¿Unidad en las elecciones?

Con retraso comienza la mediatización política de las elecciones.

El debate de la unidad aparece con fuerza en el campo de las organizaciones de izquierda cada vez que se arma el escenario electoral. Desde la imposición de la ley de las PASO como mecanismo de restricción de la participación en las elecciones ya restrictivas, cada dos años se abren nuevos debates en torno a la “unidad”.

Los mecanismos de legitimación del sistema

Las PASO, así como la Segunda Vuelta son mecanismos legales que tienden a fortalecer la legitimación de los resultados electorales, tratando de evitar la dispersión y lograr la concentración de votos forzosamente sobre los partidos del régimen.

Las elecciones tienen un claro contenido de dominación. Toda su organización está dispuesta para que funcionen como una palanca de legitimación de un sistema social injusto, asentado sobre la explotación y empobrecimiento de las mayorías. En las elecciones la clase se vuelve individuo solitario en la oscuridad del cuarto para poner una papeleta y así simular que decide los destinos del país.

Esto no significa que las elecciones en sí no sean un ámbito de intervención política de lxs revolucionarixs. Al contrario, todos los escenarios en que nos toca intervenir están atravesados por la dominación capitalista y la hegemonía burguesa. En algunos espacios tenemos mayor capacidad de definir las condiciones de intervención y en otros menos. Las elecciones son uno de los escenarios más hostiles en este sentido, donde todas las reglas están para garantizar la hegemonía de los partidos del régimen y en donde la separación entre quienes deciden y quienes acatamos se extrema una vez que se definen los ganadores (que luego harán las leyes, gobernarán, etc.).

Unidad electoral de la izquierda

Desde la imposición de las PASO se desarrolló una herramienta de unidad electoral de tres partidos: el PO, el PTS e IS, el FIT. El resto de las fuerzas de izquierda quedó fuera de la intervención electoral por cuestiones de legalidad y fueron haciendo sus armados para participar en elecciones. Hubo un frente MAS-MST que no logró saltar las PASO, y otras experiencias de participación electoral.

En las últimas elecciones el FIT pasó a ser FIT-U al incorporar al MST, quedando como un frente de cuatro partidos. En medio de esto, el Partido Obrero protagonizó una ruptura que fraccionó aún más a las organizaciones de izquierda en Argentina y volvió a poner sobre el tapete el debate de la “unidad electoral”.

La política electoral se reduce en general a una competencia de marketing e instalación de figuras. No es casual que los partidos patronales gasten millones de pesos en campañas publicitarias para transformar sus campañas en slogans vacíos e instalar sus candidatos como “caras conocidas”, pero sin explicitar sus propuestas y programa. De este modo, las elecciones se convierten en un simple acto de consumo “político”, como quien elige una marca entre varias en la góndola del supermercado. En este sentido, la profesionalización de esa intervención muchas veces juega un rol retardatario en las organizaciones de izquierda que terminan adaptándose a estos mecanismos e incluso los aplican en los debates políticos entre organizaciones.

Así se presentó la propuesta de PTS que “primereó” al resto de las organizaciones con un “petitorio” por la unidad de la izquierda en las elecciones, la foto que ilustraba la propuesta era de figuras o candidatxs de la izquierda. A esto el MAS contestó con “la unidad de las luchas” como propuesta. El Partido Obrero respondió que debían hacer listas unitarias producto de una discusión en un Congreso. Izquierda Socialista también rechazó las PASO planteando que debían mantener los acuerdos de representación y alternancia de bancas vigente. Luego Política Obrera (Tendencia) también respondió aduciendo que había conquistado su legalidad propia para presentarse a las elecciones. La respuesta de AyL -con su reconocido dirigente Luis Zamora- fue directamente una contradicción en sí misma: “no queremos partidos que dirijan, nos presentamos solos a elecciones porque creemos que la clase debe autodirigirse”. 

Este debate sobre la unidad, que está lejos de tener una orientación precisa, esconde más de lo que ilustra. La unidad es una construcción que no puede depender de los bienios electorales y de la necesidad de pasar el piso proscriptivo de las PASO.

La forma del debate de la izquierda está más plagado de chicanas y descalificaciones que de perspectivas estratégicas y eso, traducido a los diferentes espacios de intervención, muchas veces implica romper lo poco que se logra construir unitariamente. Sea por mezquindades y sectarismos, sea por necesidad de figurar por sobre los demás y así llevar adelante políticas rupturistas en el transcurso de una elección nacional a otra.

La unidad de la intervención electoral debe ser la propaganda socialista

Desde nuestra perspectiva, la crisis actual que vivimos expone con crudeza la injusticia del capitalismo y permite desarrollar, desde la intervención electoral, una propaganda estratégica por la revolución socialista como única salida para la humanidad, que nos permita planificar la producción, repartir el trabajo, garantizar vivienda, salud y educación para las mayorías y cambiar la matriz de destrucción del planeta.

La unidad de la militancia cotidiana, la fraternidad de los debates políticos, el respeto entre corrientes, la construcción de confianza mediante el respeto de acuerdos, evitar las permanentes maniobras sobre compañerxs, es parte de lo que falta para poder consolidar una intervención unitaria, pero sobre todo, lo que falta es acordar para qué sirve intervenir en las elecciones. Las consignas intermedias, el ocultamiento de la necesidad de la revolución -y su inviabilidad por la vía electoral- en el contexto que vivimos para nosotrxs debilita cualquier intervención en las elecciones, porque si bien puede significar más votos, no aporta a la consolidación de una conciencia de clase que escape a la hegemonía burguesa.

Nuestro aporte al debate político en el marco de las elecciones se enmarca en este sentido, en la necesidad de profundizar la discusión política aprovechando “la llegada” de las elecciones para plantear que no hay salida dentro de este sistema social, que a un lado de la grieta y al otro nos espera más miseria, opresión y dependencia.

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