No hay salida de la mano de las patronales

El FMI es una institución internacional que se pone por encima de los gobiernos. A cambio de dinero, extorsiona a los países para que lleven adelante las políticas que las grandes potencias imperialistas dictan. Veremos aquí los casos de Grecia y Portugal, dos países que contrajeron recientemente deuda con el FMI, y que algunos sectores políticos locales los ponen como dos modelos contrapuestos, aunque en verdad son dos caras de la estabilización o repunte económico tras un ajuste feroz de años sobre la clase trabajadora.

El FMI y la crisis griega: el ajuste permanente

Mucho se ha hablado de la crisis de deuda griega que puso al Euro, la moneda de Europa, contra las cuerdas. Ante la posibilidad de una salida del Euro por parte de Grecia y un defalco de la deuda pública, las potencias Europeas salieron al rescate de sus bancos.

La Troika (es decir, la comisión de control conformada por el FMI, el Banco Central Europeo y la Comunidad Europea) se convirtió en el real gobierno de Grecia por diez años, imponiendo la austeridad para garantizar el pago de la deuda externa.

El ajuste permanente, el recorte en salud y educación, la extensión de la edad jubilatoria y el recorte de las pensiones, la privatización de recursos del Estado, el incremento de la desocupación y la baja general de todos los salarios, son el resultado de esta política.

Finalmente, después de diez años de ajuste, Grecia ha logrado estabilizar sus variables macro económicas. Pero esa estabilización se ha hecho mediante un ataque brutal a las condiciones de vida de la clase trabajadora.

La clase trabajadora griega no dejó que el plan de austeridad se imponga fácilmente, y opuso resistencia a la Troika y al reformismo en el poder. Decenas de huelgas generales y sectoriales a lo largo de los primeros años, con movilizaciones masivas y enfrentamientos con las fuerzas de orden, pusieron a Grecia en el centro de la escena.

La clase trabajadora mundial miraba la lucha griega y esperaba un triunfo contra la austeridad, como un mensaje al conjunto de los capitalistas de que “el ajuste no pasará”.

Pero la clase trabajadora luchó para frenar, impedir, resistir, pero sin un programa de salida a la crisis capitalista, ni un Partido Revolucionario que pudiese encauzar la dirección política de la gran rebelión popular surgida.

El partido Syriza vino a ocupar ese vacío político que dejó la clase y se presentó a elecciones con un programa anti-austeridad. Una vez en el gobierno, convocó a un referéndum popular para votar si se llevaba adelante el plan de ajuste o no, y ganó el no. Sin embargo, el gobierno de Syriza aplicó el plan de austeridad frustrando las energías de la clase trabajadora.

Las salidas parlamentarias o electorales no pueden detener el saqueo de recursos. Sólo la movilización y la imposición de un gobierno obrero que empiece por el desconocimiento de la deuda externa pueden lograr una salida diferente. Hoy Grecia es el modelo de ajuste sin fin que toma en nuestro país la Alianza Cambiemos como parámetro de las políticas a aplicar.

El FMI y la crisis portuguesa: ajuste y “milagro”

El otro modelo de país bajo la tutela del FMI que se toma es el de Portugal. Luego de una crisis de deuda y un rescate financiero por parte de la Troika, Portugal comenzó las políticas de ajuste que ya conocemos.

Aumento de impuestos al consumo, reducción de salarios, desocupación, aumento de la edad jubilatoria, reducción de las pensiones, ajuste en salud y educación. Es decir, volcar todos los recursos al pago de la deuda externa y por supuesto aumentar la explotación de la clase trabajadora y por lo tanto el empeoramiento general de las condiciones de vida.

Este plan de ajuste se llevó adelante desde 2010 en adelante, teniendo como “logros” significativos la reducción del salario mínimo a €700, mientras el mínimo alemán es de €1500; altos niveles de precarización laboral que alcanzan el 63,3% de los contratos laborales, a lo que debemos sumar que los empleos creados desde 2013 son precarios; la imposición del congelamiento de la antigüedad a los empleados públicos y reducciones en las jubilaciones.

Sobre esta base de ajuste, se produce el “milagro portugués”, combinado con una serie de factores internacionales que le permitieron al país aumentar alguna de sus exportaciones a España, y con la liberalización del ingreso de capitales para la especulación inmobiliaria, empujando los precios de las viviendas y los alquileres hacia arriba, dejando a los portugueses con mayores dificultades de acceso a la vivienda.

Nuevamente nos encontramos ante una salida capitalista de la crisis. Si bien estos últimos años Portugal logró salir del programa de austeridad y tener algún crecimiento, las principales variables del ajuste se mantienen.

Por una salida de fondo sin el FMI

Tanto el caso griego como el caso portugués, dos países sometidos al FMI, nos dejan una importante enseñanza a la clase trabajadora.

Los capitalistas sólo pueden salir de la crisis mediante la imposición del ajuste y el aumento de la explotación de la clase trabajadora. El crecimiento o repunte que nos venden como la luz al final del túnel es consecuencia de la baja general de las condiciones de vida, y las condiciones anteriores al inicio de los planes de austeridad no se recuperan.

El gobierno de Macri viene aplicando parte de este ajuste, con una reducción del poder adquisitivo del salario de casi un 25% en 4 años, el robo a las jubilaciones de 2017, y el ajuste sistemático en salud, educación, ciencia y técnica.

Por su parte, la principal oposición, el kirchnerismo, promete convalidar este ajuste y lograr un despegue a la portuguesa. Por lo tanto, nos avisan que ninguna de las reformas, ni las bajas salariales, serán revisadas por un eventual gobierno de Fernández-Fernández. Incluso algunos de sus principales asesores económicos han hablado de la necesidad de una reforma jubilatoria.

Por eso, desde el Partido por la Revolución y el Comunismo – PRC y la izquierda revolucionaria propiciamos la discusión de medidas de emergencia para salir de la crisis en favor de las grandes mayorías.

Para ello, a contramano del “votar bien”, es necesaria tener una actitud activa, desarrollar la movilización y construir la huelga general.

Dichas medidas deben empezar por desconocer la deuda externa y el acuerdo con el FMI, y centralizando en un Estado Obrero y Popular todos los recursos económicos del país para un desarrollo independiente y sin patrones, quienes sólo nos han traído crisis, endeudamiento y ajuste, demostrando históricamente su incapacidad para conducir los destinos del país.


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