Elecciones 2019: Fernández-Fernández y el reordenamiento del mapa electoral

El ajuste, las elecciones y las candidaturas
El anuncio de la fórmula presidencial Fernández-Fernández sin duda movió el tablero electoral, a menos de un mes de la presentación de listas. ¿Cómo interpretar esta jugada política de CFK? ¿Cuáles son las pretensiones de la clase dominante y qué programa nos invitan a votar en las elecciones las fuerzas políticas del régimen? ¿Cómo puede la clase trabajadora imponer su agenda de reclamos?

La jugada de Cristina Fernández
La iniciativa de Cristina Fernández forzó al resto de los partidos o fracciones de partidos a apurar sus definiciones electorales. A un mes del cierre de listas es la única fórmula confirmada (además de la del FIT con Del Caño – Del Plá) que existe en el tablero electoral y ha generado enormes esperanzas en sectores de la clase.
Esas esperanzas las interpretamos en el marco del agotamiento que está sufriendo el gobierno de Mauricio Macri, el cual, desde diciembre de 2017 para acá, ha ido perdiendo popularidad, llegada a los sectores de poder y capacidad real de gobierno.
En el marco de la realidad argentina, enormes sectores de trabajadoras y trabajadores esperan que el cambio de gobierno por la vía electoral resulte en un cambio de la situación de empobrecimiento y pauperización que estamos viviendo. Esto es un dato que no debemos desconocer. El juego de la alternancia democrática de partidos se muestra en su máximo poder de convencimiento.
Desde el anuncio de Cristina Fernández, Argentina Federal cruje entre sectores que quieren sumarse al PJ y sectores que quieren que siga el macrismo en el poder. Lavagna sigue pedaleando en soledad tratando de hacer un armado sin ninguna estructura real. Scioli juega entre Alberto Fernández y Pichetto. Mientras tanto, en CAMBIEMOS anuncian la posibilidad de sorpresas, en tanto esperan la convención de la UCR. Vamos a ver muchos pases de un lado al otro pero…

¿Una capitulación de la ex presidenta?
Como venimos planteando, en estas elecciones la burguesía se juega con todo a que la participación ciudadana funcione como legitimador de los consensos para el ajuste (https://prcargentina.com/2019/05/21/nacional-consensos-pactos-y-contratos-para-el-ajuste/ ).
Es decir que, más allá de las discusiones sobre candidatos y partidos políticos al mando del gobierno, la clase dominante -industriales, PyMES, bancos, terratenientes, multinacionales, medios de comunicación- se juega con todo a que la legitimidad del nuevo gobierno, por “haber sido electo por la gente”, lleve adelante las reformas estructurales que consideran necesarias para recomponer las tasas de ganancia.
La presentación de la fórmula de Alberto Fernández como presidente y Cristina Fernández como vicepresidenta es el cierre de un año y medio de negociaciones para unificar al PJ detrás de una estrategia para retomar el mando del gobierno. Pero -y esto es lo importante- retomar el gobierno no es más “vamos a volver” porque, en palabras de Cristina, no hay adónde volver.
Y no se trata de capitulaciones de la ex presidenta o gestos hacia el tan mentado “mercado”. No estamos ante la moderación de una fuerza política que pretendía cambiar de raíz la situación. Al contrario, estamos frente a una fuerza política que se ha adaptado a los marcos de realidad, que ha gestionado según las circunstancias, y que ha hecho todo lo posible para no enfrentar de lleno al gobierno de Macri. No hay, entonces, ninguna capitulación; hay una explicitación, la coronación de un proceso que no podía ir a ningún otro lugar.
Kicillof -algo así como el supuesto economista radicalizado del kirchnerismo- ha viajado a Washington para prometer el pago de la deuda externa. La trayectoria de los gobiernos kirchneristas, así como la suya propia, debería darle credibilidad al capital: han sido “pagadores seriales” de la deuda externa y hasta han pagado de más, como en el caso del Club de París. Sin embargo, en el juego mediático sigue apareciendo una idea de un Kirchnerismo radicalizado que ha cedido a la moderación al elegir a Alberto Fernández.

Importan los programas, no las figuritas
El cambio de personas o de partidos al gobierno no necesariamente implica un cambio de programa. Hay puntos nodales sobre los que los candidatos deben expresarse para saber qué es lo que efectivamente estamos votando.
Las reformas estructurales que piden las patronales (todas, grandes y pequeñas, nacionales e internacionales), que promociona el gobierno de Macri, que acuerdan Schiaretti y Urtubey, que impulsa el FMI, están claras: reforma previsional (aumento de edad jubilatoria, disminución de haberes, destrucción de regímenes especiales como el docente de muchas provincias), reforma laboral (facilidades para despedir, aumento de la jornada laboral, aumento de la precarización laboral, eliminación de las horas extras), y reforma impositiva (que libere a las patronales del pago de impuestos mientras se mantiene un esquema tributario regresivo).
¿Qué dice sobre esto el PJ de Fernández de Kirchner? Básicamente, están planteando el escenario de la pesada herencia del Macrismo, la cual -debemos reconocer- es bastante grande. Una deuda externa enorme que tiene al país virtualmente quebrado, un acuerdo con el FMI que, en palabras de Nielsen (principal asesor económico de Alberto Fernández), tiene para ocho años más, con lo que eso implica al nivel de los condicionamientos políticos para cualquier gobierno.
En palabras de Cristina y Máximo Kirchner, se necesita un gran acuerdo nacional, un acuerdo ciudadano que siente en una mesa a los actores económicos y políticos del país. Eso sería un segundo baño de legitimidad -primero ganar las elecciones por el voto popular-, para acordar con las corporaciones la hoja de ruta de gobierno.
Un pacto social, en este contexto, sólo puede implicar seguir postergando las necesidades de las masas.
Con el salario deprimido, con la desocupación en aumento, con la pobreza creciendo, con la economía en recesión, con tasas de inflación del 50% anual, cualquier pacto social va a generar dos cosas: en primer lugar, convalidar la pérdida de poder adquisitivo y derechos que ya sufrimos estos cuatro años de macrismo (pérdida que las direcciones sindicales de todo pelaje han dejado pasar); en segundo lugar, trazar un plan a futuro que, sobre la base de esa pérdida, consolide las reformas estructurales, sea siguiendo el modelo griego (continuidad de Macri) o el esquema portugués (modelo Fernández-Fernández).

Un programa de la clase trabajadora y el pueblo

Nuestro análisis es una advertencia a esas esperanzas en el cambio de gobierno. Sabemos que existen, pero no podemos dejar de advertir que un nuevo gobierno Kirchnerista nos va a pedir tiempo, tiempo y tiempo. Nos van a decir que no es el momento, que no nos apresuremos. Es lo mismo que nos han dicho estos cuatro años de macrismo, pero, si ganan, lo van a hacer desde el poder del Estado.
La militancia revolucionaria debe seguir impulsando la unidad de la agitación en torno a un programa que parta de una serie de medidas de emergencia para el reordenamiento del país en función de las grandes mayorías, y no en función del pago de la deuda externa y el pacto con el FMI, que es sujeción, privaciones y ajuste. Sin una ruptura explícita con el FMI y el desconocimiento de la deuda externa, no hay política para las mayorías, sino para la minoría de la clase dominante.
La tarea central sigue siendo construir una relación de fuerzas, una fuerza social independiente que nos permita confrontar lo que queda del macrismo y la agenda común que deja trazada y que van a asumir, con sus matices, los próximos gobernantes. Por eso, la clase trabajadora debe profundizar su autonomía de los partidos patronales y mantener los niveles de movilización, si es que quiere imponer su agenda de reclamos y decirle no al ajuste.
Las elecciones son el terreno de legitimación de los partidos que representan el ajuste. Las y los revolucionarios intervenimos en ellas para propagandizar una salida alternativa propia y socialista, y para ello debemos hacer foco en los programas, en la ruptura con el FMI y en el no pago de la deuda.

PRC, 26/05/19.


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