El pasado 20 de agosto, en su discurso frente al Consejo de las Américas, Milei volvió a lanzar una provocación hacia el movimiento feminista, confirmando su postura misógina y antiderechos. Dijo que “(…) estamos pagando muy caro la locura de los pañuelitos verdes” (…) y luego agregó “(…) esa pasión por asesinar niños en el vientre de la madre nos está costando caro en términos de crecimiento”. Minutos después, intentó relacionar la baja de la natalidad en nuestro país con el crecimiento económico y con el sistema previsional.
Ya lo advirtió Simone de Beauvoir “No olvides jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados” y sigue más vigente que nunca.
En este sentido, culpabilizar a las mujeres por los males de la sociedad es una práctica histórica de los diferentes gobiernos, grupos antiderechos, machistas y patriarcales. Sea porque “se embarazan para cobrar un plan”, sea porque deciden no hacerlo, la culpa siempre la tenemos las femeneidades. Con esta maniobra se intenta invisibilizar las causas materiales que hay de fondo.
En su discurso absurdo Milei además planteó que “está costando mucho la reposición” a lo cual cabe preguntar: ¿De qué reposición habla? ¿Acaso, son nuestrxs hijxs mercancía que reponemos al mercado?¿son mano de obra barata que necesitan para poder explotar y enriquecerse? La respuesta a estas preguntas está a la vista: para este sistema capitalista patriarcal, nuestres hijes son fuerza de trabajo para usufructuar, seres para explotar, utilizar, y exprimir hasta la última gota. No queremos esto.
Queremos un mundo en el que las infancias no sean simplemente mercancía o fuerza de trabajo. No somos cosas a reponer, somos personas, somos potencias, somos proyectos.
¿Por qué cada vez nacen menos niñes?
Por un lado, la caída de la natalidad no es un fenómeno exclusivo de Argentina ni puede explicarse únicamente a partir de la legalización del aborto. Se trata de una tendencia demográfica que atraviesa a numerosos países y que está vinculada a profundas transformaciones sociales y económicas.
Además, la disminución de la natalidad debe analizarse a partir de las condiciones materiales en las que las personas proyectan sus vidas. El acceso cada vez más difícil a una vivienda, el aumento del costo de los alquileres, la precarización laboral, los bajos ingresos y las dificultades para acceder a servicios de salud y educación son algunos de los factores que pueden incidir en las decisiones de tener menos hijxs o ningunx.
A esto se suma la desigual distribución de las tareas de cuidado. En Argentina, las mujeres continúan asumiendo una parte mayoritaria del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, mientras muchas deben compatibilizar esas responsabilidades con pluriempleos formales, informales o precarizados. Mientras tanto, la Canasta de Crianza reconocida por el INDEC para julio de 2026 oscila entre los $545.683 y los $697.268 mensuales, y más del 56% de los padres que no conviven con sus hijxs no paga la cuota alimentaria, y si se cuenta la falta de pago regular, la cifra asciende al 68%.
Del derecho a decidir a la obligación de reproducir
Las declaraciones presidenciales también reavivan una discusión central para el movimiento feminista: ¿quién decide sobre la reproducción?
Durante años, las mujeres y las personas con capacidad de gestar fueron cuestionadas por tener hijes para recibir asistencia estatal. Hoy, desde algunos sectores del poder, son cuestionadas por decidir no tenerles. En ambos casos, aparece una misma lógica que niega nuestra autonomía.
Son nuestros cuerpos, nosotres parimos, nosotres decidimos.
El debate sobre la natalidad, además, plantea una contradicción: promover que nazcan más niñes requiere garantizar condiciones dignas para vivir, crecer y ser cuidades. La discusión no debería ser cuántes hijes deben tener las mujeres, sino qué condiciones ofrece el Estado para que quienes desean tenerles puedan hacerlo sin que la maternidad implique precarización, pobreza o pérdida de autonomía.
Lo conquistamos en la calle y así lo tenemos que defender
El mismo gobierno que nos cuestiona por no querer parir, es el que logró bajar la ley de imputabilidad a partir de septiembre. Con esto deja en claro que solo le importa que podamos traer personas al mundo, pero luego el Estado les ofrece trabajos precarizados o cárcel. Durante este gobierno se recortaron planes tales como el Plan 1000 días, kits de lactancia, prestaciones a personas con discapacidad, programa infraestructura de cuidado, el programa de infraestructura de primera infancia, construcción y fortalecimiento de jardines.
Por otro lado, el gobierno firmó el 13 de agosto la “Declaración del Consenso de Ginebra”, una alianza internacional de países que condenan el aborto. En Argentina el aborto es legal y no se pueden denostar las normas nacionales mientras están vigentes para ponerse a contramano en el contexto internacional. Le guste a quien le guste, nuestro derecho a decidir lo conquistamos en las calles y hoy la Interrupción Voluntaria del Embarazo está contemplada por la Ley 27.610, vigente desde el año 2021. Se lo arrebatamos al estado con años de lucha y de la misma forma lo vamos a defender.
Seguimos luchando por un mundo en el que, como dijo Rosa Luxemburgo, “seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.
A las calles por todos y cada uno de nuestros derechos.
¡Es Ley! ¡Ni un paso atrás!
