Qué nos dejó la visita de Obama

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La gira de Obama por Argentina los días 23 y 24 de marzo nos permite vislumbrar varias de las características que asume la actual coyuntura mundial. Desde la deuda externa hasta los derechos humanos.

Por un lado, la visita se inscribe en la lucha de Estados Unidos por conservar espacios de hegemonía mundial frente al avance de potencias en ascenso, en particular China, en un contexto de crisis económica mundial.

En este sentido, el gobierno norteamericano espera que las nuevas relaciones con el gobierno argentino permitan acercarlo a los acuerdos de libre comercio que viene tejiendo en el área del Pacífico (TTPs), preservando así su tradicional patio trasero latinoamericano de la creciente injerencia china.

En tanto la burguesía argentina, que durante el kirchnerismo venía privilegiando los negocios con el imperialismo chino bajo un esquema de intercambio de productos primarios por bienes de consumo, permitido por los altos precios de las materias primas, pasa, bajo el macrismo, a privilegiar los negociados con el imperialismo yankee, ya que ante la baja de los precios de las materias primas, si quiere continuar con la línea de “pagadores seriales”, necesita arreglar con los fondos buitres y obtener nuevos préstamos internacionales, para los cuales busca la bendición norteamericana.

Por otro lado, el paso por Cuba y la posterior visita a Argentina en el marco del 40 aniversario del golpe de Estado de 1976, con paseo incluido por el Parque de la Memoria, expresa la plena funcionalidad de la política de reacción democrática encarada desde fines de los 70`.

En Cuba, fue a dar un paso más hacia la plena incorporación del país al mundo capitalista, faltando ahora que se llegue a la plena instauración de una democracia liberal, en nombre de los derechos humanos. En Argentina, muestra cómo el discurso de denuncia de las dictaduras y ensalzamiento de la democracia representativa, iniciado en los 80 y profundizado por el kirchnerismo como respuesta a la crisis del 2001 y a la lucha de los organismos de DD.HH., es perfectamente acorde a las necesidades de la burguesía, ya que les permite lavarse la cara a la par que condenar por autoritarios a quienes se oponen al avance capitalista, mientras por lo bajo se siguen violando los derechos de las masas en los barrios y las fábricas, con persecuciones, aprietes, gatillo fácil, etcétera.

La hegemonía ideológica en esta línea permitió a Macri traer a Obama al país un 24 de marzo y que sólo haya habido una marcha reducida a una parte de la militancia de la izquierda en repudio de ello, pese a que la tradicional marcha a Plaza de Mayo fue una de las más masivas de los últimos años.

Lamentablemente, la mayor parte de la izquierda no logra articular un discurso que conecte el plano “económico” con el plano “político”. La estrecha conexión entre la democracia burguesa y su visión limitada de los derechos humanos con las características de la acumulación capitalista neoliberal.

Desarrollar la comprensión de estos nexos es una tarea esencial para empezar a desarmar la dominación ideológica que a su vez encubre la dominación “material” y avanzar en una alternativa global de la clase obrera a los planes de la burguesía, esto es, la lucha por el socialismo.


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