Las jornadas obreras de junio y julio de 1975 y el rol de las organizaciones políticas


“…Porque lo que el sistema no soporta ni admite es que desde las mismas entrañas de su aparato de dominación: las fábricas, las minas, los talleres, los venerados santuarios de la “diosa propiedad”, se gesten organismos que, por ser expresión cabal de los trabajadores y sus intereses, cuestionen en la lucha cotidiana la esencia misma de la explotación. Lo que el régimen no soporta es que pese a sus irracionales, manotazos represivos, este nuevo poder que surge desde abajo se extienda día a día. Que por cada compañero asesinado o detenido se alcen cientos dispuestos a ocupar su lugar. Lo que los capitalistas no pueden admitir es tener que reconocer ante la historia que su voracidad sangrienta por el lucro, su egoísmo intrínseco, las contradicciones insalvables entre el régimen que ellos han construido y los intereses de la humanidad gesten día a día, allí donde el ritmo de las máquinas y la opresión cotidiana esperaban encontrar instrumentos dóciles a la explotación, cientos, miles, millones de “guerrilleros fabriles” que están acumulando fuerzas, experiencia y poder para mañana decir ¡basta!…”

Movimiento de Izquierda Revolucionario- Organización Comunista Poder Obrero


Podríamos decir que formalmente las coordinadoras interfabriles surgen para comienzos de junio de 1975, en lo que después será conocido como “las jornadas de junio y julio”.

El objetivo de esta coordinación era establecer un piso de acuerdos a nivel fabril que permitiese romper con la política conciliadora de la CGT, y poder ser una alternativa real de dirección político-sindical para el conjunto de la clase obrera.

El “pacto social” y la inviabilidad de su concreción en los marcos de la “democracia burguesa” profundizaban los niveles de represión y ajuste sobre la clase trabajadora.

La burguesía, de la mano de Isabel Perón, López Rega y Celestino Rodrigo al mando del gobierno, se encontrarán con una formidable respuesta de la clase obrera, un auge de masas, con movilizaciones que incluían altos grados de masividad y combatividad que se expresarán en las coordinadoras, como la respuesta unitaria del sector más avanzado de la clase obrera ante los planes de hambre y miseria que la burguesía quería imponer.

Esta coordinación era llevada adelante por comisiones internas, cuerpos de delegadxs y agrupaciones combativas de diferentes tendencias políticas y que, en su seno, nucleaba en la provincia de Buenos Aires cuatro zonas (norte, sur, oeste y capital). Al contrario de la burocracia sindical, estos organismos impulsaban la democracia obrera en cada fábrica y, a través de los mandatos de base, iban resolviendo zonalmente el accionar mediante el método asambleario.

Su concreción en gran parte fue el resultado de un trabajo sistemático de años sobre la clase obrera desarrollado por las organizaciones revolucionarias, tanto en el plano sindical como en el político. Allí, la corriente política trotskista de combate, integrada principalmente por el Partido Revolucionario de los Trabajadores-PRT, la Organización Comunista Poder Obrero-OCPO y el Grupo Obrero Revolucionario-GOR, jugaron un papel muy destacado, así como también otras organizaciones trotskistas como el Partido Socialista de los Trabajadores-PST y Palabra Obrera-PO, y la JTP de Montoneros, por el lado del peronismo.


Desarrollo y política de las coordinadoras

Todo el proceso que surge o que tiene su máximo pico en mayo del 69’ con el Cordobazo y que se profundizará luego con la asunción de Cámpora y la vuelta de Perón al gobierno, fue sin duda la antesala de lo que ocurriría en junio-julio de 1975, momento en el cual la clase obrera, orientada por la organizaciones revolucionarias, esbozó por primera vez en la historia del movimiento obrero argentino un programa unitario de combate e independiente de las fracciones de la burguesía, enmarcadas éstas en la burocracia sindical.

Sin comprender el rol de las organizaciones -sobre todo marxistas- en esa época, no podemos concebir la aparición de las coordinadoras. Las coordinadoras no se desarrollaron y surgieron espontáneamente; al contrario, fueron las organizaciones las que a través de la inserción (ya sea mediante la proletarización de cuadros o la cooptación de cuadros obrerxs para la militancia revolucionaria) fueron marcando esta necesidad y el camino hacia su concreción.

Las coordinadoras levantaban un programa de reivindicaciones económicas, sindicales y políticas, entre las que se destacan: la reapertura de las paritarias y la homologación de los acuerdos; la renuncia de todos los dirigentes sindicales que apoyaban el ajuste y los decretazos; la exigencia de asambleas; un plan de lucha y la huelga general a la CGT; se pronunciaba también a favor de la democracia obrera; por la recuperación de los sindicatos de manos de los burócratas; y por la libertad de todos los presos políticos, gremiales y estudiantiles.

Los abandonos de fábrica, acompañados por movilizaciones que partían de diferentes puntos hacia la CGT, le exigían a la central el paro general, a la vez que la Inmediata renuncia de los ministros López Rega y Celestino Rodrigo. Obrerxs de todos los gremios se movilizaban (metalúrgicxs, bancarixs, textiles, sanidad, alimentación, navales, ceramistas, entre otros), y en distritos como en La Matanza, San Martín o Pacheco la paralización era casi total. Basta recordar que sólo la Ford de Pacheco con casi 8.000 obrerxs estaba totalmente parada con sus trabajadorxs dentro; lo mismo ocurría con lxs obrerxs astillerxs de Tigre y San Fernando.

La burocracia sindical emitía comunicados contra la infiltración izquierdista dentro del movimiento obrero, y llamaba a lxs trabajadorxs a volver a sus lugares de trabajo para organizar la “lucha” por la homologación de los convenios colectivos de trabajo, criticando a la izquierda revolucionaria de promover el desorden y ayudar a profundizar los problemas que aquejaban al país. Muy a pesar de la burocracia, las movilizaciones se repetían una tras otra, mostrando también el grado de independencia que había logrado el movimiento obrero.

Estos organismos con incipientes características de “doble poder” se convirtieron en una amenaza tanto para la burocracia sindical como para la burguesía, al punto tal que, por su combatividad y expresión de clase, se los llamó “guerrilla fabril”.

Finalmente, las coordinadoras junto a la fuerte presión de las bases hicieron que, luego de 36hs. de paro (el martes 8 de julio de 1975), el gobierno, a través de la convocatoria a la cúpula de la CGT y de las 62 organizaciones, homologará las paritarias sin techos, entre otros varios reclamos.

Las coordinadoras se extendieron algunos meses más, pero la política represiva y la necesidad de dar un corte definitivo al movimiento revolucionario, sumado al reflujo de las masas, hicieron imposible su desarrollo en el tiempo. El golpe cívico militar que dejó 30.000 detenidxs desaparecidxs ya estaba en marcha.


La experiencia de lxs obrerxs de Ford y la actividad revolucionaria

Las masivas movilizaciones de lxs obrerxs de la Ford por reivindicaciones en principio económicas fueron, a medida que se agudizaba la confrontación con el gobierno, transformándose en reclamos de carácter político, de ahí que primero movilizan a la CGT para luego ver como única solución posible llegar hasta “la casa de gobierno”.

Las organizaciones revolucionarias jugaron un papel destacadísimo tanto para impulsar las acciones de lucha como para acompañar las movilizaciones, destinando por ejemplo el PRT escuadras del ERP, que se encontraban algunas veces en las inmediaciones de las marchas, otras veces en la misma columna obrera camufladas de tal manera que no sean reconocidas, con el objetivo de actuar en caso de que las fuerzas de seguridad quisieran reprimir y evitar el avance de la columna obrera.

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“El 16 de junio de se produce (…) uno de los más importantes actos de masas antes del inicio del ciclo de huelga general de junio-julio de 1975, protagonizado por los trabajadores de la automotriz Ford de General Pacheco (Tigre). (…) en sus 4 plantas integradas (una pequeña ciudad), trabajaban 7.500 obreros a lo largo de cuatro turnos. Esta magnitud la convertía en el establecimiento industrial más importante de la zona norte del gran Buenos Aires, no sólo por su propio tamaño, sino también porque demandaba un conjunto de autopartes producidas en fábricas más pequeñas de las cercanías”.

“Sus obreros se organizaban en un cuerpo de delegados de 130 miembros (…) Por otra parte, un elemento cualitativo destacado era la composición del colectivo obrero, donde se combinaba la juventud de sus integrantes y un alto grado de politización”.

“Si bien las fuerzas de izquierda no tenían la mayoría en el cuerpo de delegados ni en la comisión interna, disponían sí de una significativa presencia en forma de delegados por sección y activistas, abarcado un arco ideológico muy amplio (PC, PCR, la “Tendencia Revolucionaria” del peronismo y PST). Todos los testimonios coinciden, no obstante, en afirmar que el PRT era la fuerza que mejor se había implantado en ese complejo fabril” (…)

“La posición que se iba imponiendo en la fábrica era la de llegar ‘como sea’ hasta frente mismo de la casa del Gobierno. Esta postura, compartida por una parte importante de los trabajadores, era impulsada por el núcleo de activistas del PRT, quienes habían ganado en las últimas semanas protagonismo por la intensa actividad desplegada. Este núcleo, a instancias de su dirección partidaria, se preparó para enfrentarse a la muy probable represión policial. La preparación de lo que solía denominarse “autodefensa” (hondas, bulones y recortes de chapa, clavos “miguelito” y hasta bombas incendiarias) era una práctica relativamente común en las manifestaciones obreras de la década de 1970.”[1]

La obrerxs de la Ford fueron principales actores de las coordinadoras de la zona norte. A través del “Comité de lucha”, participaron de los diferentes plenarios que se fueron dando con el objetivo de extender la coordinación a nivel nacional.

Durante el periodo anterior al desarrollo de las coordinadoras, que surgen como táctica de frente único obrero para enfrentar los planes de ajuste conocidos como el “Rodrigazo”, organizaciones como el PRT se había encargado de concentrar su política sobre algunos sectores industriales de gran importancia en la estructura del capital (como lo fue la FORD). Allí desarrolló varias células obreras que, a partir de 1973, se encargaron entre otras cosas de la edición de un boletín fabril (el cual llevaba el nombre de “Luis Pujals”, su primer desparecido), donde lxs mismxs militantes del partido que trabajaban en la FORD tomaban los aspectos más diversos de la lucha de clases (reivindicativo, político, estratégico, etc.) y se concentraban en el trabajo sistemático sobre sus compañerxs.

También, como marca Héctor Lobbe: “A comienzos de 1975 inclusive se comisionó al tercer cuadro en jerarquía del ‘buro político’, Benito Urteaga, para que se encargase de coordinar las tareas de organización y agitación sobre la Ford, en el convencimiento que esta fábrica sería el centro desde donde irradiar su trabajo e influencia en Zona norte, según la concepción del doble poder.”[2]

La tarea militante realizada en la fábrica Ford muestra una de las características principales por las que las organizaciones revolucionarias llegaron a codirigir las enormes movilizaciones del año ‘75. En efecto: era un eje central del trabajo sistemático y planificado sobre los sectores estratégicos de la clase obrera industrial, escuchando y aprendiendo junto a lxs trabajadorxs.

La valiosa experiencia de lxs obrerxs de la Ford y el trabajo desarrollado por las organizaciones revolucionarias en su interior llevó a la burguesía a tomar sangrientas represalias contra lxs trabajadorxs, con casi 40 desaparecidxs de los cuales la gran mayoría pertenecía al cuerpo de delegadxs. La patronal y la dictadura cívico militar montaron, luego del golpe del 76’, un quincho especialmente destinado a torturar a lxs delegadxs, a la vez que dentro del mismo funcionó un centro clandestino de detención.


Retomar hoy el ejemplo de las coordinadoras

Cada crisis económica y política, con sus conocidas medidas de ajuste contra nuestra clase, pone de manifiesto la necesidad de recuperar las mejores experiencias que supimos darnos lxs trabajadorxs.

Las coordinadoras mostraron todo el potencial que tenemos como clase cuando nos organizamos con independencia política de la burocracia sindical pero sobre todo de los distintos partidos políticos que expresan a las distintas fracciones de las patronales (el PJ en todas sus variantes, la UCR, etc).

Hoy nuevamente es necesario retomar ese camino de unidad y de lucha. Frente a una nueva crisis capitalista en el mundo que lleva ya una década y varios años en Argentina, la burguesía nacional y extranjera, grande y pequeña, nos plantean el recorte y la austeridad como única salida.

Por ello, se hace indispensable decirle no a los planes de ajuste, y plantear una alternativa que sea expresión genuina de nuestra clase, con representación real sobre los lugares de trabajo, que logre nuclear a las distintas expresiones democráticas y clasistas de la clase trabajadora, movilizada en forma independiente de la burocracia y de toda fracción política patronal.

Es tarea de las organizaciones revolucionarias impulsar y militar la coordinación en cada lugar de trabajo, desde cada zona, con la perspectiva de poner en pie una herramienta unitaria estable que pueda ser referencia de lucha para el resto de clase trabajadora en la lucha contra el capital, sus gobiernos y su Estado.

 

[1] Löbbe, H. La guerrilla Fabril. Ediciones RyR. Buenos Aires. Segunda Edición, 2009.

[2] Löbbe, H. La guerrilla Fabril. Ediciones RyR. Buenos Aires. Segunda Edición, 2009.


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