Una entrega a los acreedores en toda la línea

El gobierno de Alberto Fernández por medio de su ministro de Economía Martín Guzmán ha dado a conocer hace apenas días la “última” oferta de reestructuración de deuda para un grupo de acreedores que representan alrededor del 20% de los tenedores de deuda pública argentina. La misma cuenta con el aval del FMI y cede a los bonistas en prácticamente todos sus reclamos.

La deuda, eje de la gestión de Fernández

La búsqueda de resolución de este tema de la reestructuración de la deuda ha sido el eje principal de toda la gestión de Fernández hasta aquí. Se trata de un universo de aproximadamente el 20% de los tenedores privados de deuda pública. 

Para ello, cuando fue de gira internacional, el presidente buscó conseguir el apoyo a esta idea de la sostenibilidad de la deuda de los principales líderes políticos del mundo, desde Netanyahu y Trump hasta el Papa pasando por el FMI (organismo con quien el gobierno sostiene un vínculo más que estrecho).

La negociación en la reestructuración de la deuda tiene tres aspectos: capital, intereses y plazos. Como efectivamente la deuda es impagable y además había varios vencimientos próximos que caían durante la gestión de Fernández, de allí surgió la idea de la sostenibilidad de la deuda y la búsqueda de apoyos internacionales para obtener beneficios o aspectos favorables en la negociación ante los bonistas, en el marco de esta idea general del PJ gobernante de no caer en default.

Una entrega en toda la línea y de la mano del FMI

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Los tenedores de bonos en cuestión se tratan de tres grupos: 2005, 2010, y de la gestión Macri. Los bonos fueron comprados por los acreedores a distinto valor en el mercado, pero en promedio la mayoría pagó por ellos 30 centavos de dólar por cada 1 dólar nominal

La primera oferta del gobierno allá por abril 2020 fue pagar por los bonos 37/39 centavos de dólar (lo que implicaba una quita del 5,4%), planteaba un interés promedio de 2,3% y además estipulaba comenzar a cancelar las deudas a partir de fines de 2023, es decir cuando Alberto Fernández esté concluyendo el mandato.

El objetivo general de la propuesta original buscaba, entre otras cuestiones, disponer de más fondos en lo inmediato pero en última instancia no resolvía el problema, tan sólo lo pateaba para adelante.

Toda esta negociación fue y es seguida de cerca por el FMI, quien visaba previamente todas las propuestas que fue haciendo el gobierno. Por eso Kristalina Giorgeva salía inmediatamente a militar a favor de Alberto Fernández cada vez que hacía una oferta. De hecho el FMI, en esta idea de la sustentabilidad de la deuda, había fijado que el país podía pagar hasta 49,9 centavos de dólar por bono. Desde el principio los bonistas venían reclamando que el número tenga un 5 adelante y en general se plantaban en 55.

Finalmente, tras 4 meses de idas y vueltas, la última oferta en cuestión presentada el 6 de julio por el gobierno consiste en lo siguiente: en cuanto al capital, por cada bono emitido durante la gestión Macri se abonará 53,5 centavos de dólar, y por cada bono emitido durante la gestión kirchnerista (2005 y 2010) el gobierno pagará 57/59 centavos de dólar; en cuanto a la quita de capital el promedio es muy bajo o inexistente, alrededor del 2% y en algunos casos directamente 0; en cuanto a la tasa de interés promedio será de 3,07, o sea un punto y medio más que la propuesta inicial; y en cuanto a los plazos, se comenzará a cancelar deuda a partir de agosto de 2021 cuando la propuesta inicial proponía fines de 2023.

Esta propuesta deberá ser aceptada por los bonistas y hay plazo hasta el 4 de agosto. Mientras varios de esos grupos de tenedores ya se manifestaron a favor, dos comités importantes, Ad Hock y Exchange rechazaron la oferta, pero dijeron estar dispuestos a seguir negociando a la espera seguramente de algún endulzante más por parte del gobierno.

Pagar la usura de la deuda es entrega

Desde ya que las y los revolucionarios promovemos el no pago de la deuda externa basados en su ilegitimidad e ilegalidad y en que se trata de un mecanismo financiero de sometimiento y expoliación, también la ruptura con los organismos internacionales de la usura, y desde ya la investigación a fondo de estos préstamos que son una estafa a los pueblos. 

Básicamente, la propuesta del gobierno es una rendición a los bonistas en toda la línea. El gobierno paga en concepto de capital incluso más que lo recomendado por su amigo el FMI, las quitas son prácticamente nulas o inexistentes, entrega más de un punto en los intereses y adelante los plazos de pago.

Hasta Toto Caputo, ex ministro de Economía de Macri –el que se sospecha era delivery de los bonistas y emitió un bono a 100 años- salió a saludar fuertemente la propuesta de Guzmán y de Fernández, como así también los gobernadores incluyendo a los de Cambiemos.

Con esto, Alberto Fernández de la mano del FMI y del Frente de Todos legitima sin cuestionar los desfalcos económicos y las estafas al pueblo que significan estas deudas. Y a la vez blanquea toda la deuda tomada por Macri, lo que blanquea a su vez el pacto político entre ellos en particular, pero que, en verdad, es común a todos los partidos del régimen de la burguesía argentina: honrar la usura, honrar a sus amos imperialistas, sin grietas.

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