Chile: Por un gobierno obrero popular socialista

Desde aquel 6 de octubre, cuando Piñera aumentó el boleto del tren, el pueblo se ha levantado en masa y viene protagonizando las movilizaciones más grandes de su historia. Las mismas reclaman ya no por medidas puntuales sino por un cambio general y de fondo, y apuntan al corazón mismo del régimen constitucional pinochetista, sostenido 30 años por derechistas y socialdemócratas.

Imágen: Frente Fotográfico

No son 30 pesos, son 30 años

En Chile rebalsó el vaso cuando se estableció un nuevo aumento de 30$ del boleto de trenes el 6 de octubre. Entonces la juventud llamó al boicot a través de evasiones de los molinetes, que tuvieron mucho éxito. Ante eso, el gobierno de Piñera echó atrás el incremento. 

Sin embargo, las protestas desde aquel momento y hasta la fecha no cesan; por el contrario, han ido creciendo y se transformaron en un poderoso movimiento nacional de protesta popular que viene poniendo en jaque al presidente y, más, a la élite dominante y al bloque político en su conjunto, que condujeron el país todos estos años bajo el orden heredado de la dictadura cívico militar de Pinochet.

Por eso la consigna “No son 30 pesos, son 30 años” sintetiza el sentimiento en las inmensas movilizaciones y asambleas en distintas ciudades y de cada combate contra el ejército y la policía. Es un cuestionamiento masivo y popular al régimen de explotación desde la vuelta de la democracia.

Por último, la rebelión chilena se enmarca además en la crisis mundial capitalista que no encuentra piso y que aprieta cada vez más sobre las condiciones de vida de los pueblos en distintas latitudes. 

De ejemplo capitalista a ejemplo de lxs trabajadorxs

Chile, el llamado paraíso latinoamericano, elogiado por la burguesía mundial como un país moderno y de los más estables de la región, con políticas de Estado gobierne quien gobierne, hoy cruje todos los días en las calles.

Sindicatos por empresa, sin poder de negociación; precarización laboral extendida; salud y educación aranceladas y municipalizadas; jubilación y agua privatizadas; universitarixs endeudadxs por estudiar; economía extractivista y primarizada; desplazamiento y persecución de los pueblos originarios; una enorme brecha social; son algunos de los rasgos salientes del modelo chileno tan elogiado por los poderosos.

Allí se han alternado en el poder derechistas y socialdemócratas y, pese a sus matices, en esencia han respetado a rajatabla el programa de la burguesía imperialista y local, sin grandes cuestionamientos. Desde Piñera hasta Bachelet son parte de un bloque de poder que no merece ya la confianza del pueblo. 

Chile despertó, movilizó masivamente pese a las medidas sociales de Piñera, enfrentó la represión de carabineros y del ejército, y con su persistencia derrotó el estado de emergencia y el toque de queda dispuesto por el gobierno. 

Así, de ejemplo de la burguesía mundial, Chile se transformó en un ejemplo internacional para la clase trabajadora, que muestra un camino de lucha para conquistar las demandas populares.

Por el ejercicio del poder desde las asambleas vecinales

En cada barrio, cabildo, asamblea, combate, indisciplina, movilización está naciendo un nuevo Chile. 

Sin liderazgos reconocibles, el programa del pueblo está claro: luchan por cambios de fondo, estructurales. Y se visualiza un método: la lucha en las calles, el enfrentamiento al poder y el desarrollo de espacios de deliberación obreros y populares. La asamblea constituyente para forjar una nueva constitución por un nuevo orden social puede servir como una consigna movilizante, pero en juego está el poder que pueda llevar adelante esa transformación.

En este marco, para que una asamblea popular constituyente pueda ser realmente libre y soberana, representativa del pueblo y de sus intereses, se requieren algunas condiciones: 1, que renuncie Piñera; 2, no negociar ni dar participación en ella al bloque de poder que sostuvo estos 30 años el orden pinochetista; 3, no aceptar una constituyente que provenga del régimen y paralelizar la democracia burguesa; 4, un gobierno de trabajadorxs.

Desde ya transitar el camino hacia un cambio revolucionario no es nada sencillo, está lleno de obstáculos e implica un vertiginoso salto al vacío, pero es el único camino para parir un país justo, soberano, dueño de su propio destino. Chile despertó.


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