STONEWALL: EL INICIO DE LA ORGANIZACIÓN MASIVA DEL MOVIMIENTO LGBTIQ+

“En un mundo de gusanos capitalistas hay que tener coraje para ser mariposa”
Lohana Berkins

 Las Revueltas de Stonewall fue un levantamiento que marcó una línea divisoria en la historia del movimiento LGTBIQ+. 

La madrugada del 28 de junio de 1969, la policía irrumpió violentamente en el pub Stonewall Inn ubicado en Greenwich Village, en Nueva York, lugar al que llegaban personas, en su mayoría adolescentes víctimas de discriminación por no seguir la heteronorma. Esa noche fue distinta: cuando uno de los agentes intentó meter a un móvil a la fuerza a una de las activistas, unas 200 personas expresaron su repudio y arrojaron piedras y botellas a la policía. Es así que se desarrolló una jornada antirrepresiva, de resistencia y acción directa contra las fuerzas represivas. Los días que siguieron, se organizaron enormes manifestaciones en las cuales hubo detenidxs, heridxs y muchxs hospitalizadxs. 

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Marsha P. Johnson, una mujer transgénero, afroamericana, VHI+ y trabajadora sexual, fue una de las activistas que protagonizó las revueltas por lo que sufrió muy de cerca la represión en manos de la policía. Sin embargo, luego de la revuelta continuó peleando por los derechos de las personas trans y por la visibilidad del VIH-SIDA. Después de tantos años de militancia a sus 46 años, en 1992 fue encontrada sin vida en el río Hudson. La policía cerró el caso como suicidio y negó el derecho a ver el cuerpo a sus familiares. En 2012, su familia logró que se reabra el caso pero aún no hay culpable. Pero a raíz de las investigaciones y declaraciones es claro que se trata de un transfemicidio.

 Si bien esta no fue la primera protesta, Stonewall representó la primera vez que hubo un contra ataque hacia la policía por parte de la comunidad, lo cual sienta un precedente del cual no hubo retorno. Luego de esta jornada, la organización se fue haciendo cada vez más grande y en muy poco tiempo los habitantes del Village conformaron agrupaciones de activistas para concentrar fuerzas y así evitar que lesbianas y gays fueran detenidos por manifestarse.

 El 28 de junio de 1970 se realizó la primera marcha del orgullo gay en Nueva York, Los Ángeles y San Francisco. Desde ese entonces, esta marcha comenzó a realizarse todos los años en distintos países del mundo, hasta hoy en día y expresa una manifestación de resistencia y lucha por los derechos de las personas LGBTQ+.

 El movimiento no solo dio visibilidad a las personas homosexuales también reivindicó al colectivo travesti-trans, a personas no binarias, intersexuales y de todos los géneros y orientaciones sexuales de las cuales poco se había hablado hasta ese entonces. Hoy día, si bien ha habido un avance en el reconocimiento de las disidencias sexuales, aún sigue habiendo mucha reticencia en esta sociedad capitalista y patriarcal, que no acepta ni reconoce todo lo que está por fuera de la cis-heterosexualidad y que hay un abanico gigante lleno de diversidad sexual.

El movimiento en Argentina y Latinoamérica

 El movimiento en Argentina tiene sus comienzos en 1967 en algunas organizaciones de izquierda y después surgió el FLH (Frente de Liberación Homosexual) que fue disuelta durante la última dictadura. En 1984 con la conformación de la organización CHA (Comunidad Homosexual Argentina) presidida por Carlos Jáuregui, quien tiempo después formaría parte de Gays por los Derechos Civiles que  junto a otras organizaciones en 1992 darían inicio a la primera Marcha del Orgullo Gay en Argentina. 

Frente_de_Liberación_Homosexual

En 1996 en la constitución de la ciudad, tras una enorme lucha del movimiento, se logró que se incluyera un artículo anti-discriminación que fue aprobada unánimemente. 

En Latinoamérica, el movimiento de mujeres y el movimiento LGBTIQ+ lucha sistemáticamente ante la avanzada oscurantista de sectores clericales y reaccionarios. En Argentina, como en todo el mundo, en gran parte de la sociedad todavía se ve mucho odio hacia la comunidad LGTBIQ+.  Más allá de que se han conseguido muchos derechos a partir de la lucha colectiva, como el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, la ley de ESI, aún existen derechos negados, la negativa a la absolución de Higui y de Marian Gómez y los travesticidios y transfemicidios, uno cada 96 hs., la expectativa de vida de la comunidad travesti trans de 35 años son muestras de ello.

Pero la lucha sigue en pie. Lo hemos visto con casos como el de la condena del travesticida de Diana Sacayán, la lucha por el cupo laboral travesti trans,el acceso a las hormonas, y de todos las reivindicaciones para vivir una vida realmente libre.

Por eso mismo, en este contexto de pandemia mundial, es necesario redoblar los esfuerzos por colocar estas reivindicaciones en agenda y avanzar hacia la conquista de todas y cada una de estas demandas.

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