no pagar la deuda no es la fuente de todos los peligros, como nos quieren hacer creer quienes tratan de convencernos de que ser “buenos pagadores de deuda” es la mejor opción.

Sin embargo, el caso de Ecuador no deja de ser una política parcial, pues se reconoció una parte de la deuda.

Nuestro planteo es que las y los trabajadores no tenemos por qué pagar una deuda que contrajeron gobiernos de empresarios para financiar sus negocios y ajustarnos.

Esto fue lo que hizo el gobierno revolucionario de Rusia en sus primeros años (1918-1919): anular la deuda con los acreedores extranjeros –la que equivalía a más del 65% de la riqueza nacional- pues era la única medida que podía evitar la quiebra, la esclavitud económica y la sujeción política al imperialismo.

Nosotros tampoco tenemos por qué destinar una parte de la riqueza que producimos todos los días para enriquecer al capital financiero. Si dejamos de pagar la deuda, podemos duplicar el presupuesto de Educación, Salud, Ciencia y Técnica, Vivienda, Agua potable y Alcantarillado. Hay otra opción: poner toda la riqueza al servicio de la clase trabajadora.


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