Las movilizaciones reaccionarias en EEUU y la crisis política

A los fascistas hay que combatirlos

Durante la proclamación de Biden como presidente de EEUU en el congreso seguidores de Trump se movilizaron al Capitolio, forzaron su entrada, impidieron durante un tiempo la votación y mantuvieron la concentración a pesar del toque de queda.

La ilusoria democracia burguesa

Las elecciones en EEUU han dado mucho que hablar. El país que se jacta de tener el estado más democrático del mundo y que con la excusa de la libertad y democracia le hace la guerra a países en todo el globo, ha blanqueado que lo que menos le interesa es la democracia ya que no es lo que hay en EEUU.

Las elecciones indirectas ya han generado cambios de último momento en las elecciones presidenciales, ya que lo que se eligen son electores y no presidentes. Este sistema indirecto es absolutamente manejable ya que la elección depende de una rosca totalmente ajena al pueblo.

La representación en EEUU además depende de un sistema bipartidista, en el que la carrera política va de la mano de millones de dólares para financiar esa carrera. La representación se ve obligada a definirse por Demócratas o Republicanos, pero ambos partidos dependen y responden a los que financian las campañas. Es por eso que tanto republicanos como demócratas son lobistas o integrantes de las grandes corporaciones.

La revuelta popular y la movilización fascista

La campaña de Donald Trump sobre el fraude electoral es parte del desgaste de esta democracia que no ofrece nada a la población. El desconocimiento del resultado electoral por parte del presidente saliente es un elemento de crisis política para el régimen norteamericano.

Durante todo el año pasado se han producido movilizaciones reaccionarias en EEUU. En varias oportunidades movimientos de derecha, terraplanistas, antipandemia y sobre todo supremacistas blancos rodearon congresos estaduales portando ametralladoras, incluso han ingresado para interrumpir sesiones.

Es decir que lo del Capitolio no es nuevo, salvo por la magnitud. Se trata de la invasión por parte de los fascistas del congreso nacional. Absolutamente convencidos de que las elecciones fueron fraguadas por el establishment, articulando un discurso paranoico en el que Donald Trump representaría a alguien fuera del sistema, cuando en realidad es un millonario yanky, es decir un burgués integrante del propio establishment.

La decisión de ingresar al capitolio muestra la firmeza que tienen los fachos al movilizar. Algo que ya habían mostrado en las movilizaciones contra el racismo policial, cuando armados enfrentaron las movilizaciones.

Cuando se dio el asesinato de George Floyd, EEUU se sumergió en la revuelta popular. La ira contra la policía, contra el sistema norteamericano que ha dejado a la población afrodescendiente en una desigualdad estructural heredada de la esclavitud que el “american way of life” utilizó para cimentar su crecimiento económico. Después siguieron décadas de apartheid y persecusión y tortura a lxs negrxs con organizaciones supremasistas como el KuKuxKlan.

La revuelta popular vino a gritar todo esto y más, también la desocupación galopante que llegó a pasar las 20 millones de personas, porque en EEUU las leyes laborales permiten despedir a cualquiera en cualquier momento sin costo alguno para la patronal.

La intensa movilización popular enfrentó varias veces a los fascistas, a los supremacistas blancos y Donald Trump vio en las movilizaciones una conspiración de los Antifa, cuando lo que ocurría era la movilización masiva contra la injusticia del sistema norteamericano.

La representación demócrata o republicana no podía asir la revuelta. Simplemente hablaron como espectadores, unos condenando y otros entendiendo el reclamo pero pidiendo paz y no violencia.

Cuando la revuelta popular fue al capitolio la guardia nacional los esperaba pertrechados con armas largas, algo totalmente diferente de lo que pasó ayer. La represión en EEUU también es una cuestión de color de piel. La burguesía blanca y anglosajona siguen siendo los amos y señores del país.

La crisis política, entonces, se ve en la legitimidad del régimen. Por un lado, la lucha de la revuelta contra el racismo impugna esa desigualdad estructural de EEUU, por otro lado, los fachos impugnan las elecciones y tratan de forzar la reelección de Trump.

La tendencia a la polarización social

Desde hace varios años venimos analizando el crecimiento de los sectores fascistas y reaccionarios en el mundo. En cada país puede tener sus personajes propios, sus partidos y sus estructuras eclesiásticas, pero la realidad es que la acumulación de la reacción ocurre y a medida que ocurre se envalentona en acciones cada vez más fuertes.

Ante la crisis general del sistema capitalista que ha mostrado ser un sistema que a pesar de los recursos técnicos y productivos enormes que existen la forma de apropiación de la producción hace que algo tan esencial como las vacunas para enfrentar la pandemia dependan de laboratorios que son empresas que sólo buscan hacer negocios.

Mientras millones se sumergen en la pobreza y la precarización laboral con la pandemia como telón de fondo pero desde antes de ella, el sistema social se evidencia como injusto.

Los reaccionarios, los fascistas, ocultan su defensa del orden establecido y la camuflan de trasgresión, de ir contra la corriente. Ya el fascismo italiano tenía esa “mística” de antisistema, al cuestionar el liberalismo y la decadencia burguesa. Sin embargo, son el reaseguro de un sistema en crisis, ya que defienden el orden de la propiedad privada capitalista a rajatabla.

La falta de una alternativa revolucionaria es uno de los grandes problemas que debemos enfrentar. La construcción de partidos revolucionarios que puedan tener incidencia real en las masas, que no oculten el peligro del fascismo, ni que pregone un defensismo de la democracia burguesa ante los movimientos de la derecha, ya que esa democracia, ese pacifismo moralista es lo que permite que la reacción crezca y se vuelva más osada. El Capitolio yanqui para nosotrxs es una cueva de servidores de los capitalistas y del imperialismo. No es esa institucionalidad la que defendemos. Pero si creemos que se debe enfrentar en la calle a los fachos, y para ello debemos pelear por la dirección del movimiento de masas, y sacarlo del inmovilismo defensista de una democracia que no hace más que beneficiar a la minoría capitalista.

PRC, 07/01/2021.

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