Los empresarios no sirven

Todos los días de esta cuarentena sanitaria, leemos y escuchamos las intervenciones de los empresarios diciendo que el parate de la economía los pone al borde de la quiebra, que no pueden pagar salarios, que se debe trabajar igual a pesar del coronavirus, buscando poner en riesgo la salud de la población trabajadora. Para colmo surgen, para sorpresa de nadie, la especulación de empresas como Techint, EDVSA, Dánica, Danone-La Serenísima, MacDonals, Burguer King o Starbucks que aprovechan la crisis social y sanitaria para despedir, reducir salarios, atacar condiciones laborales y ¡Subir precios!
Si somos las y los laburantes quienes arriesgamos el pellejo día a día -sea por la pandemia o por los “asesinatos laborales”- y hacemos mover todo ¿No será momento de hacernos cargo y garantizar la comida, la salud y la educación para toda la población?

El empresariado, una clase social parasitaria

Los dueños de los medios de producción, es decir, de los campos, fábricas, medios de transportes, maquinaria y bancos, son una clase social. Viven en determinadas condiciones gracias a su posición social, es decir, gracias a ser dueños de las cosas.
Como dueños de los medios de producción, contratan mano de obra que pueda poner en movimiento todos esos medios de producción. Hablando mal y pronto, millones de trabajadorxs que ponen en movimiento todo lo que existe, desde los camiones hasta los barrenderos, desde las cocinas de los hospitales hasta los hoteles de lujo.
Hoy todo está parado, porque la cuarentena obliga a la fuerza de trabajo -sí, a vos y a mí y a tu vecino-, a quedarnos en casa. El trabajo cotidiano de millones se hace visible como una necesidad social. Es por eso que desde el inicio se habló de producciones y servicios esenciales para que no se corte el abastecimiento de cuestiones básicas como el agua, la luz, etc.
Pero, a pesar de que millones de obreros y obreras arrastran sus cuerpos día a día por el trabajo asalariado, son sólo unos miles de empresarios los que son ricos, los que acumulan, los que tienen fortunas inmensas, que ni siquiera podrían gastar en su vida, la de sus hijos y nietos. Los empresarios, una clase social que, al ser dueña de las cosas, se queda con el fruto de todo ese trabajo de millones de trabajadores y trabajadoras.
Durante años, décadas, algunos durante generaciones completas, han acumulado sus fortunas en base al trabajo ajeno. Por eso decimos que son parasitarios, amasan fortunas, mientras el músculo lo pone la plebe trabajadora.

La riqueza de los empresarios y la pobreza social


Ahora bien, el esfuerzo colectivo, social, que se hace a diario para que existan los bienes necesarios para reproducir la vida misma, es aprovechado por un puñado de familias que gozan de todas las comodidades y todos los lujos, de todos los bienes culturales y de ocio.
La riqueza que -como se ve- se produce socialmente es apropiada individualmente, en forma privada. La riqueza de las naciones entonces es la riqueza de unos pocos y la pobreza de millones.
La situación de emergencia que se vive por el coronavirus en el mundo nos pone sobre la mesa esta idea: la producción es social, mientras la riqueza es individual. Unos pocos se apropian del esfuerzo de millones.
Pero a la hora de la crisis, esos poquitos, esos empresarios actúan individualmente buscando su tajada.
Y despiden, como en el caso de Techint, Dánica, MacDonals, Burguer king o Starbucks que despiden, rebajan de sueldos o exigen trabajo a costa de la salud como en Felfort o Danone-La Serenísima. Es más, esos empresarios hacen lo que quieren, como los empresarios de la salud, que quieren mantener segmentado el sistema sanitario de los ricos de la salud pública, aunque a la par usufructúan todas las instalaciones públicas como el Malbrán y el CONICET.
Más aún, esos empresarios como los dueños de los bancos no hicieron ningún esfuerzo económico para evitar lo que todos sabemos que ocurre todos los meses: que miles y miles de abuelxs hacen colas para cobrar sus magras jubilaciones. ¿Cómo no contrataron más empleados para evitar las colas? ¿Cómo no generaron mecanismos para pagar por cajeros con códigos abordando las colas y evitando que lxs viejxs estén horas y horas esperando para cobrar?
En la crisis, se ve lo que cada unx ya era, y los empresarios muestran lo que son: parásitos que viven del esfuerzo ajeno haciendo negocios con la emergencia, especulando con precios, obligando a hacer horas extras, sólo interesados en la ganancia, en la perversa cuenta del costo-beneficio capitalista, donde el beneficio por supuesto es individual y el costo es social.
Hoy que necesitamos de un enorme esfuerzo social para afrontar la emergencia, los empresarios no ponen nada de sus millones de dólares de fortunas acumuladas.

Para afrontar la emergencia, los recursos deben ser de toda la sociedad

Esta situación de pandemia pone sobre la mesa una necesidad. La necesidad de socializar todos los recursos existentes, los miles de millones de dólares de las fortunas empresariales, las clínicas privadas y las prepagas, las fábricas de alimentos, los transportes públicos, las generadoras de energía, las petroleras, en fin, todas las actividades que hacen a la producción para abastecer las necesidades sociales.
Y para esto, lxs productores, lxs millones que arrastramos nuestros cuerpos por fábricas, oficinas, hospitales, clínicas, escuelas y transportes tenemos que hacer valer nuestro trabajo cotidiano, no ya con pedidos de aumentos de salario, sino poniéndonos al frente de la sociedad, poniéndonos por encima de esos poquitos que acumulan fortunas, obligándolos a renunciar a sus propiedades y transformando esas propiedades en bienes sociales.
¿Por qué decimos bienes sociales? Porque si son sociales, la sociedad puede planificar el uso de esos recursos. Ya no quedaría en la decisión de OSDE si las clínicas están a disposición de toda la población o no, simplemente lo estarían. Ya no estarían lxs obrerxs de Felfort produciendo huevos de pascua y paragüitas que no son esenciales. Si la producción es social, ¿por qué la riqueza que surge de esa producción no es social?
Tenemos un enorme desafío ante esta epidemia, y es salir del lugar de trabajadorxs agradecidos al patrón que nos contrata para pasar a ser trabajadorxs que saben que pueden organizar el mundo de otra forma. Nuestra clase es la que hace funcionar las máquinas, escuelas, hospitales, levanta casas y edificios sin que los patrones dejen una gota de sudor en ello, entonces ¿Para qué los necesitamos?
Ya vimos en esta cuarentena que, sin nuestro trabajo, nada funciona. Si el mundo no funciona sin nosotrxs, entonces el mundo debe ser nuestro y no de ese pequeño grupo de empresarios. Sólo debemos atrevernos.

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