NO al acuerdo binacional chino-argentino de producción de carne porcina

El pasado 6 de julio, el canciller Felipe Solá, actual ministro de Relaciones Exteriores y Culto, anunció el avance en una “alianza estratégica” entre los gobiernos de China y Argentina. A pesar de la crisis en la economía global por la pandemia del Covid-19 el gobierno chino avanza en “proponer” a aquellos países que considera estratégicos proyectos para el abastecimiento y la expansión de sus compañías. Y, por su parte, el gobierno argentino acepta las condiciones sin pensar en las diversas problemáticas que se desarrollarían a partir de este acuerdo en el territorio nacional. Es así que, Felipe Solá, el mismo funcionario que en 1996 se desempeñaba como Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca bajo el gobierno de Menem, responsable de la autorización para la llegada de la soja transgénica de Monsanto y de la implantación del actual modelo industrial agrotóxico en nuestro país, vuelve a encabezar un acuerdo que implicaría nefastas consecuencias de diversa índole en el país. Es que el acuerdo involucra la producción de carne porcina en enormes granjas que China pretende instalar en territorio argentino. Esta “alianza estratégica” podría traer terribles consecuencias ambientales, sociales, económicas, daños a la biodiversidad y una crueldad animal sin precedentes en la producción.

Los negocios tóxicos de Felipe Solá - Sudestada | Otro Periodismo

Esta propuesta sale a la luz en un contexto en el que China apunta a recuperar el stock de carne que perdió a partir de la matanza de cerdos que llevó a cabo el año pasado tras un brote de peste porcina africana que comenzó en 2018 y se extiende hasta estos días, y obligó a los productores de ese país a deshacerse de un 40% de su producción. Esta situación llevó a una crisis de desabastecimiento, que generó un aumento del precio de la carne de cerdo y que originó desconfianza en los consumidores por la potencialidad del contagio de enfermedades. Por esta razón, China pretende trasladar la producción de carne porcina a otros horizontes para no solo garantizar el abastecimiento para su población sino que también para deportar las  consecuencias ambientales que podrían surgir de la construcción de macro-granjas industriales de producción de carne porcina. Con la firma de esta alianza binacional, la intención es que esas consecuencias se desarrollen en territorio Argentino.

Así Argentina se convertiría en uno de los mayores productores industriales de carne porcina en el mundo, pasando de una producción de seis a cien millones de cerdos en los próximos 8 años. Esto es 14 veces más que la producción que se registró el año pasado. Las inversiones se proyectan en U$S 27.000 millones con perspectivas de generar hasta U$S 20.000 millones anuales por exportaciones. Este modelo necesitaría también de la producción de 20 millones de toneladas de maíz y 5 millones de toneladas de porotos para alimentar a los  animales lo cual obligaría a expandir la frontera agrícola con desmontes que implicaría un aumento de la desforestación. Las cifras son alarmantes ya que al día de hoy, Argentina está entre los 10 países más desmontadores, con 4,3% del desmonte global.

Este tipo de producción es completamente insustentable y está profundamente basada en la crueldad animal en la producción. En este sentido, diversas organizaciones antiespecistas se han manifestado contra el acuerdo en los últimos días visibilizando esta problemática en los criaderos, problemática que se genera a partir de la profundización de un método capitalista de producción. Es así que, los animales son hacinados en espacios reducidos donde se generan gran cantidad de desechos y efluentes que no son tratados de formas correctas. Esto produce focos de contaminación y la producción de nuevas cepas virales. Como si esto fuera poco, los cerdos son modificados genéticamente para aumentar la productividad y son inyectados con antibióticos para evitar el contagio entre ellos. Estas medidas a la larga producen mutación en las bacterias que incrementan su resistencia. Por esta razón, la Organización Mundial de la Salud ha planteado la reducción en el uso de fármacos para evitar que se genere un proceso zoonótico, que pudiera dar origen a nuevas enfermedades. Enfermedades que pueden ser potenciales focos infecciosos para la sociedad. Sin ir más lejos, una de las hipótesis que más ha resonado como explicación de la actual pandemia de covid-19 es justamente, estas condiciones de producción de la agroindustria.

Por otro lado, los últimos días se habla de la cantidad de divisas que ingresarían al país gracias a este acuerdo, y de los beneficios que generaría sobre aquellas zonas en las que se planean instalar. Se habla de “zonas postergadas”: La Rioja, Catamarca, Corrientes, Chaco y también se ha mencionado Córdoba. En una nota para el diario La Nación el ingeniero Roberto Maisonnave, especialista en gestión ambiental de granjas porcinas habló de los pormenores de este tipo de producción, planteando que el productor “tiene mucho arraigo y es el primero que no quiere dañar y perjudicar porque sueña con que sus hijos y sus nietos sigan con la actividad”. Nosotrxs sabemos que esta es una gran mentira, que los grandes capitalistas extraen de la naturaleza a mansalva para poder engrosar sus riquezas a costa del pueblo trabajador, devastando al mismo tiempo el medioambiente. Todos sabemos que los desechos que provengan de este tipo de producción terminarán desechándose en arroyos y ríos promoviendo así una mayor contaminación.

También se habla de oportunidades para pequeños productores y el incremento de puestos de trabajo. Se endulzan oídos, así como se hizo con la soja transgénica que “saciaría el hambre del mundo”,  algo que nunca ocurrió. Y en el país, solo llenó los bolsillos de terratenientes y grandes empresarios, aumentando de esta manera la desigualdad.

Según el último informe del  Indec  (segundo semestre 2019) 35,5% de las personas que residen  en las zonas urbanas se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Millones mueren de hambre, mientras la mayor parte de la producción agrícola se destina a alimentar a esos animales que luego vamos a matar.

Resulta imposible la aceptación de un acuerdo de estas características que está en manos del responsable del ingreso de la soja transgénica al país y que es completamente avalado por el gobierno nacional. La discusión sobre este “acuerdo estratégico” se dio a espaldas del pueblo, se llevó adelante con todas las irregularidades posibles, sin la intervención de especialista ni de estudios objetivos sobre las consecuencias a la biodiversidad y sin pensar en el futuro, en las consecuencias a largo plazo. Mejor dicho, teniendo en cuenta sólo y por encima de todo, las ganancias capitalistas.

Nuevamente se evidencia que el “desarrollo” en los países subdesarrollados o semi coloniales como el nuestro, bajo la lógica del capital, sólo traen más desigualdad social y mayores concentración de riquezas en las mismas pocas manos. Resulta fundamental rechazar no sólo este acuerdo, sino cada medida que tiene como fin aumentar las ganancias capitalistas en detrimento de las condiciones de vida de las personas y la destrucción del medio ambiente.

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