No fueron inconductas, fue un plan sistemático de exterminio

Fue terrorismo de estado.

Las declaraciones del Presidente Alberto Fernández en Campo de Mayo, donde funcionó una de las maternidades que sirvieron para apropiarse los bebés de la compañeras desaparecidas, es realmente un insulto a todas y todos los que desde hace más de 40 años nos movilizamos contra la impunidad de los genocidas, por la cárcel común a los milicos asesinos y torturadores y por el nunca más.


La lucha contra el terrorismo de estado practicado por la última dictadura militar ha pasado por diferentes momentos. Primero la lucha contra el gobierno de facto con grandes movilizaciones y las madres de plaza de mayo luchando por encontrar a sus hijxs. Luego con la “vuelta de la democracia” hubo que enfrentar a los milicos que seguían gravitando en la política nacional y se habían autoamnistiado antes de salir del gobierno.


Alfonsín vino a negociar con la casta militar genocida la limitación de los juicios a la cúpula de las fuerzas armadas, para finalmente establecer las leyes de obediencia debida y punto final. Estas leyes fueron entregadas a los milicos acuartelados y amenazando con dar otro golpe de estado. Mientras miles se movilizaban para que no se le entregue nada a los milicos, incluso yendo a la puerta de los cuarteles para no dejarlos salir, Alfonsín decidió firmar el pacto entre la democracia argentina y la dictadura militar.


Luego el menemismo culminó su labor, indultando a los milicos como Videla, y tratando de armar un discurso de reconciliación entre las Fuerzas Armadas y la “sociedad”.
Hasta acá la lucha fue incansable, de las Madres de Plaza de Mayo, de las Abuelas, de los HIJOS con sus escraches a centros de detención y a genocidas, a los ex-detenidos desaparecidos. La lucha por la memoria, es una parte constitutiva de las luchas de todo el período abierto luego del 83.


El Argentinazo, la rebelión popular, la policía federal tirándole los caballos a las madres de plaza de mayo, los saqueos, los cacerolazos, la lucha callejera del 19 y 20 de diciembre, pusieron muchas reivindicaciones de la clase trabajadora en la agenda de los que pretendía gobernar. Así Duhalde primero lanzó la masificación de los planes jefes y jefas (un plan de 71 dólares por familia), para contener la situación de pobreza y miseria, pero la lucha seguía en alza y para detener la movilización perpetró la masacre del Puente Pueyrredón.


Cuando asume Néstor Kirchner, la movilización seguía siendo alta y las demandas sociales eran muchas. Las luchas por la memoria, la verdad y la justicia habían acumulado un nuevo piso. Parte de la política de desmovilización de las masas del Kirchnerismo estuvo en tomar ciertos aspectos de esa agenda y en llevar adelante la cooptación de ciertos organismos de derechos humanos, como ocurrió con las Madres de Plaza de Mayo de Hebe de Bonafini. La entrega de la ESMA, la bajada del cuadro de Videla, el pedido de “perdón” en nombre del Estado Argentino, la derogación de las leyes de impunidad y el comienzo lento y a cuenta gotas de los juicios a genocidas fue parte de la política del Kirchnerismo para responder a décadas de lucha y para desmovilizar.
Así se fue creando la idea de que el peronismo podía ser distinto a sí mismo, a los indultos menemistas, a los años de negación del terrorismo de estado y a la teoría de los dos demonios que había imperado como discurso oficial del Estado de los radicales y los peronistas.
El kirchnersimo dividió las marchas del 24 de marzo, buscando eliminar de la agenda de esas marchas las luchas presentes, construyó un mito según el cual no se reprimía la protesta social, a pesar de los itacazos de la gendarmería en los cortes de rutas, y pretendieron adueñarse de la lucha de décadas contra la dictadura genocida.


El macrismo, fiel a su participación en el proceso militar, buscó cambiar el eje, desde el negacionismo de algunos del gobierno, hasta la idea del curro de los derechos humanos, hasta la política represiva de Patricia Bulrich, elogiada por Sergio Berni muchas veces. Se puso a prueba que la movilización contra la impunidad de los genocidas no podía tener un fin, fue necesario enfrentar el 2×1 y las prácticas terroristas del estado como en el caso Maldonado y Rafael Nahuel.


Hoy Alberto Fernández, pretende hablar de inconductas, de dar vuelta la página, de olvidar el genocidio, desconociendo las décadas de lucha y de acumulación que hemos desarrollado como clase y como pueblo. Estas declaraciones no son inocentes, ni se arreglan con un pedido de disculpas, es parte de una política burguesa que pretende saldar la experiencia histórica borrando las militancias de las y los desaparecidos, desconociendo la lucha por la revolución social que miles de desaparecidos llevaron adelante incluso con las armas en la mano.
Alberto Fernández, que se abraza con el genocida Netanyahu, está trazando una línea de acción, su marco de alianzas son las grandes potencias imperialistas, el FMI al que le festejan los comunicados. En esos gestos de agrado al establishment también quiere agradar a los milicos y fachos, mostrando una supuesta mesura. La historia reciente de Bolivia nos muestra que con los fachos y con los milicos no se hacen gestos, porque cada gesto de mesura es leído por los militares como mas poder y por lo tanto se los prepara para que intervengan.


Desde el PRC, decimos nunca más, ni olvido ni perdón, ninguna concesión a las Fuerzas Armadas y represivas, apertura de todos los archivos secretos de la dictadura.

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