Ante la pandemia de COVID-19: Por un aumento sustancial del presupuesto en salud

La pandemia de COVID-19 que se está desarrollando a escala internacional ha puesto al descubierto lo imprescindible de los sistemas de salud a la vez que su escasa eficacia bajo el capitalismo para dar respuestas exitosas a las crisis sanitarias. A un asunto de salud pública, la respuesta no puede ser el despliegue de un Estado policial. En este marco, la CICOP presentó unos planteos que es preciso atender.

La pandemia expone la desinversión en salud
El llamado colapso de los sistemas de salud, tanto en los países del “primer mundo” como del “tercer mundo”, ante la pandemia que estamos viviendo pone al desnudo la desinversión por décadas de los sistemas sanitarios o su privatización y arancelamiento en los países capitalistas, y que han puesto la salud bajo la lógica de la ganancia así como la producción de medicamentos en manos de los laboratorios privados.
La actual pandemia expone así de manera patente la tremenda importancia de contar con sistemas de salud centralizados, absolutamente públicos y gratuitos; y lo superfluo del mundo financiero y las finanzas para resolver los grandes -y elementales- asuntos de la humanidad.

No trabajemos para la gorra
En Argentina, los principales medios de comunicación -y se replica en cadenas telefónicas-, están haciendo foco en las personas detenidas o que no cumplen con la cuarentena, llamando a la participación ciudadana y sumarse a colaborar con el Estado denunciando esas situaciones.
Muchas personas se hacen eco de esto, culpabilizando a lxs pelotudxs, imbéciles o tontxs (como dijo A. Fernández), creyendo sinceramente que en estos momentos son el eje del problema, los principales enemigos públicos a combatir. Pues no.
La realidad es que la gran parte de la población ha tomado conciencia sobre la necesidad de no circular indebidamente para conseguir el aplacamiento de la transmisión del virus, y está cumpliendo con la cuarentena obligatoria que el gobierno ha dispuesto oportunamente como la mejor manera de disminuir los contagios.
Y las personas que están circulando -muchas de las cuales pueden estar contenidas en las excepciones que dispuso el propio gobierno- y que supuestamente no pueden justificar su traslado y se las detiene son una ínfima proporción en relación al número de la población del país.
En muchos casos, se trata de trabajadorxs que se trasladan porque sus patronales los obligan a ir a la fábrica (como se ha denunciado en la ciudad de Campana, donde varias metalúrgicas continúan sus labores) aunque su producción no sea esencial; otros trabajadorxs precarizadxs están trabajando porque, si no lo hacen, sencillamente no tienen de qué vivir.
Ante un problema de salud pública, la respuesta gubernamental no puede ser un fenomenal despliegue de un estado policial que, desde el viernes 20/3 a la fecha, según la CORREPI (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional), cuenta con más de 17.000 detenidxs por las fuerzas represivas, un estado policial que incluye a las FFAA -la institución protagonista del último golpe militar- metida directamente en los barrios.
Como trabajadorxs, llamamos a no sumarnos al Estado policial, a no trabajar para la gorra. Debemos recordar que las fuerzas represivas han estado históricamente para resguardar el orden social vigente, para cuidar a las patronales, para militarizar fábricas con el fin de proteger a los empresarios, para militarizar calles y disciplinar socialmente al pueblo pobre, y reprimir a los distintos sectores de la clase trabajadora cuando salimos a reclamar por nuestros derechos.

El principal problema es la desinversión en salud
Como decíamos, los medios y el gobierno nos ponen el foco en lxs irresponsables -que los hay.
Pero con su discurso ocultan un asunto fundamental: el vaciamiento por décadas de los sistemas de salud o su privatización en distintos segmentos, la precarización de lxs profesionales de la salud, sus salarios de pobreza, de cuya responsabilidad no pueden desentenderse ni neoliberales ni nacionales populares.
En este contexto, todxs lxs compañerxs trabajadorxs de la salud no son héroes ni heroínas y su profesionalidad y entrega no son suficientes para afrontar una pandemia de estas dimensiones.
El presupuesto actual para el área de salud sigue siendo el mismo que en 2019 (con una inflación que continúa alta) y el gobierno nacional no ha modificado a la fecha el monto de esa partida. Y ello no se revierte con las dádivas de dietas de algunxs diputadxs al Malbrán.
Por el contrario, tal como sostiene la CICOP -organización sindical que agrupa a lxs trabajadores de la salud de la Prov. de Buenos Aires-, se necesita ya una partida presupuestaria de emergencia para afrontar la contingencia, como parte de un aumento sustancial del presupuesto del área con el fin de dotar en forma urgente al sistema de salud de más personal (agilizando designaciones de cargos y funciones, incorporando a residentes), infraestructura, aparatología, elementos de seguridad e higiene, y un incremento salarial de emergencia en el camino de un sueldo igual a la canasta familiar para todxs lxs integrantes de los equipos de salud. Asimismo, como sostiene la CICOP, “insumos e infraestructura deben ser declarados de utilidad pública para garantizar su distribución en cantidad suficiente en todos los hospitales y centros de salud.”

La deuda es con la salud pública
La actual pandemia de Coronavirus a escala internacional ha puesto en evidencia en todo el mundo lo fundamental para la existencia humana que son lxs trabajadorxs de la salud, así como la prescindibilidad e inutilidad del mundo financiero, a los que sin embargo todos los gobiernos le cumplen como a nadie.
Se cae de maduro que, ante un asunto de salud pública, hay que priorizar fuertemente a nivel nacional los hospitales y centros sanitarios y a sus trabajadorxs en lugar de robustecer el aparato represivo del Estado.
En el marco de la pandemia, se precisan menos detenciones masivas y más detecciones masivas a través de test, menos gorras y más ambos, menos patrulleros, garrote y Estado policial y más médicos en los hospitales y en las calles desarrollando una labor preventiva, educativa y curativa.
Como sostiene la CICOP -planteo en el que coincidimos plenamente-, “no se puede hacer frente a esta situación si se sigue pagando la deuda externa”.

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