Paraguay: de la crisis sanitaria al “que se vayan todos

El Partido Colorado fue el partido que comandó la dictadura paraguaya, desde el gobierno de Stroessner, y que duró desde 1954 hasta 1988. En ese periodo unas 20.000 personas fueron torturadas y unas 423 desaparecidas. En síntesis, la Asociación Nacional Republicana (ANR) popularmente conocida como partido colorado es el espacio de la política más tradicional, descompuesta y derechista del vecino país y también, por todo esto, es herencia de la dictadura. Luego, con la apertura  democrática, “los colorados” siguieron gobernando hasta 2008, cuando ganó el “progresismo” de la Alianza Patriótica por el Cambio de Fernando Lugo. Sin embargo, Lugo debió dejar el cargo en 2012 por un juicio político apoyado por el Congreso, buena parte de los medios de comunicación y los empresarios agroindustriales. En su lugar asumió el vice, el liberal Federico Franco. En 2013 los colorados, aprovechando la división entre liberales y la centro izquierda, volvieron al poder de la mano del empresario Horacio Cartes. En 2018, Mario Abdo Benitez, hijo del secretario privado del dictador Stroessner, ganó las elecciones también para la ANR.

Paraguay ya en 2017 había tenido jornadas de protestas en contra de la enmienda constitucional que permitiría al presidente Horacio Cartes -que actualmente dirige al Partido Colorado- postularse a la reelección presidencial. Como saldo de  aquellas protestas, la represión causó un muerto y les manifestantes llegaron a incendiar parte del Congreso. La enmienda fue rechazada por el parlamento dada la gran presión popular.

Vemos aquí un antecedente a la actual situación de masivas movilizaciones. Es que la corrupción no es un hecho eventual o evitable, sino que forma parte del entramado de relaciones necesarias para la reproducción del capital y la realización de sus ganancias. Relaciones entre empresarios, funcionarios y especuladores que, como no puede ser de otro modo, se condensan en el Estado como su principal articulador.

El estallido

En Paraguay la crisis estalló el 2 de Marzo, principalmente por su situación sanitaria con el detonante de la renuncia del director del hospital Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Ambiente, Felipe González. “La falta de medicamentos no depende de mí. El descontrol es creciente y los contagios son masivos”, denunció ese día excusándose. El país vecino, con 196.112 contagios y 3.769 muertos , contempla el colapso sanitario. A la par, ante las deficiencias del sistema de salud público, muchos paraguayos piden ayuda económica o acuden a préstamos y al remate de sus bienes para obtener medicamentos en el sector privado. A esto se le suman casos de corrupción, el más resonante fue el de la compra de “barbijos de oro” adquiridos a un precio 300% más caro que su precio de mercado. Las adquisiciones irregulares no se limitaron al Ministerio de Salud, y provocaron la renuncia de autoridades de entes estatales como la presidenta de Petróleos Paraguayos (Petropar), el titular de la Dirección de Aeronáutica Civil y el propio procurador general del estado.

El viernes 5 de marzo las movilizaciones exigían la renuncia del Ministro de salud y respuestas concretas a la crisis sanitaria. Al día siguiente renunciaron los ministros de Educación, Ministerio de la Mujer y al responsable del Gabinete Civil. Y mientras el presidente Mario Abdo realizaba estos anuncios, tenía lugar otra importante  movilización con enfrentamientos con la policía, que terminó con 1 muerto y 26 heridos. Las principales consignas de las movilizaciones eran “¡ANR NUNCA MÁS!, ¡NI MARITO, NI CARTES!, ¡QUE SE VAYAN TODOS, QUE NO QUEDE  NI UNO SOLO!”. Las movilizaciones se extendieron hasta el lunes 8 de marzo, empalmando con la movilización por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. El Presidente Mario Abdo intentó dar aire pidiendo la renuncia de sus ministros, pero evidentemente no alcanzó. Como va quedando claro: la crisis sanitaria no se arregla con quita de ministros si no con recursos reales.

La crisis de las vacunas

Para entender el panorama completo, hay que sumar la situación crítica que se vive con el tema de las vacunas. Paraguay es el único país en la región que no negoció algo paralelo al sistema Covax -adquisición de vacunas a través de la Organización Mundial de la Salud-. No hay fecha, lotes, cantidad ni tipo de vacunas. Eso fue extendiendo el mal humor hasta que explotaron las protestas. El país de 7 millones de habitantes solo recibió hasta el momento 4.000 dosis de la vacuna rusa Sputnik V y 20.000 de la china Coronavac, estas últimas donadas el sábado pasado por el presidente chileno Sebastián Piñera en un gesto de auxilio al presidente Mario Abdo. Por supuesto que el “buen gesto” de Piñera tiene más que ver con la propia comprensión de las implicancias de la profundización de una crisis social y política en la región, que con un gesto de ayuda humanitaria.

Pero la crisis de las vacunas no es un rayo en cielo calmo. Ya a mediados del año pasado, hubo un escándalo por la desaparición de 1600 millones de dólares que el Estado parguayo había obtenido como préstamo en el marco de la Ley de Emergencia Sanitaria. Una vez aprobadas la ley y el préstamo, los funcionarios a cargo no podían dar cuenta de en qué se había gastado ese dinero, mientras la falta de insumos y la saturación del sistema de salud mantenían su marcha. Casi un mes después de iniciado el escándalo, el ministro de Hacienda esbozó un listado de gastos que explicarían el destino del préstamo, siendo una buena parte de ellos para pagar salarios del personal de salud y de las fuerzas represivas. La foto actual del sistema sanitario indican que o bien ese préstamo fue sumamente escaso o deja abierta la sospecha sobre su ejecución.

Estado represor

El estado es responsable

No hay que olvidarse que en Paraguay Elizabeth Oviedo Villalba de sobrenombre “Lichita” está desaparecida. La niña, que ya cumplió 15 años, está desaparecida desde el 30 de noviembre del 2020 y es sobreviviente del operativo en el que las Fuerzas de Tareas Conjuntas asesinaron a las dos niñas argentinas de 11 años, Lilian Mariana Villalba y María Carmen Villalba el 2 de septiembre del año pasado. Lichita, hija de Carmen Villalba, integrante del EPP (Ejército del Pueblo Paraguayo) y presa desde hace 17 años en la cárcel Buen Pastor de Asunción, estuvo perdida hasta que fue vista por última vez el 30 de noviembre por su tía Laura Villalba, quien es enfermera y vivía en Argentina desde hacía 10 años. Laura Villalba se encuentra detenida acusada de ser parte de la logística del EPP en el Penal Militar Viñas Kué, en donde es la única mujer. Allí está completamente aislada y con la excusa de los protocolos por Covid no se permitió la visita de la comitiva Argentina de Derechos Humanos.

Las Fuerzas de Tareas Conjuntas se crearon en el 2013 con la modificación de la ley de Defensa y Seguridad Interna, con un presupuesto en 2019 de 17 millones de dólares y el objetivo de combatir al Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). En este contexto las comunidades cercanas a las zonas de acción del (EPP) son adrementadas, hostigadas y violentadas diariamente.

El caso de los asesinatos de Lilian Mariana Villalba y María Carmen Villalba, sumado a la desaparición de Elizabeth Oviedo Villalba (Lichita) deja en claro que el estado Paraguayo, como todo estado capitalista, es un estado represor, que además en este caso difunde el terror entre las poblaciones campesinas con el objetivo de salvaguardar los intereses de terratenientes y agroindustriales.

 Este es el combo que explica la actual crisis social paraguaya. No puede achacarse todo ni a la corrupción ni a la pandemia de coronavirus, aunque la crítica situación sanitaria haya sido su detonante. Es la clase obrera, el campesinado y el pueblo trabajador quienes se manifestaron masivamente durante el mes de marzo, aplastados por la crisis sanitaria sí, pero también por el cansancio acumulado de años de corrupción, décadas de vivir en la pobreza y de ninguneo a sus demandas.

Entendemos que el caso paraguayo se enmarca en la misma tendencia a las revueltas por la pauperización de la vida y el descrédito creciente al que van cayendo las instituciones del régimen democrático burgués en toda la región y otras partes del planeta. Vale decir también que, tal como se manifestó en Ecuador, Chile, Perú o Colombia, la ausencia de un programa de la propia clase obrera y el pueblo pobre y de una dirección política revolucionaria que señale la necesidad de gobernar atacando el régimen de la propiedad privada de los medios de producción, impide que estas revueltas se gestionen por fuera de la propia lógica democrática del régimen capitalista. Pero en Paraguay la situación sigue abierta, el “que se vayan todos” puede transformarse en indicador de un aumento en los niveles de conciencia y organización política independiente por parte de los sectores populares. Allí el gran desafío.

¡Viva la lucha del pueblo paraguayo!

¡Fuera Abdo! ¡Por un gobierno obrero y popular!

¡Plata para salud, no para la deuda!

¡Aparición con vida de Lichita!

 * 1 Última confirmación de cifra 23/3/21.

*2  (ANR) Asociación Nacional Republicana, en unión con el Partido Colorado.

 

*3 Cartes, ex presidente.

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