No pagar la deuda, romper con la sumisión

¿Realmente ser buenos pagadores de deuda nos sacó y puede sacarnos de la crisis? ¿Puede darse un gran cambio por medio de las elecciones en cuanto a la deuda de la mano de los principales candidatos? ¿Cómo salir de esta sumisión política histórica que significa la deuda?

Del “no pago” al “desendeudarnos para ser libres”

Cuando estalló la crisis de 2001 en nuestro país, una de las consignas que levantábamos quienes dimos vuelta en las calles el “estado de sitio” y echamos a De la Rúa, era el no al pago de la deuda.

Sabíamos que, mediante sus préstamos, el FMI, el BM y los organismos internacionales nos tenían completamente atados a sus recetas, que siempre son ajustes para la clase trabajadora y ganancias millonarias para los capitalistas.

Pues la deuda externa es la forma que tiene el imperialismo de condicionar políticamente a los distintos gobiernos, evitando cualquier programa político que se corra de los marcos que le convienen para seguir sosteniendo su dominación.

Posteriormente, el kirchnerismo logró dar vuelta esta consigna y convenció a muchos sectores de que ser “buenos pagadores de deuda” era un acto de soberanía, cuando en verdad fue y es un acto de subordinación, de reconocimiento de deuda ilegal e ilegítima.

Raspar la olla por la deuda

Durante los gobiernos kirchneristas se pagaron 200 mil millones USD en deuda pública. Y una gran parte de los fondos estatales se utilizaron, por ejemplo, para saldar deudas privadas de millonarios como Ford, Renault y la propia familia Macri.

Posteriormente, se sacaron fondos de las jubilaciones (Anses), fondos del Banco Nación y reservas del Banco Central.

Toda esa plata podría haberse invertido en escuelas, hospitales, viviendas, jubilaciones dignas, etc. Los fondos estaban. Podía hacerse.

Lo que no estaba era la voluntad política de decirle NO a los organismos internacionales y los empresarios millonarios, tal como habíamos gritado en las calles.

Y hoy por hoy esa intención sigue ausente entre los candidatos más conocidos.

Es importante comprender que el tema de la deuda no es una cuestión aislada. No es simplemente que Macri es malo y nos endeudó, y ahora otros tienen que pagar sí o sí, como si fuese un destino inevitable.

Lo cierto es que la burguesía local ha hecho del endeudamiento del país un mecanismo de desarrollo subordinado a las grandes potencias imperialistas, de transferencia de recursos sociales a manos privadas y de negocios propios. Por eso sus representantes políticos siempre buscan “honrar los compromisos”.

Por otro programa

Tras años de “macrisis”, es natural que las elecciones generen expectativas.

Pero mientras buscan posicionarnos de uno u otro lado, nuestra clase sigue sufriendo las consecuencias del endeudamiento con pobreza, desocupación, ajuste, y reformas antiobreras.

Y lo cierto es que las elecciones en sí mismas no van a implicar ninguna gran transformación y los gobiernos burgueses seguirán pagando y repagando, si no hay un cambio radical de programa con la sociedad movilizada.

Sólo la clase trabajadora puede elaborar otro programa y luchar hasta imponerlo para cortar con los ciclos de endeudamiento y crisis de deuda a las que nos somete históricamente la burguesía.

QUE SE INVESTIGUE LA DEUDA

En Argentina, hubo un fallo del Juez Ballesteros en el año 2000 que dictaminó que la deuda externa contraída durante la última dictadura cívico militar era ilegítima: la investigación detectó que hubo al menos 477 hechos ilícitos e ilegales.

Entre ellos, en 1982, Cavallo estatizó deudas privadas y terminamos pagando las deudas que pidieron empresarios millonarios como Techint, Renault, Ford, Pérez Companc y la propia familia Macri.

De 1983 hasta el 2000, se presentaron en el Congreso más de 60 proyectos reclamando la formación de comisiones investigadoras para auditar la deuda. Ninguno prosperó.

Es que las principales fuerzas políticas (PJ y UCR, PRO) saben que la deuda externa que pagamos era ilegal e ilegítima, pero decidieron ignorarlo.

Lo mismo pasó con otros préstamos. El Blindaje del año 2000 y el Megacanje de 2001 están sospechados de fraude con la colaboración del FMI y el BM. El préstamo de 2001 se evaporó entero financiando fuga.

La reestructuración de deuda del gobierno de N. Kirchner y Lavagna, si bien negoció una “quita”, reconoció su legitimidad.

Hoy, casi el 50% de la deuda contraída por Macri tuvo por destino la fuga al exterior.

Hay que investigar la deuda externa presente y pasada y dejar de pagar deudas ilícitas que enriquecen a empresarios nacionales y extranjeros. La única opción para nuestra clase es decir NO al pago de la deuda. 


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