Ecuador y el triunfo del principal candidato del imperialismo

El pasado 11 de abril ganó las elecciones presidenciales en Ecuador Guillermo Lasso, quien fuera presidente del Banco de Guayaquil por 20 años. A Lasso se lo puede categorizar como el máximo referente de la derecha liberal del país, representante directo de los intereses de EEUU y asesorado por Duran Barba. Quedando bien claro, que después del nefasto gobierno neoliberal de Lenin Moreno el resultado muestra la resistencia de la clase trabajadora al correísmo, que con su candidato Andrés Arauz perdió la elección luego de haber quedado primero en las generales. Cabe destacar que el voto nulo o en blanco, en el ballotage, llegó al 17% impulsado por el partido Pachakutik representante del indigenismo y de la poderosa CONAIE, que terminó en tercer lugar en la primera vuelta.

Andrés Arauz y Guillermo Lasso.

El resultado fue el siguiente Lasso, del movimiento Creando Oportunidades (CREO), se impuso con 52,52% de los votos frente a 47,48% del correísta Andrés Arauz, y el voto nulo, impulsado por el candidato indigenista Yaku Pérez, rondaba el 17%. Quien acusó de fraude electoral, por parte del CREO, en la ciudad de Guayaquil, histórico bastión de la derecha ecuatoriana.

A esto hay que agregarle que en las elecciones generales entre los tres candidatos del progresismo o centro izquierda, Arauz, Perez y Xavier Hervas de Izquierda Democrática con su slogan: “atrévete somos gente nueva” que obtuvo un 12% de votos, sumaban al 70% del electorado. Está más que claro que ninguno de los 3 representan un programa de ruptura con el capitalismo, sino variantes reformistas, desarrollistas, con un discurso progresista y moderado. Por su parte la candidata del traidor de Moreno, Ximena Peña, obtuvo solo el 1,5% de votos mostrando la mala imagen y las pésimas políticas, todas de carácter neoliberal del partido de gobierno.

La paupérrima imagen de Moreno y su partido es producto de la traición al progresismo correista, a las políticas pro EEUU y FMI y sus medidas anti populares que solo beneficiaban a los grupos concentrados de poder. Sumado al inicio de la pandemia donde llegaban las imágenes trágicas con gente muriendo en las calles por la falta de cobertura sanitaria con el sistema de salud saturado.

Recordemos que en Ecuador en septiembre de 2019 se desató una rebelión popular que se transformó en insurrección durante once días dejando diez muertos, cientos de heridos y detenidos. Haciendo retroceder a Lenin Moreno y sus medidas de reducir el gasto público con un decreto que planteaba centralmente la quita del subsidio a los combustibles y derechos a lxs trabajadorxs estatales. Estas medidas eran parte del acuerdo con el FMI para que desembolsen 4.209 millones de dólares. La rebelión popular terminó con la marcha atrás del Decreto 883, anunciado por el presidente Lenin Moreno el 1 de octubre, más una mesa de diálogo con la CONAIE y sectores sindicales.

La rebelión en Ecuador del 2019 no fue la primera en las últimas décadas. Y es parte de los conflictos que vienen dándose en el continente entre los diversos sectores de la clase trabajadora y el pueblo y los distintos gobiernos, más liberales o más progresistas, que defienden siempre los intereses de la burguesía nacional e internacional. Dándose una ecuación constante: medidas antipopulares o antidemocráticas por parte de los gobiernos, levantamiento popular y represión como respuesta. Lamentablemente la falta de una dirección política revolucionaria y de perspectivas revolucionarias por parte de la clase trabajadora y el pueblo en el continente mantiene la tendencia a que no se lleven adelante victorias revolucionarias, llegando solo a hacer retroceder las medidas antipopulares impuestas.

La derrota del correísmo y el partido Pachakutik como nuevo actor político.

En el Ecuador, con sus particularidades, se dio un proceso similar al de gran parte de los países de la región. A partir de entrado el siglo XXI comenzaron a surgir los llamados gobiernos progresistas o populistas. En Ecuador se dio a través de Rafael Correa y su fuerza Alianza País, que gobernó desde el 2007 al 2017. Estos gobiernos progresistas son parte de la estrategia capitalista, como formas de gobiernos diferentes a los clásicos liberales, que con sus maquillajes y algunas pequeñas concesiones tratan de mostrarse como una opción distinta para las masas pero que continúan avanzando con la explotación de la clase trabajadora. Ambas expresiones políticas, la liberal y la progresista, garantizan a su manera la continuidad de los negocios y el saqueo para seguir acumulando riquezas.

Estos gobiernos, con algunas medidas sociales y económicas de corto alcance o sujeta a los vaivenes de las crisis y el comercio internacional, generan un primer y fuerte apoyo de muchos sectores de la clase.

En Ecuador solo dos años después del inicio del mandato de Correa se agudizaron los conflictos en varios frentes, tanto en el social como en el ecológico y el económico. Los conflictos entre el gobierno y una serie de movimientos sociales importantes como la CONAIE por una parte, el Frente Unitario de los Trabajadores, los sindicatos de la enseñanza, movimiento de mujeres, y el movimiento estudiantil. En cuanto a la deuda, a partir de 2014, Ecuador recomenzó a aumentar progresivamente el recurso a los mercados financieros internacionales, sin olvidar, las deudas ya contraídas con China. En lo ecológico abandonó el proyecto de la no explotación del petróleo en una parte muy sensible de la Amazonia. Acordando la explotación petrolera por parte de Chevron además de la explotación minera por parte de empresas extranjeras. Como en todos los Gobiernos progresistas primó la lógica extractivista y de explotación y saqueo de recursos naturales por parte de empresas transnacionales. Siendo el petróleo la principal renta del país.

Esto generó efectos nefastos: destrucción del medio ambiente por minas a cielo abierto, deforestación, contaminación de los cursos de agua, envenenamiento, erosión de los suelos, destrucción de los medios naturales de vida de poblaciones locales, mantenimiento de salarios muy bajos para mantener competitividad.

Todas políticas que comenzaron a ser fuertemente criticadas por diversos sectores sociales. Principalmente el movimiento indígena. Durante una asamblea de la CONAIE en septiembre de 2009 se denunció a las políticas de Correa como neoliberal y capitalista y organizando concentraciones y bloqueos de carreteras contra el proyecto de Ley sobre el agua.

Proceso que como vimos, terminó con la traición de Lenin Moreno, la persecución a Correa y el descontento de las masas por la corrupción, las políticas extractivistas y de saqueo y el empobrecimiento del nivel de vida.

Estas elecciones del 2021 tuvieron la particularidad de que el sector indígena del país tuviera un candidato propio con fuerza electoral. El partido Pachakutik con su candidato Pérez. Es el brazo político de la CONAIE. Si bien fue fundado en 1995 esta fue su mejor elección e incidió en el resultado. Más acostumbrada a ser un actor social que electoral. El candidato de la CONAIE, como ya dijimos llamó a no votar por ningún candidato y sacó en las generales el 19.40% de los votos, relegado a un tercer lugar dudoso y fraudulento. En esta elección superó ampliamente el voto étnico y penetró en zonas de la costa ecuatoriana como nunca antes.

Pachakutik se posiciona con una identidad fuertemente indigenista, de autonomía territorial ligada a la plurinacionalidad con posiciones de restricción al modelo extractivista, pero sin un cuestionamiento estructural a la lógica de dominación capitalista ni mucho menos a su total destrucción.

Arauz perdió las elecciones con el banquero liberal por el desgaste e imagen negativa de Correa, quien opinó en todo el proceso electoral desde Bélgica. Su principal dilema fue tratar de poner distancia con los lastres del gobierno de Correa sin romper con el correísmo. Cosa que le marcó constantemente el candidato de derecha Lasso, sumado a ataques y denuncias por corrupción. Sumado al poder que perdió en manos de Pachakutik.

Lasso ganó las elecciones después del gobierno neoliberal de Lenin Moreno. Lo que viene está más que cantado: nuevos acuerdos y políticas del FMI, flexibilización laboral, profundización del modelo productivo basado en la extracción de recursos naturales, más ganancias para los bancos e inversores extranjeros. Y a estas medidas y políticas va a confrontar, más temprano que tarde, la movilización y organización de la clase trabajadora. El desafío por delante sigue siendo el mismo que señalamos durante las revueltas en 2019: que se logre conformar una fuerza social y política que pueda superar las expectativas que pueda generar cualquier reformista y las del propio movimiento indigenistas para saltar a una lucha revolucionaria.

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