4ta Marcha universitaria: vaciamiento y resistencia 

El conflicto universitario vuelve a ocupar el centro de la escena en Argentina. Tras las grandes movilizaciones y las tomas de 2024, el sistema universitario atraviesa una nueva etapa de deterioro presupuestario, caída salarial, y desfinanciamiento científico impulsado por el gobierno de Javier Milei. En este contexto, se realizó la 4ta Marcha Nacional Universitaria que  aparece como un posible punto de reagrupamiento para docentes, estudiantes, investigadorxs y trabajadorxs no docentes.

Un ajuste criminal

El oficialismo sostiene un discurso que presenta a las universidades públicas como espacios “ineficientes”, “politizados” o incluso privilegiados. Sin embargo, detrás de esa narrativa se desarrolla una política concreta de ajuste:

salarios docentes e investigadores pulverizados por la inflación, paralización de proyectos científicos, recortes presupuestarios, deterioro de infraestructura, “fuga de cerebros” y creciente precarización laboral.

La consecuencia es un proceso de vaciamiento progresivo. Cada vez más docentes trabajan con salarios por debajo de la línea de pobreza, deben trabajar más horas (incluso en ocupaciones nada relacionadas) mientras jóvenes investigadores abandonan el sistema científico o migran al exterior.

Durante décadas el sistema universitario nacional fue defendido por la docencia, el movimiento estudiantil y sus trabajadorxs. Esto y la identificación que general la formación pública, gratuita, científica y de calidad es lo que explica el prestigio que tienen aún hoy estás instituciones y con esto también intenta barrer el gobierno. Todo en pos de hacer aún más un nicho de negocios la educación superior.

¿Universidad al servicio de quién?

Pero el conflicto universitario no puede analizarse únicamente como un problema presupuestario. En el fondo aparece una cuestión estructural: ¿para quién produce conocimiento la universidad?

Durante décadas, la universidad pública argentina funcionó como un espacio contradictorio: por un lado, ligada a necesidades del capital y de la estructura productiva (desarrollo tecnológico de la agroindustria y otras ramas de la producción, transferencia de capital humano a empresas privadas, etc.). Aunque, al mismo tiempo, como ámbito de pensamiento crítico, movilidad social y producción científica relativamente autónoma y que, en perspectiva, es conocimiento que puede ayudar -y lo ha hecho- a mejorar la calidad de vida del conjunto del pueblo trabajador.

Aunque esa balanza siempre estuvo inclinada en favor del capital, hoy el gobierno neofascista impulsa una lógica donde el conocimiento sólo tiene valor si produce rentabilidad inmediata. Incluso va más allá porque la emigración de docentes a universidades privadas y de científicos al ámbito privado o directamente al exterior es la progresiva desaparición del sistema universitario público.

Ni decir que la lógica de la rentabilidad a corto plazo deja en un lugar de “gasto inútil” a mucha investigación en ciencias sociales y humanidades y otras ligadas, por ejemplo, a la sustentabilidad de la naturaleza y los bienes comunes.

Pero incluso, desde el punto de vista del propio capitalismo, el desfinanciamiento científico resulta profundamente contradictorio. El desarrollo económico de las naciones está íntimamente ligado a al desarrollo de valor agregado y esto solo puede lograrse de la mano de la ciencia y la técnica. El gobierno en cambio tiene sus expectativas -por ahora en veremos- de que ese desarrollo venga de inversiones extranjeras. Pero ese programa económico, no solo ata al país a los intereses del gran capital y el imperialismo, sino que no genera ningún aporte al crecimiento científico o técnico nacional, ni en patentes ni en investigacion. Nada. Solo saqueo y expoliación.

Mientras China y Estados Unidos libran una competencia tecnológica feroz, Argentina avanza hacia una reprimarización económica donde el conocimiento pierde centralidad, se lo ataca y se lo desfinancia. En ese marco, el ataque a la universidad pública no es solo ideológico: forma parte de un modelo de país subordinado, basado en el extractivismo, la especulación financiera, y el trabajo precarizado.

Que se levante el movimiento estudiantil

Por eso el despertar del movimiento estudiantil resulta decisivo. Porque la docencia viene desarrollando un plan de lucha con paros y clases públicas desde que arrancó el ciclo lectivo, aún con los vaivenes de conducciones sindicales que vacilan o se adaptan al ritmo que imprimen los rectores de las universidades, sobre todo de la UBA. En donde Emiliano Yacobtti ligado a la UCR, habla de defender la universidad pero ataca el paro y descuenta los días de huelga a lxs docentes.

Es central que se sume a la dinámica de lucha el movimiento estudiantil, gran ausente hasta el momento. Las tomas y movilizaciones de 2024 mostraron que existe una reserva de organización capaz de poner límites al ajuste. Sin embargo, la crisis de representatividad a la que asiste el conjunto social, la precarización laboral, y la campaña mediática oficialista evidentemente rinden frutos y la pasividad del estudiantado marcan la coyuntura.

Aquella experiencia del ‘24 dejó importantes enseñanzas. Cuando el estudiantado entra en escena y logra articularse con docentes y trabajadores, la universidad se transforma en un actor político de peso nacional. El desafío es que la marcha de hoy no solo sea masiva, como fueron las anteriores, sino que se transforme el nuevo despertar del movimiento.

Porque no alcanza con resistir recortes presupuestarios aislados: hace falta reconstruir un movimiento universitario capaz de discutir el sentido mismo de la educación y la ciencia en el país. La situación social empuja en esa dirección: estudiantes que trabajan para sostenerse, muchas veces deben abandonar de carreras, la sobrecarga laboral docente, investigadores precarizados y universidades funcionando cada vez más al límite.

La masiva marcha nacional universitaria ocurrida hoy aparece entonces como mucho más que una protesta sectorial. Defender la universidad pública no significa sólo defender edificios o presupuestos: significa defender la posibilidad de producir conocimiento crítico, ciencia y educación al servicio de las mayorías y no únicamente de la rentabilidad del capital.

¡Basta de ajuste, inmediata implementación de la Ley de presupuesto universitario!

¡Aumento de salarios ya para docentes y no docentes!

¡Que la CGT y las CTA convoquen al paro general!

¡Asambleas para decidir un plan de lucha para frenar los planes del gobierno!

¡Fuera Milei!

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