Situación internacional: El viejo topo sigue cavando


Un fantasma recorre Europa, había escrito en 1848 Karl Marx. Ese fantasma era el comunismo que necesitaba dar a conocer sus propósitos en un manifiesto. Y así rápidamente las sentencias aparecían una tras otra.
“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es una historia de luchas de clases.” Escrito hace 178 años, hubo quienes se apresuraron a decir que esta realidad ya no existía, que el capitalismo era progreso, que finalmente se había alcanzado el momento del desarrollo completo de la humanidad bajo el amparo del capital.

Pero la realidad se ve bien distinta de aquellos sueños de hegemonía capitalista plena sobre el mundo liderado por Estados Unidos.

La propia burguesía internamente se debate cómo administrar este sistema de injusticia y desigualdad. Hay fracciones políticas y económicas de la clase burguesa que hoy consideran que el aumento de la explotación que se necesita para garantizar la acumulación de capital necesita una redefinición del régimen de gobierno y dominación.

“Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía?  De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos.  Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas“.
Volvemos a 1848 y nos estrellamos de frente contra 2026.
La revuelta europea no hace más que expresar esta tendencia en la forma de negación: la lucha entre el poder vivir y la acumulación de riquezas se expresa con diferentes niveles de radicalidad en Portugal, Albania, Italia, España y de forma destacada en Francia.
Es claro que el capitalismo es totalmente diferente al de aquella época, también lo son las formas de explotación y la composición técnica de la clase trabajadora. Ni hablar de la composición política de nuestra clase. Pero la actualidad del Manifiesto comunista se enraiza en las propias batallas que da la clase aún sin un partido ni un programa consolidado que nos permita dar la batalla a fondo.

Es que el poder de negación de la clase trabajadora es concreto: en su actividad diaria hace mover el mundo que habitamos, lo produce realmente, por lo tanto su rebelión, aún la más espontánea, aparece como negación de lo existente. Es la negación de los planes de la clase enemiga. Es la puesta en suspenso, aunque sea momentáneamente, de la lógica del capital: que una gran mayoría trabaje cada vez más y viva cada vez peor; para producir la riqueza que se apropia una minoría cada vez más pequeña. Es la negación, al menos parcial, del actual estado de cosas que se presentan como normales o naturales en la sociedad capitalista.

Lenin nos dice, “sólo la más burda incomprensión del marxismo ha podido dar lugar a la opinión de que la aparición de un movimiento obrero espontáneo de masas nos exime de la obligación de fundar una organización de revolucionarios (…). Por el contrario, ese movimiento nos impone precisamente dicha obligación, ya que la lucha espontánea del proletariado no se convertirá en su verdadera «lucha de clase» mientras no esté dirigida por una fuerte organización de revolucionarios.«

Ese poder de negación puede y debe ser empujado hacia la afirmación. Esa afirmación sólo puede aparecer en la forma de la lucha por el poder en sus dos formas principales para les marxistas revolucionarios. Los organismos que la clase pueda constituir para organizar y centralizar la acción, es decir, unificar a la clase trabajadora junto a sus aliados; y la vanguardia de esa clase que propone un programa socialista, imponiendo la más amplia democracia para las mayorías, enfrentando con todo el poder a la burguesía y socializando los medios de producción y distribución. Porque los reclamos de vivienda, educación, salario, salud, jubilaciones dignas, o la crisis ambiental, no pueden ser resueltos bajo la lógica del capital: es necesario que los medios de producción sean socializados para que la riqueza producida sea apropiada colectivamente y no privadamente; sea organizada para responder a las necesidades de quienes la producen y no de un puñado de millonarios. Esta perspectiva permite pasar a la afirmación en tanto propone un proyecto social propio, en el cual el poder obrero y popular se propone como el que puede organizar toda la sociedad de raíz bajo otras formas.

Esta es la clave de lectura de la revuelta europea, con nuestras potencias y nuestras falencias. Tenemos el poder de negar, pero aún no desarrollamos el poder de afirmar una alternativa al capitalismo: un proyecto socialista.

La lucha política en Europa adquiere hoy una centralidad clave, que muestra la contradicción fundamental del sistema capitalista. Ya no hay marco para las viejas dicotomías de fascismo o democracia, cordones sanitarios contra el fascismo y tantas otras formulaciones del mal menorismo. Justamente, esa lógica del “mal menor” es la que encorseta la posibilidad de la clase trabajadora y el pueblo de desarrollar su propio poder de clase: “no luchemos tanto contra este que aquel otro es peor”, nos dicen los conciliadores de todo pelaje.

Estamos ante una nueva situación, en la que las guerras imperialistas y la ofensiva burguesa sobre las condiciones de vida abren la pregunta de ¿y ahora qué? “ya es hora de que los comunistas expresen a la luz del día y ante el mundo entero sus ideas, sus tendencias, sus aspiraciones”.

Francia

La revuelta se inició con los estudiantes secundarios. Las movilizaciones y bloqueos de liceos que arrancaron en barrios periféricos se fueron extendiendo y contagiando a diferentes movimientos de lucha.

La represión de Macron a lxs estudiantes también radicalizó el movimiento que fue profundizando su tácticas de autodefensa. También  se dieron algunas acciones de saqueos como expresión de la bronca y la carestía de la vida de la juventud.

Esta revuelta comenzó el 21 de septiembre y ha ido incrementando su dinámica de lucha. En el reclamo de más presupuesto para educación aparece la contradicción social en su totalidad. Los recortes de presupuesto están en función del rearme europeo para la guerra. También en una serie de reformas que Macron viene impulsando como la reforma previsional y laboral.

Sin embargo, Macron se presentaba como el cordón sanitario contra el fascismo de Le Pen. Aquí nuevamente la contradicción de la última década vuelve a aparecer en su crudeza absoluta. Quién es votado para que no gane el fascismo, realiza los mayores ajustes, militariza el país ante las movilizaciones, decreta la prohibición de manifestaciones en diferentes ciudades y establece toques de queda.

Macron entonces instaura un estado policial ante la revuelta, ¿qué cordón sanitario es contra el fascimo? El gobierno Francés analiza también ilegalizar a los partidos que llaman a apoyar la protesta avanzando aún más en la instauración de regímenes autoritarios.

Miramos con mucha expectativa el octubre francés: sabemos que siempre puede crecer al calor de la revuelta un planteo revolucionario, que retome las banderas socialistas, y supere la dicotomía formal entre fascismo y democracia burguesa que ha ordenado la última década.

Italia

Como parte de las movilizaciones europeas, en Italia se han desarrollado importantes movilizaciones estudiantiles, en solidaridad con el paro de camioneros que protestan contra el alza del gasoil.

Frente a las movilizaciones, la primera ministra Meloni decretó el endurecimiento de la represión y de las penas contra manifestantes. Al igual que en Francia, la respuesta al descontento de la juventud y la clase trabajadora es el avance hacia formas de Estado policial.

En Italia ya se habían desarrollado huelgas contra el genocidio en Gaza, un hecho realmente significativo porque implica llevar adelante una huelga eminentemente política de contenido internacionalista.

El desarrollo de este movimiento de convergencia entre movilización estudiantil y luchas obreras reaviva en pleno 2026 la tradición de lucha de clase trabajadora Italiana, que supo encontrar en los comités de base un germen desde el cual encarar el desafío de construir una sociedad socialista.

España

La crisis política abierta por el desalojo de Maricarmen desató un movimiento que retoma cierta dinámica de los movimientos anteriores como el de “los indignados”.

La lucha por el acceso a la vivienda y contra los desalojos pone en la mesa la contradicción con los grupos financieros, fondos buitres, que luego de la crisis de 2008 se quedaron con cientos de viviendas. La suba de alquileres, los aumentos de los servicios y los bajos salarios de porciones importantes de la clase trabajadora, vuelven invivible la vida.

Así, la crisis por la vivienda adquiere una dimensión política muy significativa marcando los límites de las políticas que se presentan como “progresistas” que no pueden ni están dispuestas a enfrentar a los grandes poderes económicos, abriendo la necesidad de discutir una salida a la crisis que parta de afectar a los ganadores del capitalismo: los grupos financieros y los monopolios.

Albania

La revuelta en Albania también es protagonizada por la juventud, que inició sus reclamos contra un proyecto de construcción de lujo en un área protegida, desnudando la corrupción del régimen y parte de la crisis que hoy atraviesa el mundo, donde los grandes grupos capitalistas se apropian privadamente de los bienes comunes.

Rápidamente las manifestaciones comenzaron a levantar consignas generales por la educación, por la pobreza que fuerza la migración y contra la corrupción. En las protestas se esgrime la consigna de la renuncia de Rama, quien gobierna desde 2013.

La represión policial se endureció y también se endureció la autodefensa, haciendo retroceder en numerosas oportunidades a las fuerzas del orden con distintas técnicas que incluyen barricadas, uso de pirotecnia y molotovs además de piedras.

Una de las contradicciones que se expresan en el movimiento es que identifican socialismo y comunismo con el viejo estado burocrático stalinista, por lo que los planteos de revolución social se vuelven más difíciles. Sin embargo, la promesa del capitalismo de superar las restricciones propias de los estados obreros degenerados choca de frente contra el aumento de la pobreza y la falta de perspectiva de futuro para millones.

La revuelta europea

Las diferencias que tiene cada movimiento no tiene que taparnos las similitudes. Las consignas que los mueven, o los conflictos iniciales que los gatillan, no anulan cierta dinámica similar y sobre todo una contradicción política con el propio sistema capitalista.

En todos los casos se da un protagonismo de la juventud empobrecida. La ofensiva capitalista sobre las condiciones de vida se pone en entredicho con los reclamos de esa juventud precarizada.

Muchos de los conflictos por la carestía de la vida tienen origen en la dinámica de la guerra imperialista, tanto entre Rusia y Ucrania como entre Estados Unidos e Israel contra Irán; con las consecuencias económicas que traen sobre el mundo, principalmente por el aumento de los precios de la energía.

La radicalidad de las movilizaciones también son parte del acervo común. El desarrollo de técnicas de autodefensa de masas es un elemento muy importante que además plantea los desafíos que tienen todos los movimientos de protesta en el mundo, ante la represión y la tendencia de los estados capitalistas a endurecer la represión y la transformación en estados policiales.

La necesidad de un programa socialista y un planteo de poder obrero y popular es una de las conclusiones que sacamos de estos movimientos. Podemos resistir, podemos enfrentar a la represión, podemos abrir crisis políticas en los gobiernos de centro, de derecha y progresistas, pero hasta aquí no hemos logrado empalmar al movimiento de lucha con una perspectiva de superación del capitalismo. La lucha por el poder, por la construcción de organismos de poder propios y por el enfrentamiento frontal contra el estado capitalista y la propia clase dominante con un programa propio es la urgencia actual, para que esta nueva ola de revueltas no deje el sinsabor de haber luchado y combatido con tanta fuerza para que la capitalización de nuestra energía la haga algún sector de la política burguesa que venga a presentarse como el cambio para servir más de lo mismo: un capitalismo que ya no puede ofrecer más que cadenas.

PRC, 27/10/26.

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