Compañera: Este paso que diste puede ser el primero…

El levantamiento de las 20.000 en 1909, la huelga de Pan y rosas en 1912 de las textiles estadounidenses, la de las obreras de la Ford de Dagenham (Inglaterra) en 1968 y la primera huelga cívica de mujeres conocida como el “Día libre de las mujeres” de Islandia en 1975, fueron los antecedentes históricos del paro de mujeres polacas durante octubre de este año contra la prohibición del aborto y del Miércoles Negro argentino contra los femicidios, que repercutió en marchas por toda Latinoamérica y en algunas ciudades europeas.

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Decenas de miles de mujeres en la calle en un grito contra el femicidio diario en la Argentina, como emergente de la cultura machista y patriarcal tan arraigada.

Esta movilización sostuvo un programa expresado en el documento leído en Plaza de Mayo  que, entre otras cosas, decía: “Paramos porque, para detener a la violencia femicida, necesitamos plantarnos desde la autonomía de nuestras decisiones, y esto no es posible mientras el aborto no sea legal, seguro y gratuito para todas. Mientras las variables económicas sigan reproduciendo la violencia machista, porque nuestras jornadas laborales son dos horas más largas que las de los varones, porque las tareas de cuidado y reproductivas caen sobre nuestras espaldas y no tienen valor en el mercado de trabajo. Porque la desocupación crece dos puntos cuando se habla de mujeres, porque la brecha salarial es, en promedio, de un 27 por ciento. Es decir, que, a igual trabajo, las mujeres ganamos mucho menos que nuestros compañeros.”

Mientras esta marcha poblaba las calles, el Senado daba media sanción a la ley que propone la paridad de género en las listas a cargos nacionales electivos y partidarios, como si por esa vía se solucionara alguna de las demandas más sentidas por las más de cien mil movilizadas en todo el país. La misma legislatura que, de la mano de Cambiemos y el apoyo de otros sectores políticos patronales, “por olvido”, el día anterior aprobó el proyecto de modificación del Ministerio Público Fiscal, que elimina la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM), única en el país dedicada a la investigación de femicidios.

Y con la propuesta de presupuesto que va a entrar por estos días al parlamento demuestra a las claras que, por más que vote leyes que apunten a solucionar estas demandas, al igual que el anterior gobierno, estas serán sólo papel escrito si luego no asigna partidas para llevarlas adelante.

Es imposible pensar un aborto libre y gratuito con salitas y hospitales desmantelados. O una ley de protección a las mujeres golpeadas sin presupuesto para hogares de tránsito. Ni siquiera pueden ponerle pulsera electrónica al agresor ya que no alcanzan las que hay en stock.

Puede que votando una ley de emergencia, que contemple todas las demandas delas mujeres, el Estado pueda hacer algo efectivo, pero no lo hará.

Se necesitarán muchas marchas, muchos gritos, como el del 19 de octubre, para que esa sorda pared escuche. Es que los problemas de género están ligados a los problemas de nuestra clase. Por eso, el paro reivindica a aquellas huelgas de las obreras textiles de principio de siglo pasado y pone la herramienta de lucha de la clase trabajadora al servicio de la lucha de las mujeres que, en las calles, demostraron su poder.

Ni el gobierno, ni la oposición burguesa, que se sacan fotos con carteles del Ni una Menos, serán consecuentes con esta lucha.

La actual dirección del movimiento de mujeres debería cuestionarlos, interpelarlos, preguntarles abiertamente porque no hicieron ni hacen nada para frenar los femicidios, tal como decía el documento leído en el cierre del acto: “Nadie quiere hacerse cargo de estas preguntas. Y menos quieren pensar respuestas que nos incluyan no sólo como víctimas, muertas, cosas, sino como protagonistas con voz propia. Nosotras sí queremos insistir, exigir, preguntar, responder, porque no queremos más víctimas de ningún tipo. Contra los femicidios y contra la precariedad de nuestras vidas, nosotras paramos y decimos: ¡Ni Una Menos!  ¡Vivas nos queremos!

Finalmente, compañera, desde el Partido por la Revolución y el Comunismo-PRC, te llamamos a que, si abriste la boca para gritar “Basta”, ya no la cierres; si levantaste el puño para defenderte del maltrato, ya no lo bajes; organizate para derrotar no sólo al patriarcado, sino al sistema capitalista, que se sostiene en el privilegio de unos pocos que usufructúan el trabajo y  en la opresión de la inmensa mayoría.

¡Liberémonos todas/os juntas/os!

PRC – 21/10/2016.


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