Tercer artículo: A 100 años de la muerte del revolucionario Iákov Mijáilovich Sverdlov

Este tercer y último artículo sobre la vida del gran revolucionario ruso aborda su actividad militante luego del último encierro que lo tuvo preso hasta la revolución de febrero, cuando las masas rusas voltearon al zarismo. El rol jugado por Sverdlov hasta su muerte en marzo de 1919 tanto en el triunfo como en la consolidación de la primera revolución socialista fue determinante, desde formar parte del Comité Militar que preparó la insurrección de octubre hasta ser el primer Presidente de los Soviet de toda Rusia, pasando por haber sido organizador junto a Trotsky del Ejército Rojo y principal dirigente del partido así como organizador del Primer Congreso de la Internacional Comunista, esa organización proletaria que fue el faro de la lucha socialista para millones de obreras y obreros en el mundo.

 

Del destierro a organizador del Partido Bolchevique

Luego de la revolución de febrero y con la amnistía general lanzada por el gobierno provisional de Kérenski, lxs presxs políticxs habían logrado salir del exilio, entre ellxs muchxs bolcheviques.

Sverdlov, una vez en libertad, fue directamente a Petrogrado atravesando a caballo las estepas heladas.

En marzo se pondrá en contacto con “Las cartas desde lejos” escritas por Lenin desde Suiza, en las cuales analizaba la situación de Rusia, el desarrollo de la guerra imperialista y planteaba las tareas revolucionarias para el momento. Luego elaborará las “tesis de abril”, que le brindarían al partido la táctica y el programa correcto de intervención de cara a la revolución socialista.

Por esos meses Iacob Sverdlov se trasladó de Petrogrado a la zona de los Urales, donde es inmediatamente reconocido por lxs trabajadorxs de la zona. Hablaba en las puertas de las fábricas, en numerosas asambleas y trabajó duro para organizar nuevamente a lxs bolcheviques de la región.

Por iniciativa del partido, se convocó a una conferencia. Allí, Sverdlov se encargó centralmente de elegir a un comité regional y a un grupo de delegadxs que serían lxs encargadxs de participar en la 7ma conferencia del partido de toda Rusia. Sverdlov será elegido miembro del comité y delegado para la conferencia.

Esa conferencia tuvo una importancia decisiva para el partido y para la revolución de octubre. Fue allí donde se decidió que el partido concentrara todas sus energías en “ganar” a la mayoría de la clase obrera, explicando pacientemente cuál era la línea del partido. La línea de los bolcheviques era, centralmente, que el poder debía concentrarse en manos de los soviets.

La conferencia eligió un nuevo Comité Central compuesto por nueve personas, entre ellas Sverdlov, quien también fue nombrado secretario de ese CC, es decir, era él quien llevaba las tareas organizativas del Comité Central.

En su libro “Semblanzas revolucionarias”, Anatoli Lunacharski  describe el rol que tenía Sverdlov durante aquel periodo: “Hasta las Jornadas de Julio Sverdlov formó parte del ‘estado mayor’ bolchevique, desde el cual dirigió los acontecimientos junto a Lenin, Zinóviev y Stalin. Durante aquellas jornadas fue empujado a un primerísimo plano. No es éste el lugar para explayarse sobre las causas y la significación de las manifestaciones de julio realizadas por el proletariado de Petrogrado y Kronstadt. Pero es un hecho que la organización técnica de las mismas, una vez que se comprobó la imposibilidad de frenarlas, se debió grandemente al trabajo de Sverdlov. Fue él quien pasó revista al gigantesco desfile en el que participaban decenas de miles de hombres armados, a medida que marchaban pesadamente ante los balcones del palacio de Rshesínskaia; fue él quien dio a los destacamentos en marcha sus combativas consignas.”

            “Por alguna razón peregrina, cuando se impartió la orden de arrestar a Lenin y Zinóviev y cuando Trotski, yo y muchos otros bolcheviques y socialrevolucionarios fuimos encarcelados, no se arrestó a Sverdlov, pese a que la prensa burguesa había señalado directamente su papel capital en lo que la misma llamaba la ‘insurrección’. En todo caso, esa circunstancia hizo de Sverdlov el líder efectivo del partido en ese momento nefasto; el hombre que aceró su espíritu pese a los reveses sufridos”[1]

 

La revolución socialista de octubre

El alzamiento fallido de julio dirigido por lxs bolcheviques puso en una situación compleja a la organización.

Lenin y Zinoviev se ocultaron en Finlandia, otrxs bolcheviques y obrerxs revolucionarixs cayeron en combate, otrxs estaban presxs o tenían pedido de captura. El partido quedó totalmente desarticulado.

Sverdlov, clandestinamente, se quedó en Petrogrado. Desde allí encabezó los debates con aquellxs que renegaban del levantamiento de julio y que planteaban que la “insurrección” no era el camino, tomó contacto con las provincias, llamó a la preservación de lxs militantes expuestxs, y volvió a reorganizar las filas bolcheviques. Fue bajo su dirección práctica que el partido volvió a orientarse en el camino de la toma del poder.

Así, fue el encargado de llevar adelante las reuniones del Comité Central durante septiembre y los primeros días de octubre en ausencia de Lenin y formó parte activa, como miembro del Comité Ejecutivo del Comité Militar junto a León Trotsky, de la planificación y organización de la insurrección armada que dio inicio al poder soviético.

Lenin definió así a Sverdlov: “… una característica mucho más profunda y permanente de esta revolución y condición de su triunfo, es y será siempre la organización de las masas proletarias, la organización de los trabajadores. Y esta organización de millones de trabajadores constituye el mejor ámbito de la revolución, la fuente más profunda de su victoria. Esta característica de la revolución proletaria es la que hizo surgir en el curso de la lucha a dirigentes que mejor materializaron esta característica específica de nuestra revolución no conocida antes, es decir, la organización de las masas. Esta característica de la revolución proletaria también hizo que se destacara un hombre como I. M. Sverdlov, que fue ante todo y por encima de todo un organizador”[2]

La tarea de organizar el partido y a las masas fue sin duda el legado más importante de Sverdlov, reconocido por sus propios camaradas. Así, tras la caída del gobierno provisional y una vez tomado el poder por la clase obrera rusa, Sverdlov fue elegido Presidente del Comité Ejecutivo Central de los Soviet de toda Rusia, a la vez que era el encargado de llevar adelante el Comité Central del partido, siendo el Secretario.

 

Organizador y dirigente del primer Estado obrero

Como bien cuenta Trotsky, Sverdlov era uno de los dirigentes más importantes de la Rusia socialista: “Pero por entonces se hablaba mucho más de un ‘diunvirato’. Durante la guerra civil, el ‘laureado poeta’ del Soviet, Dyemyan Byedny, escribió unos versos sobre “nuestro dueto”. Nadie hablaba entonces de un triunvirato. En todo caso, cualquier persona que usara tal expresión nunca se habría referido a Stalin como tercero, sino a Sverdlov, que era el popularísimo presidente del Comité Ejecutivo Central de los Soviets y firmaba todos los decretos más importantes. Recuerdo haber hablado con él varias veces sobre la insuficiente autoridad de algunos de nuestros miembros directivos en provincias. En una de estas ocasiones, Sverdlov observó: “En las localidades aceptan sólo tres firmas: la de Ilich, la tuya y hasta cierto punto la mía.” (Sverdlov, dijo Lenin, era persona de aptitudes organizadoras verdaderamente notables, y de prodigiosa capacidad para trabajar duro, muy superior a Stalin.) “Nadie era tan capaz de llevar a la vez tareas de organización y políticas como Sverdlov -dijo Lenin en el Congreso del Partido de 1920-. Y tendremos que probar a reemplazar su actividad con la labor de toda una junta.”[3]

Los dos años posteriores a la toma del poder, sin duda, demandaron a lxs dirigentes bolcheviques y a toda la clase obrera rusa tareas extraordinarias. Sverdlov fue el encargado de estructurar las organizaciones del partido en todo el país, y recorrió toda Rusia como jefe de Estado siendo el nexo entre el partido, las masas y los soviets.

Durante todo este periodo trabajó incansablemente junto a Lenin y a Trotsky, sentando las bases del primer Estado obrero del mundo.

Como Presidente del Soviet de toda Rusia se encargó de redactar la constitución del primer Estado socialista del mundo.

Durante 1918, cuando Lenin fue herido, tomó las máximas responsabilidades en las funciones del Partido Comunista, un año muy duro para la revolución ante el avance de la contrarrevolución. Y fue nuevamente él quien se encargó de pasar provincia por provincia, incorporando combatientes para la formación del Ejército Rojo. Su constante contacto y estrecho vínculo con las masas posibilitó en gran medida que la clase obrera y el pueblo pobre ruso se sacrificara convencida de que estaba en el camino correcto.

Fue también organizador del Primer Congreso de la Nueva Internacional Comunista, celebrado en Moscú durante los primeros días de marzo de 1919.

Sus funciones, cargos, reuniones, responsabilidades aumentaban con el desarrollo de la revolución. Dormía tres o cuatro horas por día; por lo general su habitación era su oficina de trabajo en el Kremlin.

En uno de sus viajes contrajo una gripe mortal, aunque, como señala Lunachesky, varios fueron los factores que incidieron en su muerte: “No puedo decir con certeza si nuestro diamante Sverdlov se quebró por un exceso de trabajo: ello siempre es difícil de determinar. Pienso que sus médicos subestimaron la tensión en la cual vive un revolucionario. A menudo les oí decir: ‘Desde luego, el esfuerzo excesivo desempeñó un papel importante en su caso, pero la causa verdadera de su enfermedad reside en otro lado y se habría manifestado aun bajo las circunstancias más favorables, aunque quizás con posterioridad’. Pienso que se equivocan. Creo que la enfermedad latente en su organismo y los peligros externos que lo rodearon siempre, se combinaron para hacerle un daño fatal sólo en conjunción con la tensión excesiva: este factor, por ende, fue la causa dominante de la catástrofe. Sverdlov se constipó después de uno de sus discursos en provincias, pero como rehusó atenderse, prácticamente se desmoronó bajo el peso de las tareas sobrehumanas que se había impuesto. Por esta razón, aunque a diferencia de otros revolucionarios no murió en el campo de batalla, estamos en lo cierto cuando vemos en él un hombre que dio su vida por la causa que servía.”[4]

Hace exactamente cien años, antes de cumplir los 34 años de edad, el gran revolucionario ruso Sverdlov, quien dedicó su vida a la clase obrera y a la revolución socialista en Rusia y en el mundo, dejaba de respirar.

Lenin le dedicó las siguientes palabras en un discurso pronunciado en su memoria en la Sesión del Comité Ejecutivo Central del Soviet: “Pero este revolucionario profesional jamás, ni por un minuto, perdió contacto con las masas. Cuando las condiciones del zarismo lo condenaron, como a todos los revolucionarios de su tiempo, a desarrollar una actividad fundamentalmente ilegal, clandestina, también en ese medio clandestino e ilegal, el camarada Sverdlov marchó siempre hombro con hombro, mano a mano con los obreros de vanguardia que, a comienzos de siglo, comenzaban a ocupar el lugar de la anterior generación de intelectuales revolucionarios.”

            “Fue entonces que decenas y centenares de obreros de vanguardia se lanzaron a la actividad y adquirieron ese temple de acero en la lucha revolucionaria que, junto con la estrecha vinculación con las masas, hicieron posible en Rusia una revolución proletaria victoriosa. Y es precisamente este largo periodo de actividad clandestina el que sobre todo caracteriza al hombre que intervino constantemente en la lucha, que jamás se desligó de las masas, jamás abandonó Rusia, que actuó siempre junto a los mejores obreros y supo convertirse -pese a aquel asilamiento de la vida común a que las persecuciones condenaban al revolucionario- no sólo en un amado dirigente de los obreros, no sólo en un dirigente con amplios conocimientos de la tarea práctica, sino en un organizador de los proletarios de vanguardia. Algunos pensaban -y así pensaban casi siempre nuestros adversarios o los vacilantes- que esta completa absorción por el trabajo clandestino, que este rasgo característico del revolucionario profesional lo separaba de las masas, pero las actividades revolucionarias de I. M. Sverdlov nos demuestran cuán profundamente errónea era esa opinión y, por el contrario, cómo esta entrega sin reservas a la causa revolucionaria, que caracteriza la vida de los que pasaron por muchas cárceles y vivieron los destierros en las regiones remotas de Siberia, forjó a jefes como éstos, a la flor de nuestro proletariado. Y cuando esto se combina con el conocimiento de los hombres y con la capacidad organizativa, producía los grandes organizadores. Los círculos ilegales, el trabajo revolucionario clandestino, el partido ilegal, que nadie encarnaba y expresaba tan íntegramente como I. M. Sverdlov: ésta fue la escuela práctica por la que él pasó; y la única escuela que le permitió alcanzar la posición de primer hombre en la primera Republica Socialista Soviética, la posición de primer organizador de las amplias masas proletarias.”[5]

 

[1] Anatoli Lunacharski, semblanzas de revolucionarios, 1923

[2] Discurso en memoria de I.M Sverdlov en la sesión extraordinaria del CEC de toda Rusia, 18 de marzo de 1919, Pravda n°60 marzo de 1919. Incluido en las obras completas de Lenin tomo XXX versión de editorial Cartango

[3] León Trotsky, Stalin Biografía incompleta que se dio a conocer en 1946. Versión 2008

[4] Anatoli Lunacharski, semblanzas de revolucionarios, 1923

[5] Discurso en memoria de I. M. Sverdlov en la sesión extraordinaria del CEC de toda Rusia, 18 de marzo de 1919, Pravda n°60 marzo de 1919. Incluido en las obras completas de Lenin tomo XXX, versión de editorial Cartago.


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