¿Qué pasa en Dánica LLavallol?

 

El plan del Grupo Beltrán

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El grupo Beltrán, un grupo empresario de origen nacional radicado en Córdoba, se hizo cargo de Dánica Llavallol y San Luis desde febrero de 2019. 

Dos meses después de asumir la empresa, ya había lanzado su plan anti- obrero, que incluyó despidos y retiros voluntarios (un 20% del personal), rebaja salarial (perdieron aproximadamente un 30% durante este año y medio), aumento de los ritmos de producción (para lo cual instalaron cámaras sector por sector), y persecución a todo compañero o compañera que levantara la voz frente a los atropellos de la patronal.

Este plan sistemático de ataque sobre las condiciones laborales y salariales de las y los trabajadores de Dánica no es otra cosa que la reforma laboral.

Estos ataques patronales contaron en cada situación con la inmediata respuesta de la base trabajadora de Dánica: asambleas, paros, acampes y bloqueos de portones. Aunque esas acciones no lograron hacer torcer completamente la balanza a favor de las y los trabajadores. 

En este sentido, es necesario balancear el rol que jugaron tanto el Estado patronal como la conducción sindical.

El rol del Estado en el conflicto de Dánica

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La situación excepcional debido al Covid-19 puso en debate qué se debía priorizar en época de cuarentena: si la economía o la salud.

Discursivamente el gobierno de Alberto Fernández dijo, desde un principio, estar a favor del cuidado de la salud, en contraposición con aquellos como Donald Trump o Bolsonaro que sostienen que la economía debe seguir su curso, exponiendo a contagios y muertes masivas a la clase trabajadora que, en definitiva, es la que produce y hace que la rueda de la economía gire.

Sin embargo, eso que dice el presidente Fernández discursivamente no se sostiene en los hechos. Incluso, casi al mismo tiempo que el gobierno por decreto prohibía los despidos, las suspensiones y los recortes salariales, los empresarios de la mano del Grupo Techint despedían a miles de trabajadorxs, en varias otras fábricas y empresas suspendían, y en otras se congelaban y recortaban los salarios. 

Eso demuestra que estos decretos sólo se pueden cumplir realmente con la organización de la clase trabajadora en cada lugar de trabajo; caso contrario las patronales incumplen y el gobierno hace la vista gorda. Es decir, el ritmo lo marcan los capitalistas con el Estado como principal garante, por un lado, dando el visto bueno a despidos y suspensiones, y por el otro flexibilizando cada vez más a pedido del empresariado que, obviamente privilegiando sus ganancias, no quiere parar de producir ni un solo segundo empujandonos a las y los trabajadores a contagios y muertes.

El caso de Dánica es un calco de esta situación. En medio de la cuarentena, con los decretos rigiendo y con un “acuerdo” entre el sindicato y la empresa de paz social por 4 meses, despidió a 5 trabajadores, desoyó cuanta conciliación obligatoria existiera e incluso cerró varios días la planta amenazando con el despido de todo el personal.  

Para “destrabar” el conflicto tuvo que hacerse presente el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, quien por los medios decía que iba a multar con sumas extraordinarias al grupo Beltrán si no reabría la planta, pero en los hechos les decía a los trabajadores que siguieran con la producción, que no era hora de continuar con el conflicto. 

Así, dejaba claro el papel del Estado patronal, garantizando cada una de las maniobras empresariales para llevar adelante la reforma laboral. Incluso, después de la reapertura de la planta y de la visita del gobernador, la empresa volvió a la carga con los despidos ahora de forma individual, persiguiendo a los 5 compañeros despedidos hace unos meses.

El rol del sindicato

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Desde que asumió el grupo Beltrán, con su plan de ataque constante a las condiciones de las y los trabajadores, ha quedado demostrado que no basta con proclamarse un sindicato combativo para serlo: hay que demostrarlo. Con esto no estamos queriendo decir que hay que ser “luchista”, que todo conflicto sindical es a todo o nada, o que siempre hay que quemar las naves, nada de eso. 

Entendemos a los sindicatos como la herramienta de la clase obrera para defenderse y luchar contra los patrones, más allá de la postura ideológica de cada compañero o compañera, lo que los hace, en sí mismos, organismos amplios. 

Consideramos que estos organismos deben tener una serie de principios y metodologías claras: la independencia política respecto de los gobiernos y de los partidos políticos, la democracia obrera como herramienta de consulta, deliberación y resolución, y la combatividad como método de lucha.

Pero entendemos que, para que esto se haga cuerpo en la base trabajadora, es necesario un trabajo constante y sistemático en cada fábrica, en cada trabajador o trabajadora: un trabajo político en la conciencia obrera.

En Dánica, al igual que en Cofco (ex Nidera), vemos cómo los ataques de las distintas patronales han encontrado a lxs trabajadorxs aceiterxs sin todas las herramientas necesarias para soportar tamaños embates.

En este sentido, entendemos que las conducciones sindicales tienen responsabilidades, desde la Federación pasando por el Sindicato de Capital hasta la Comisión Interna, por no hacer parte activa a la base en la toma de decisiones, por no organizar a las y los trabajadores más allá de su fábrica, por no practicar la solidaridad de clase con otros conflictos, por tratar de resolver cada conflicto en los escritorios y no con la lucha y el paro. No desconocemos por esto la importancia que tienen (y la diferencia que implica con otros gremios) los congresos nacionales de delegados y delegadas y la preocupación por la formación sindical, dos herramientas que, desde la recuperación de la Federación, han tenido gran dinámica. Pero creemos que es muy importante comprometer al colectivo obrero de fábrica, pues es ahí en lo cotidiano donde se cocina la correlación de fuerzas con la patronal. Es sabido por cualquier activista que, portones adentro, rige la dictadura más descarnada del capital.

Así, debilitados sindicalmente dentro de la planta, el grupo Beltrán pudo avanzar en casi todo su pliego reivindicativo anti-obrero y que hoy despidan injustificadamente de forma individual, sin que exista una respuesta organizada por parte del conjunto de las y los trabajadores.

¿Cómo seguir?

Por lo que se ve, en Dánica LLavallol la patronal va a continuar hasta lograr por completo su propósito, como lo dijimos previamente: un plan que en los hechos es la reforma laboral por fábrica.

Ante esta situación es necesario retomar el camino que llevó a la Federación Aceitera .incluso más allá de su gremio- a ser reconocida por cada trabajadora y cada trabajador: su lucha y sus victorias ante cada paritaria salarial.

Hoy, la realidad es otra. En la base obrera de Dánica caló el miedo y es fundamental volver a llenar de contenido la lucha, organizándose desde abajo. Porque es necesario la defensa de cada puesto de trabajo, de cada conquista salarial obtenida, de cada victoria que significó, en muchos casos, años de lucha. 

En este sentido se vuelve sumamente necesario que aquellos compañeros más activos tomen una mayor participación, puedan agruparse y pensar de conjunto cómo promover espacios que tengan como perspectiva el fortalecimiento de la base obrera para pararle realmente la mano a la patronal y su intención flexibilizadora.

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